Meditar en la cárcel de Batán
La jueza Aída Lhez coordina talleres en los distintos pabellones. Qué dicen los detenidos
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Julieta Moreno
Redacción
Hace ocho meses, la jueza de Garantías Aída Lhez comenzó a dictar talleres de meditación para los detenidos del Servicio Penitenciario de Batán, con el objetivo de ayudarlos a modificar conductas, a sobrellevar el sufrimiento y a volver a ponerse objetivos en la vida que les permitan soportar el encierro y prepararse para cuando les toque salir en libertad.
El proyecto denominado “Cambia” se lleva adelante en distintos pabellones de las unidades penales Nº 15, 44 y 50 de Batán. Cada 15 días, Lhez guía meditaciones colectivas y los incentiva a que puedan seguir haciéndolo en forma individual o en grupo todos los días.
Ecos Diarios visitó la Unidad Penal Nº 15 de Batán y tuvo oportunidad de participar de los espacios de meditación junto a los internos, dialogar con ellos, ver las duras condiciones en las que viven, conocer sus historias y también los beneficios que les ha traído la meditación a aquellos que la practican con regularidad.
Sin embargo, no sólo la meditación colectiva les hace bien sino el encuentro con otros que vienen de afuera de la cárcel, que no forman parte de ese sistema carcelario, y que, lejos de rechazarlos por los delitos que cometieron, trabajan en su reinserción social que, en definitiva, es el objetivo principal que debieran cumplir las cárceles y que, en realidad, pocas lo logran. Si bien Aída Lhez es jueza, ella realiza la actividad en forma particular, por fuera de su cargo de magistrada, y la mayoría de los presos, después de varios encuentros, lo entiende así.
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El momento de la meditación
El pabellón Nº 8 de la Unidad Penal 15 cuenta con 67 detenidos, la mayoría muy jóvenes, y allí llegamos para meditar.
Todos salieron de sus celdas y se sentaron en el piso en un pasillo largo para escuchar. Ya lo habían hecho en varias oportunidades y varios manifestaron que practicaban la meditación, no todos los días, pero sí cuando la necesitaban.
Antes de comenzar, Aída Lhez les explicó los objetivos de esta técnica. “Lo primero es alcanzar cierto estado de relajación, luego se intenta hacer consciente aquellas conductas que nos hacen mal que están en el inconsciente y que es necesario cambiar y, en un tercer momento, se trabaja para modificarlas”.
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Ella los incentiva a que se pongan un objetivo, que puede ser individual o colectivo, y les insiste que lo escriban para recordarlo, fijarlo y comprometerse a trabajar para lograrlo. Algunos lo manifiestan abiertamente, otros se lo guardan, pero todos lo tienen. “Lograr la libertad”, el objetivo de la mayoría, pero también volver a ver a sus hijos, resolver problemas familiares, con las parejas, con sus padres, estudiar, hacer una carrera.
Ella los impulsa a que se pongan metas y que piensen que otra vida es posible porque muchos de ellos tienen 18, 19 o 20 años y, dependiendo del delito que hayan cometido, en algunos casos, en unos años estarán en libertad otra vez enfrentándose con las dificultades del afuera que, para muchos de ellos, son tan duras, como las que enfrentan adentro.
El momento de la meditación guiada comienza, todos cierran los ojos y escuchan. Algunos se duermen porque se relajan demasiado, otros se distraen, aunque lo intentan, pero la gran mayoría medita. Pese a que son más de 60 personas, todos amontonados en un espacio angosto, se logra un silencio absoluto y solo se escuchan las palabras de Lhez que guía el momento.
Después de 30 minutos aproximadamente y cuando la jueza se los indica, abren los ojos y muchos de ellos manifiestan que se sienten mejor y todos quieren contar su experiencia.
Beneficios individuales y colectivos
“La primera vez que medité sentí que era chiquito otra vez y estaba con mi viejo y cuando abrí los ojos lo buscaba”, contó Sebastián, que tiene 35 años y perdió a su papá cuando tenía 10. “Fue una experiencia única que nunca me la voy a olvidar”.
Contó que tres veces por semana se organiza con varios de los internos del pabellón y meditan, utilizando un audio con la meditación guiada que les acercó Aída Lhez. “A mí me da paz interior y ver las cosas de otra manera y buenos recuerdos de mi infancia que pude revivir”.
“Pensamos de otra manera, tratamos de hablar mejor con nuestras familias, levantarse más positivo y tratar de buscar el lado bueno”, indicó, al tiempo que mencionó que cuando se acuesta “medio alborotado”, busca meditar. “Me alivia los dolores de cabeza y me hace dormir”, acotó otro de los detenidos.
Alberto tiene 72 años y estudia Derecho en el Penal y va por el tercer año de la carrera. En su caso, la meditación le sirvió para concentrarse y retener lo que lee. “Se organiza mejor el cerebro y funciona mejor”, acotó Aída Lhez sobre este beneficio.
Otro de los internos consideró que el cambio dentro del pabellón ya se venía produciendo desde hace tres años cuando se transformó en literario, a partir de un proyecto del grupo Víctimas por la Paz, y señaló que con la meditación se logró el fortalecimiento de muchos de estos cambios sobre todo lo que tiene que ver con el respeto en la convivencia.
Al respecto, Mateo, quien tiene sólo 21 años, dijo que le ayudó a superar algunos problemas y también contribuyó a la unión del grupo. “También nos cambió la convivencia, no se falta el respeto como antes, nos llevamos mejor y ahora se puede descansar porque se respetan los horarios del sueño”, expresó Sebastián.
Por su parte, Johnatan contó que la primera meditación que realizó lo llevó a estar en una playa con su hija, a la que no ve hace tres años. “Yo aprendí a leer y a escribir en la cárcel y salí abanderado y meditar me hace vivir más tranquilo”, expresó.
Abel, venía de un pabellón religioso y se cambió al literario. “A veces uno está muy saturado con problemas que tenemos afuera, con preocupaciones y estar solo con uno mismo te ayuda a salir renovado”.
Ese cambio no lo nota solamente en el él sino también en sus compañeros. “A algunos los conozco de afuera y los veo mejor porque piensan diferente. Hay muchos que tienen un buen corazón y realmente quieren cambiar de vida”.
Algunos denuncian haber sido condenados injustamente y repiten una y otra vez que son inocentes. Otros, en cambio, reconocen haber robado o matado, pero también manifiestan el deseo de querer cambiar y recuperar algún día o quizás tener por primera vez la vida que soñaron. Y la meditación –según contaron- los ayuda a proyectar esa vida, pese a que las condiciones en las que viven o han vivido, tanto adentro como afuera de la cárcel, la mayoría de las veces no los ayuda.
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Una herramienta para modificar las conductas
“Lo que les posibilita a todas las personas que atraviesan una grave situación, estén o no detenidas, es que, si logran relajarse y entrar en la meditación, se van de ese lugar y lo único que sienten es paz, dicha y que nada te falta”, indicó Aída Lhez a Ecos Diarios, para explicar el primer beneficio inmediato de esta técnica.
Luego mencionó que, en un segundo momento, “el cerebro al meditar se organiza y después funciona mejor” y agregó que “al funcionar mejor la cabeza empieza a poder resolver cuestiones pendientes”.
El tercer beneficio –para ella-, siempre y cuando se practique en forma constante, es que se puedan ir “modificando las conexiones neurológicas que son las que nos determina nuestra manera de ser, nuestra personalidad y que se formaron en nuestros primeros años de vida”.
En este sentido, explicó que el cerebro tiende a repetir la forma de funcionar y, justamente, estas técnicas de meditación buscan poder modificar estas estructuras y, por consiguiente, la forma de actuar. Destacó que es un proceso que lleva tiempo, pero que a medida que se practica empiezan aparecer los beneficios.
Contó que inició esta actividad porque “tiene que ver con una búsqueda personal”, pero también porque a los 20 años empezó a trabajar en lo que era el Tribunal de Menores y, por lo tanto, siempre tuvo un contacto muy directo con el sufrimiento de las personas que atraviesan un proceso judicial. “Esto me ha influido y siempre he trabajado en pos de alivianar el sufrimiento de quien está inmerso en esas situaciones. No es justificar sino entender”.
Recalcó que, por supuesto, son personas que “inevitablemente tienen que estar detenidas”, pero, de esta forma busca que puedan tener una nueva oportunidad.///
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