Menos gente en los campos, pero más empleo
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2018/08/dronecampo26.jpg)
Desde hace años la maquinaria comenzó a reemplazar al trabajador rural, pero con la aparición e implementación de nuevas tecnologías, se hace cada vez más necesario la mano de obra calificada y otros técnicos y profesionales
A principios del Siglo XX, cuando se establecieron grandes estancias y explotaciones agroganaderas en el Partido de Necochea, el campo daba trabajo a miles de personas. Luego, con el paso de los años, la maquinaria agrícola fue remplazando a los hombres y se produjo un éxodo hacia la ciudad.
En las últimas décadas, la implementación de nuevas tecnologías parece haber acotado cada vez más la capacidad de empleo del campo, sin embargo se comenzaron a generar nuevos oficios y profesiones y ha medida que aparecen máquinas más sofisticadas, también se hace necesaria mano de obra calificada.
El campo aparece entonces como un espacio de desarrollo de nuevos empleos en los que la capacitación será imprescindible.
De vuelta al campo
“Es un proceso histórico muy largo, pero si nos ponemos a hablar de los últimos 20 años, desde la aparición de la siembra directa para acá, se han ido perdiendo puestos de trabajo. Aunque como ocurre con todo avance tecnológico, se destruyen puestos laborales, pero también se crean nuevos”, reflexionó Juan Mazacane, técnico superior en producción agrícola ganadera.
Dijo que la nueva maquinaria agrícola, cada vez más avanzada, necesita igualmente de alguien que la conduzca. “Lo que esto ha generado es que esa persona que está arriba de la máquina, sí o sí, tenga que capacitarse para poder manejar el instrumental”, afirmó.
“Lo que sí se ha perdido es mano de obra que no estaba calificada. La gente que ha podido capacitarse ha seguido trabajando”, explicó Mazacane, quien está vinculado desde hace años a la explotación agrícola ganadera.
Señaló que “hay cosas que en el sector agropecuario no se pueden reemplazar totalmente”.
“Cuatro décadas atrás, en una cosecha teníamos cuadrillas de 40 personas, hoy y desde hace unos cuantos años, con dos personas estás haciendo una cosecha”, explicó. Sólo se requiere el chofer de la cosechadora y un tractorista que carga los carros y luego los traspasa a camiones.
Sin embargo esa reducción drástica de personal no es algo que haya ocurrido en los últimos años con la aparición de nuevas maquinarias, sino un proceso que ya lleva muchos años.
Mazacane afirmó que “hay menos gente viviendo en el campo” pero indicó que no es consecuencia de la incorporación de tecnología en la última década, sino de otros factores.
Lo que sí a provocado la introducción de tecnología, señaló Mazacane, es que en el campo se necesita cada vez “más mano de obra calificada”.
“Se están buscando muchos técnicos, muchos ingenieros o incluso choferes que estén aggionardos a las nuevas tecnologías”, dijo.
El impacto de los cambios producidos en las últimas décadas no es tan grande en el sector ganadero, donde se sigue dependiendo de personas, “aunque también han ido capacitándose porque los sistemas de cría han ido cambiando”.
“También se ha perdido mucho la cultura del trabajo, hoy es difícil conseguir gente que quiera ir al campo a trabajar”, opinó Mazacane.
Cree que la tecnificación del campo es sólo una pequeña parte de un cambio global en todas las áreas y que afectará el trabajo de las personas. “Se vienen tiempos difíciles y el que esté más capacitado es el que más se va a beneficiar”, señaló.
Nuevas oportunidades
Nicolás Nuñez Indart, presidente del recientemente formado Colegio de Ingenieros agrónomos de Necochea, opinó que la masiva incorporación de tecnología en el campo en los últimos años “han abierto una gran puerta”.
“Hay un nuevo mercado y se necesitan técnicos para manejar estas tecnologías, por lo que se han generado posibilidades de nuevos trabajos”, señaló el ingeniero. Pero aseguró que el campo sigue precisando de personal experimentado. “La muñeca del tractorista al momento de sembrar y de cosechar sigue siendo invaluable”, aseguró.
Señaló que la maquinaria ha “avanzado mucho en el perfeccionamiento de los sistemas que ya conocemos. Las cosechadoras han pasado a digitalizar sus procesos, lo mismo que las sembradoras y los tractores, corrigiendo la labor en tiempo real a medida que van recibiendo información sobre rendimiento de lote”.
Pero, afirmó, “no creo que esto haya afectado los puestos de trabajo, ya que los productores tecnifican a sus empleados, los llevan a hacer cursos”.
“Hoy sigue siendo más importante saber manejar el tractor y después aprender a usar la computadora y no al revés. Porque primero hay que ser buen tractorista o fumigador para aplicar el productor donde va, no sobreponer pasadas, aplicando el doble de producto o no sembrar sobre surcos que ya están sembrados”, dijo.
En la industria, opinó Núñez Indart, “las nuevas tecnologías suelen dejar de lado mano de obra, porque se tecnifican proceso que antes los realizaba un hombre y ahora lo realiza una persona. En el agro no creo que se de ese remplazo”.
“El tractor lo sigue manejando una persona, si bien es cierto que hoy en día hay tractores inteligentes, todavía no han llegado a la Argentina”, señaló.
Mientras tanto, “las tecnologías han ayudado mucho a la ingeniería, con el uso de drones, cámaras espectrales que permiten hacer los mapeos de lotes, detectando deficiencias nutricionales o presencia de malezas, inclusive generando previsiones de rendimiento”.
Indicó que “eso fuerza a los ingenieros agrónomos a estudiar cada vez más. Antes el ingeniero debía recorrer el campo, ahora puede sobrevolarlo con un drone. Quizás estemos retrasados con maquinaria, pero en lo que es tecnologías de proceso y de aplicación, los técnicos argentinos están muy avanzados”.
Y mientras las adopciones de tecnologías están siendo cada vez más aceleradas y más masivas, el perfil de personas que trabajan en la producción agrícola también comienza a cambiar a pasos agigantados.
La adopción de tecnología que en un principio era utilizada con fines militares, como satélites, dispositivos de posicionamiento global y drones, indicó Nuñez Indart, “le da al agrónomo un perfil más de técnico de informático que de trabajador rural”.
Se va a requerir, dijo, pasar cada vez más tiempo “sentado frente a una computadora analizando información, que en el campo subiendo y bajando de la camioneta”.
Más eficientes
Según informó la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO), en 2017 el monto de fondos para financiar emprendimientos de tecnología para el sector agropecuario en el mundo superó el de los dos años anteriores con inversores que van desde los grandes jugadores del mercado de agroquímicos y semillas hasta Silicon Valley.
Un relevamiento de la firma de investigación CB Ingisghts mostró que estos inversores volcaron más de US$ 700 millones en compañías de tecnología agropecuaria. El artículo del Financial Times destacó que fue un «gran paso» comparando con los montos de 2016 y 2015, de US$ 332 millones y US$ 233 millones, respectivamente.
Con menores ingresos y márgenes apretados, los productores necesitan desde la robótica hasta el procesamiento de datos para ser cada vez más eficientes.
Los números del campo
Según el último informe de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (Fada), “El campo en números”, las cadenas agroalimentarias generan 1 de cada 6 empleos privados, directos e indirectos, es decir, que en 2017 el campo generó 2.630.318 de puestos de trabajo, el 17% del empleo total nacional (privado).
Para realizar el informe se consideró tanto los puestos de trabajo directos como indirectos de los eslabones de producción primaria, industrial, transporte y comercialización.
De ello resulta que cada dos puestos directos el campo argentino generaba un puesto de trabajo indirecto.
Por otro lado, el informe revela que en comparación a 2016, se crearon 94.130 puestos de trabajo, equivalente a casi toda la ciudad de Gualeguaychú.
Según el estudio de la Fada, el sector primario es el mayor generador de empleo abarcando el 47% del total, 26% lo genera el eslabón comercial, 15% la industrialización de las diferentes producciones primarias, y el 12% restante, el transporte”.
Al observar las cadenas agroalimentarias creadoras de trabajo, se destaca la importancia de las economías regionales. Sectores como la vitivinicultura y la producción de frutas, hortalizas, legumbres y cultivos industriales generan el 30% del empleo.
La agricultura extensiva genera el 37% del empleo, conformada por las cadenas de soja, maíz trigo, girasol y otros granos; las cadenas cárnicas, crean el 23%, y la cadena láctea, el 9%. En este esquema, también se suma la cadena de la maquinaria agrícola con el 1% del empleo.