Mejorar el frentito costero
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Mientras en Necochea se mantiene el letargo, una especie de “status quo” eterno, balnearios de la costa bonaerense están en plena transformación, en busca de seguir la tendencia mundial en materia de servicios que permitan disfrutar del mayor recurso turístico de ciudades como la nuestra: la playa.
Pinamar, un balneario joven con respecto a Necochea, encabeza esta tendencia a través del innovador Plan de Reconversión del Frente Marítimo, que cobró impulso y empezó a cambiar la cara de la ciudad merced a la firme decisión de su intendente, Martín Yeza.
Se trata de inversiones privadas y millonarias de por medio, pero con respaldo del municipio, que están llevando adelante la concreción del nuevo concepto internacional: más playa y menos hormigón y ladrillos.
Fundamentalmente privilegiar la vista al mar, mayor superficie pública y una mejor accesibilidad a la arena con una clara integración del entorno, son los pilares de esta transformación de la costa pinamarense.
Para ello se ha encarado la demolición de todos los balnearios y el reemplazo por paradores eco-sustentables, privilegiando en su construcción el uso de la madera, premoldeados y otros materiales no convencionales, que conforman estructuras de no más de 3,50 metros de altura, suspendidas sobre pilotes desmontables (para preservar la dinámica que a la costa le imponen el viento y la arena).
La remodelación en la playa de Pinamar ha significado la readecuación de la cantidad de unidades de sombra de cada balneario, las que no sobrepasan las 150 carpas. Asimismo, la superficie de los mismos se ha reducido de un promedio de 1.500 metros cuadrados a 350.
Paseo costanero
El ya avanzado proyecto es complementado con la reducción de los lugares de estacionamiento sobre la playa y un nuevo paseo costanero con pasarelas “lo más amigo posible al peatón”.
Parquizado, iluminación led, reparos del viento y el sol que posibilitan una fácil contemplación del mar, sin estructuras que impidan la visión, forman parte de esta transformación.
La innovación se gestó en una ordenanza creada en 2014, que obligaba a los concesionarios a adaptar sus unidades a la nueva dinámica costera.
La norma chocó en estos años con numerosas objeciones por parte de los titulares de los tradicionales balnearios, en algunos casos recurriendo a la Justicia.
Sin embargo la reconstrucción del frente de playa ha continuado y hoy se han reformulado 37 de los 46 balnearios existentes. El perfil de la playa de Pinamar cambió para bien e incluso ha motivado una mayor afluencia de visitantes, que encuentran algo “distinto” y lo disfrutan a pleno.
Esta transformación del frente costero se replicará en el contiguo balneario de Cariló, que cuenta con menos construcciones y que permitirá un avance más ágil.
“Para estar a la vanguardia de las playas a nivel internacional había que recuperar la esencia ambiental de la costa”, ha señalado el intendente Yeza, al explicar su progresista plan.
La misma Mar del Plata, por historial el balneario más popular de la Provincia, también ha planificado y empezado acciones que vuelvan más “amigable” a su frente costero.
En el caso de la vecina ciudad, la intervención se producirá en el complejo de la playa La Perla, con un plan que llevará tres años e incorporará al lugar nuevos servicios, a la vez que generará la llamada playa enlazada a la avenida costanera.
¿Y en Necochea qué?
Nada de nada. Debemos remontarnos a la gestión del intendente Domingo José Taraborelli que propició, y con acierto para la época, la construcción de nuevos balnearios los que hoy ya son en su mayoría obsoletos y que no contemplan las normas señaladas sobre la nueva tendencia. Hay que apuntar que hasta aquél entonces las playas habían estado bajo la órbita provincial que, al pasar a manos del municipio permitió otorgar concesiones a mayor plazo quedando en el recuerdo los precarios paradores que se levantaban sobre la arena. Luego vendrían, a raíz del traspaso, las nuevas instalaciones de ladrillo las que aún algunas, están en pie.
Estamos hablando de más de 30 años en los que, salvo excepciones, hubo algunas mejoras privadas que cambiaron el aspecto de aquellas construcciones.
Siguiendo el criterio de balnearios o paradores acordes con el entorno playero dejando de lado el hormigón y el ladrillo, en nuestra playa habría que proceder de forma casi similar a la del intendente del PRO, Yeza
Con un pequeño proyecto de obra se podría llevar a cabo un cambio notorio en la pésima imagen que ofrece la playa sobre la avenida 2. En el pequeño frentito costero que caracteriza a Necochea abunda el ladrillo, las obras de mal gusto y un maquillaje, de peor gusto, que se insiste en modificar cada temporada.
Con poco tendríamos otra cara sobre la vereda impar de la avenida 2, empezado por demoler el paredón sobre el inicio de la playa, que sólo sirve para las instalación de medidores de gas con sus puertas destruidas y peligrosos tableros con electricidad y cables a la vista; pórticos de ingreso a balnearios en pésimo estado, y sin valor arquitectónico incluidos los construidos durante el gobierno del intendente Vidal.
Otra rémora del pasado es el local que ocupa el Entur, en avenida 2 casi 79, edificación que se hizo en la década del 50 entre gallos y medianoche, con una cuota de amiguismo donde funcionó en su primer momento un bar de los llamados en aquellos años “copetín al paso”. La rambla, abandonada y propicia para la acumulación de mugre; el Viejo Contrabandista y hasta el balneario del ex ACA deberían ser tirados abajo, y sin miramiento, buscando eliminar sobre la línea municipal las construcciones que obstaculizan la integración de la playa con el paseo costero.
Esto privilegiaría la vista al mar que es lo mejor que podemos ofrecer al turista. Es sabido que esa vista desde la avenida 2 está oculta por el cemento con sus más variadas figuras. Quienes nos visitan en cualquier época tienen el deseo y necesidad de ir a la playa y contemplar el mar. Ocurre lo mismo en verano. Es fácil apreciar como el público que pasa horas en la orilla tiene la vista, casi permanentemente sobre el ir y venir de las olas, cumpliendo con un ritual generalizado que se prolonga por toda la playa.
Es necesario comprender que tenemos un escenario con uno de los mejores espectáculos que ofrece la naturaleza: el mar. Sólo debemos mejorar la platea.
Está claro que si se quiere sortear la mediocre actualidad, habrá que luchar con intereses y sortear la acostumbrada posición de no innovar de un sector conservador de nuestra comunidad, que lamentablemente le ha puesto una traba enorme al crecimiento y esperado despegue de Necochea.
El desarrollo de nuestro frente costero, obviamente no pasa por estas nimiedades que hemos señalado. Es mucho más profundo, pero sería un modo de demostrar que se tiene la intención de radicalizar el pensamiento que nos tiene encorsetados y sin saber qué hacer, desde hace 34 años.
Doblegar estos escollos dependerá del tesón y audacia que pueda imprimirle el actual gobierno municipal. En sus manos está la llave de seguir estancados como oferta turística o dar un golpe de timón hacia el futuro. No hay más tiempo que perder.
por Raúl Jáuregui
Redacción