Mejor prevenir que lamentar
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» La humanidad siempre ha
comprometido un poco
de felicidad por un
poco de seguridad»
Sigmund Freud
Cuando hablamos de controles, prevenciones o firmeza de autoridad para hacer cumplir una ley, bordeamos el hilo filo de encontrarnos, hoy, como límite la libertad. Parece incompatible, al menos en la Argentina colocar en la misma balanza, algo que debería ser criterio común, defender la libertad del individuo y defender su seguridad. Nada se contrapone.
Por el contrario, la mejor defensa de la libertad son los límites que impone la ley, simple y práctico, así funcionan los países serios con sus ciudades organizadas para que el derecho de uno termine cuando empieza el del otro. Más aún en aquellas turísticas como la nuestra, mantener un esquema rígido sin desbordes evitando afectar la independencia y el libre movimiento de la personas, jóvenes o mayores.
La ley de nocturnidad de la provincia de Buenos Aires establece como tope de horario para apertura y cierre de los boliches bailables para mayores de 18 años, las 2 y 5.30 ésta última se puede extender, especialmente en lugares de veraneo, agrega que por fuera de los locales nocturnos la venta de alcohol en los comercios habilitados es hasta las 23 en verano y las 21 el resto del año.
Sería de una simpleza absoluta creer que esto resuelve todo, y una ley como se intentó aplicar en diversas ocasiones soluciona el delicado tema de la nocturnidad juvenil.
Ante una pregunta sobre lo narrado, un conocedor de la movida nocturna, indicaba “es un problema el ingreso de los menores, indefectiblemente comienzan a concentrarse en otros lugares y hasta exhiben signos de rebeldía y, cuando son muchos es muy difícil controlarlos, siendo a veces imposible evitar que ingresen porque usan todo tipo de artilugios, hasta documentos truchos y lo peor luego de haber consumido alcohol, lo cual deja en evidencia que estamos ante una problemática dura de solucionar en la costa atlántica».
Ya estamos en temporada y para muestra basta un botón que se observó la noche del 31, frente a la vergüenza de Necochea el edificio del Casino, cuando se agolparon cientos de jóvenes, la mayoría con sanos divertimentos y otros que culminaron en peleas, abundante ingesta de alcohol y desmanes que alejan al hombre y la mujer común de la tranquilidad que en vacaciones deben tener. Consecuencia de ese coctel explosivo nocturno de violencia, de jóvenes enardecidos que no miden consecuencias poniendo en riesgo la seguridad propia y la de los demás.
¿Estamos en condiciones de controlar la nocturnidad o son utópicas las posibilidades?
Cada municipio le da forma a la prevención y el Operativo Sol está en marcha, sin embargo la realidad supera a las buenas intenciones o a las teorías que sobre un papel no tienen fallas y luego se da de bruces con la vida diaria.
¿Están las herramientas para combatir la inseguridad y otros actos delincuenciales? Tal vez estén, quizás no se apliquen, puede ser que falten otras, nunca la información es clara.
¿Es imposible para los efectivos de seguridad poner orden ante 500 o 600 personas apostados en la zona del casino o cuando se organizan las clásicas «picadas» callejeras, donde muchas veces los agentes son agredidos y han tenido que huir ante la amenaza patoteril?
Este verano arrancó mal porque la administración provincial todavía no ha dado señales claras, a través de su ministro del área Sergio Berni, quien además le agrega otra frutilla al postre cuando se encuentra en un indisimulable enfrentamiento con su par nacional, la ignota Sabina Frederic.
Controlar la nocturnidad con la fuerza de la ley no es prohibir el ingreso a un lugar nocturno, realizar control de alcoholemia, parar un agente en las esquinas o intimidar con el paso del móvil, todo esto es necesario, pero no alcanza.
Antes de comenzar la temporada asistimos a la rotura de automóviles en plena avenida 2 por un grupo de no más cinco personas, situación que se repitió en avenida 59 entre 74 y 98 con agresión a varios negocios comerciales y casas particulares, por detallar sólo dos hechos, sin dejar de lado la masa movilizada de jóvenes en la zona del casino donde se han originado algunos arrebatos y robos de bicicletas y motos en zonas cercanas al lugar, aumentando la peligrosidad para la familia cuando se utilizan esas calles para carreras y gustos personales.
Se debe poner acento a los lugares de concentración, controlar el consumo de alcohol y la mezcla con otras bebidas y sustancias, ser muy inflexibles con esta situación y cerrar el posible paso a la organización masificada en lugares donde deben ser de recreación y tranquilidad familiar.
Y no olvidar las fiestas electrónicas, muchas de ellas no autorizadas y no simples de detectar. Todos podemos convivir y entendemos la adolescencia llena de ganas y vitalidad, esto no impide la severidad en acciones preventivas, si no se hacen podemos lamentar luego hechos graves, que suelen ser irremediables.
¿Se pueden poner límites al joven en los veranos?
No podemos eludir una verdad que ocurre en muchos hogares, donde los padres prefieren tener a sus hijos y a los amigos al cuidado en la propia casa antes de la salida nocturna, en las llamadas previas, donde suelen hasta participar los más cercanos de la familia, una costumbre que sorprende a quienes han doblado el codo de la vida añorando la tranquilidad de los años de su adolescencia.
Esto es común, nadie puede negarlo y ha dejado de ser un grito de alarma, esas previas donde se consume alcohol antes de la salida de menores o adultos. ¿Hasta dónde la familia tiene incumbencia cuando hablamos de la seguridad y la protección de los jóvenes?
Si no fuera así dejaríamos toda la carga en las maestras jardineras en el comienzo de la vida, en las escuelas primarias en el camino a la adolescencia y así sucesivamente hasta alcanzar la madurez, y no es así, una gran parte de responsabilidad está en los padres que la deben asumir.
No es fácil, hay que convivir o tener situaciones molestas para darnos cuenta de las dificultades que imperan cuando se dice «no», y ese «no» es escasamente comprendido, como nos ha ocurrido a todos, la mejor maestra que recordamos es tal vez quien menos nos exigía.
Los límites debe marcarlo la familia y en la calle la ley. Pero al ver la realidad de nuestras fuerzas de seguridad, surgen las dudas, donde se mezclan los que cumplen sus deberes con los que se sienten todopoderosos, cayendo en excesos.
Por eso el Estado debe tener la enorme responsabilidad de actuar con severidad sin traspasar límites, ser verdaderamente profesionales, intensificar controlar y no temblar la mano para hacer cumplir la ley. No se debe caer en la permisividad ni en el autoritarismo, este es el gran desafío para que los jóvenes se manejen sin temores pero sabiendo que deben cumplir con sus responsabilidades.
Siempre será mejor prevenir que curar, es preferible evitar que algo mal suceda, actuando con decidida acción, antes que buscar las solución una vez que todo ha sucedido.