“Mi Dios es la naturaleza”
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Celia Canales es profesora de Educación Física, trabajó durante 37 años en la docencia y es una fiel defensora desde hace 40 años del medio ambiente.
Por María Cecilia Gotta – Redacción
Sentada en el living de su casa, Celia Canales se define como una mujer muy cuestionadora, ama estar en contacto con la naturaleza, al aire libre y a medida que avanza el diálogo, se la ve inquieta, dinámica y vivaz, siempre con una sonrisa en su rostro.
Celia muestra tener una buena actitud frente a la vida, sin guardar rencores, disfrutando de sus amigos, emprendiendo viajes, dándose el placer de andar por el parque todos los días y visitar el mar. En definitiva, una persona que pone especial énfasis en las cosas simples de la vida, que no busca complicarse y que da un paso al frente al momento de tomar una decisión.
Ella nació en Lobería, a los 4 años llegó a Quequén con su familia, sus estudios primarios los hizo en la Escuela Nº 5, y se crió en la casona Río-Mar, donde tiene los mejores recuerdos.
Desde muy chica siempre fue clara y decidida en lo que quería, como por ejemplo estudiar en el Colegio Nacional, donde se inscribió ella misma, a pesar de que su madre no pensaba igual y quería que fuera al Colegio Nuestra Señora del Rosario.
Desde muy chica, mostró mucho amor hacia el medio ambiente, la naturaleza, y la vida al aire libre, habiendo tenido como patio la playa, las dunas y el río.
De aquellos recuerdos de la infancia Celia está muy agradecida por haber crecido en ese marco, porque es lo que la hizo ser quien es.
En su época de la secundaria también tiene gratos recuerdos, sobre todo por los profesores que la marcaron y quedaron grabados para siempre como Enrique Balech y Félix Motti, quienes fueron “personas encantadoras, amables y supieron trasmitir conocimientos y eso me quedó grabado para siempre”, aseguró Celia.
Al terminar el secundario, viajó a Buenos Aires, pensando que iba a estudiar Ciencias Exactas pero la vida le tenía preparado otros planes.
En un viaje de campamento a Bariloche que ganó por haber participado en un campeonato nacional de pelota al cesto, quedando seleccionada como la jugadora freeplay, fue lo que la incentivó a cambiar de decisión.
“Cuando vi la experiencia y pregunté quién organizaba todo eso, el campamento, vida en la naturaleza, me dijeron profesores de educación física y quedé maravillada”, aseguró.
La carrera la cursó en Buenos Aires en el Instituto Superior de Educación Física Nº 1 «Dr. Enrique Romero Brest».
En este sentido, destacó que se enamoró de la carrera y volvería a hacerla, “y en mis 37 años de trayectoria me dio muchas cosas”.
Celia estuvo en casi todos los colegios estatales de nuestra ciudad y en todos los niveles, desde inicial y hasta con capacidades diferentes con alumnos lisiados en recuperación de la poliomielitis.
Una de las escuelas que recuerda al día de hoy, es la Escuela Nacional de Comercio de Pilar porque fue la primera profesora de educación física, con 22 años.
Con tantos años de trayectoria, ha tenido muchos alumnos, de quienes siente un gran amor y actualmente se los cruza y el saludo es inmediato.
Con el titulo en la mano y con el paso del tiempo se fue dando cuenta de muchas cosas, descubriendo que a los alumnos se los tiene que ganar uno como docente.
“Cuando hoy me dicen,¿no sabes como están los chicos de ahora?, yo les digo y ¿como están los padres y los maestros de ahora?, es decir, creo que hay que aggiornarse y lo mismo con las clases”, opinó.
A simple vista parece que a Celia no le dificulta aggiornarse a las nuevas tendencias, desde joven lo hizo, pasando de bailar boleros al rock and roll y ahora rapea con su nieta Violeta que tiene 12 años. “Me divierte y hago lo mejor que puedo”, dijo.
Recuerdos
Celia es entrenadora nacional de voleibol, vida en la naturaleza (campamento) y hockey sobre césped. En este último punto, ella tiene una verdadera pasión por este deporte, siendo la primera que trajo ese deporte a nuestra ciudad, y al día de hoy su llavero, es un palo de jockey en miniatura y también conserva su palo con el que jugaba.
Sin embargo, cabe recordar la lucha de los vecinos autoconvocados en defensa del parque Miguel Lillo cuando se quiso construir la cancha de hockey en el parque, donde Celia fue la primera en oponerse y muchas personas no podían entender su postura.
En este sentido, aclaró que antes que el deporte, esta su amor y dedicación por la naturaleza. “Me siento parte de la naturaleza, mi Dios es la naturaleza, hace 40 años que trabajo en medio ambiente, saco fotos, me gusta saber cómo viven los pueblos y siempre trato de que mis viajes sean vivenciales, hablar con su gente”, indicó.
De hecho todos los días sale a caminar por el parque, visita el mar y es feliz de ver florecer una planta, espera a las golondrinas todos los años y este amor tan verdadero trata de transmitirlo a los alumnos a través del grupo Compromiso Costero.
“Damos charlas en las escuelas y tratamos de que sean motivadoras, donde luego los chicos tienen que volcar lo aprendido a través de cualquier expresión artística”, dijo.
Celia hace 20 años que trabaja junto a la geóloga Mirta Bertinat, de quien aprendió muchísimo, aseguró.
De repente suena el teléfono e interrumpe la charla, pero Celia se acomoda, cruza sus piernas como si estuviera haciendo yoga, disciplina que practica desde hace 20 años y continua contando cómo está constituida su familia y recordando una época lamentable cuando falleció su marido, Ismael Miri.
“El era profesor de educación física y tuvimos dos hijos Ignacio y Santiago, y tengo dos nietos, con los que mantengo el vinculo aunque vivan en Buenos Aires”, señaló.
Otra de las pasiones de Celia es viajar, escribir poesías, leer, de hecho tiene varias bibliotecas en su casa repletas de libros.
“Siempre sueño con algo para hacer, escribo las cosas que me hacen feliz, después de todo, las utopías te hacen soñar y los sueños te hacen caminar“, concluyó.