Milagro en Costa Bonita: la historia de un hombre que escapó de la muerte con ayuda de Jorge Bergoglio
El empresario Roberto Bouso pidió ayuda a quien sería luego Papa y logró traer al paraje una Virgen bendecida por Benedicto XVI
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Por Ian Larsen
Redacción
Roberto Bouso, un exitoso empresario gastronómico de Buenos Aires, cambió el bullicio de San Telmo por la tranquilidad de Costa Bonita después de atravesar una crisis de salud que lo llevó al borde de la muerte. Hoy, no solo es uno de los 80 residentes permanentes de ese paraje fundado en 1948, sino también el custodio de una imagen singular: la Virgen de la Sonrisa, traída desde Roma con la ayuda de Jorge Bergoglio —entonces arzobispo de Buenos Aires y luego Papa Francisco— y bendecida por Benedicto XVI.
La entronización de la Virgen, en 2008, fue la concreción de una promesa hecha en los peores momentos de su vida, cuando atravesaba una depresión profunda.
El derrumbe de un exitoso
Bouso había sido dueño de dos negocios en la capital, entre ellos el conocido Patio Cervecero frente a Plaza Dorrego, un punto de encuentro de artistas y políticos. Pero el éxito le pasó factura: a los 50 años sufrió su segundo infarto y recibió un pronóstico desolador.
“Me dijeron que tenía que estar tranquilo, que no me quedaba mucho tiempo”, recuerda.
El golpe lo sumió en un estado de desesperación tan grande que incluso intentó quitarse la vida. La intervención de su pareja, Andrea, lo salvó en ese momento.
El señor Bouso, que hablaba con todo el mundo, que era muy reconocido y solidario, arriesgado y emprendedor, de pronto se convirtió simplemente en Roberto, un hombre abandonado y completamente depresivo, que no se levantaba de la cama, no se bañaba, no hablaba con nadie estaba “empastillado” para poder dormir hasta después del mediodía.
No había nada más entre él y la muerte que, indefectiblemente, le esperaba al cabo de unos meses, según el diagnóstico médico. Rezar no era una opción, ya que se había caracterizado siempre por ser completamente ateo.
El hallazgo que lo cambió todo
Un sábado 12 de mayo, al abrir la agenda de cuero donde llevaba sus cuentas, una estampita salió volando. Era una imagen de una Virgen desconocida, sin nombre ni oraciones, como habitualmente suelen llevar. Esa misma noche, pese a los ansiolíticos que lo mantenían dopado, se despertó a las tres de la mañana. Algo que jamás le había pasado.
Al encender el televisor, cosa que tampoco hacía porque no le gustaba ver ningún programa, se topó con un programa religioso: allí apareció exactamente la misma imagen, presentada como la Virgen de la Sonrisa, patrona de los que sufren depresión.
Impactado, llamó al número que figuraba en pantalla. El destino quiso que lo atendiera alguien que vivía a la vuelta de su negocio. Ese encuentro lo llevó a la parroquia Santa Teresita del Niño Jesús de CABA, donde se integró a un grupo de acompañamiento y conoció a una especialista, quien diagnosticó el efecto del estrés en su sistema nervioso.
La mudanza y la promesa
Siguiendo el consejo de los médicos y de su padre, dejó la Capital y se instaló en Costa Bonita, en un departamento familiar. La salud mejoró al punto de que, once meses después del infarto, su cardiólogo le dio el alta maravillado: su corazón estaba fuerte otra vez.
Acompañado con una medicación precisa, la recuperación fue rápida y sorprendente: “En cinco o seis días ya era el de siempre”, dice. Fue entonces cuando prometió: si superaba la depresión, llevaría la imagen de la Virgen donde ella lo guiara.
Ya en Necochea, comenzó a gestionar un duplicado de la Virgen de la Sonrisa en Roma. El trámite resultó engorroso y las posibilidades de que alguien le hicieran caso eran bastante bajas, según le habían comentado los que entendían del tema.
Sin embargo, fue el reconocido orfebre, Juan Carlos Pallarols, quien le presentó a Bouso en su Patio Cervecero al entonces arzobispo Jorge Bergoglio. Roberto le contó su historia y Bergoglio se ofreció a ayudar. Finalmente, la imagen llegó a la Argentina bendecida por el Papa Benedicto XVI.
A Costa Bonita
Desde la Iglesia le habían dicho que la imagen de la Virgen debía obligatoriamente estar entronizada, por lo que le pidió a los albañiles que le estaban construyendo su casa en Costa Bonita que pausaran esa obra y se fueran a hacerle “la casita a la Virgen”.
El 13 de mayo de 2008, día de la Virgen, se realizó la entronización en un santuario que Bouso construyó junto a la capilla. Una multitud participó de la ceremonia encabezada por el obispo de Mar del Plata.
“Primero hice la casa de la Virgen, después terminé la mía”, asegura con alegría.
Hoy, la Virgen de la Sonrisa de Costa Bonita es un punto de referencia espiritual para quienes buscan consuelo en momentos de tristeza. Y Roberto Bouso, aquel empresario que un día estuvo al borde de la muerte, dedica su vida a contar su testimonio y a acompañar a otros.
“Me agarra una alegría enorme de saber que a mucha gente con depresión esto le hace bien”, concluye.
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