Mientras haya un lector…
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En lo que sin dudas se ha constituido en un acontecimiento, en estas épocas de vértigo y corta perdurabilidad de las instituciones, la Biblioteca Popular “Andrés Ferreyra” ha celebrado sus 110 años de existencia.
Este verdadero puntal de la cultura nació cuando Necochea tenía apenas 26 años de existencia, merced a la inquietud de la delegación de Maestros de la Provincia de Buenos Aires, precisamente con un origen ligado a la educación y formación de la persona.
Ese entusiasta grupo la denominó Biblioteca Popular de Necochea (en 1923 se le instituyó el nombre de Andrés Ferrreyra) y se inició el largo recorrido hasta nuestros días, plagado de satisfacciones, aunque no exento de los lógicos contratiempos que en más de una ocasión pusieron en duda su continuidad.
En uno de esos sombríos momentos, en este caso cuando la Asociación de Maestros se vio impedida de seguir atendiendo la biblioteca, se la donó simbólicamente a la comunidad y en ese marco se constituyó el Centro Cultural de Necochea para hacerse cargo de la misma, y extender la pasión por la lectura a otras disciplinas del arte.
A lo largo de estos 110 años muchos vecinos han dedicado algunas de sus horas ad honorem para que se mantuviera y creciera la biblioteca “Andrés Ferreyra”. Y aunque hacer nombres suele resultar injusto por la posibilidad de olvidarse de algunos, en el historial de la entidad se puede mencionar a Juana Aguerre, Valentina Eseverri de Premrou y Zilda Balsategui, así como también el aporte de comprometidos bibliotecarios y colaboradores que contribuyeron a hacerla grande.
Varias generaciones de estudiantes y lectores han visitado en más de una jornada las instalaciones de la biblioteca, para consultar su enorme colección de libros, que hoy integran 60.000 volúmenes y su hemeroteca, que posee la mayoría de los ejemplares de Ecos Diarios.
Asimismo y adaptándose a los cambios de la era de la Internet, recientemente se ha comenzado a brindar el servicio de libros digitales y se ofrecen computadoras para acceder a la red mundial.
Esta política de amoldarse a la evolución, posibilita que los niños y jóvenes de hoy sigan eligiendo las amplias instalaciones de la calle 54, entre 61 y 63, para ir a hacer los deberes o hacer consultas y lecturas de autores que ayudan a su formación como individuos.
A esta altura de su existencia, la “Andrés Ferreyra” es orgullo y patrimonio de la comunidad, que hace uso de la misma y la sostiene mediante el aporte de una masa socios, que orilla los dos mil.
Por otro lado, formando parte de los actos celebrados a lo largo del mes por el aniversario, se encuentra abierta al público una muestra con la historia de la biblioteca, integrada por documentos, libros de actas y archivos que registran su evolución.
El sentimiento por difundir la cultura de aquellas pioneras maestras se sigue manteniendo en alto. Y por fortuna la lectura continúa tentando a las nuevas generaciones. Es que mientras haya un lector interesado en cultivarse habrá razones para seguir adelante.