Minutas de comunicación y ahora premios
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En los últimos años en el Concejo Deliberante se ha puesto en ejecución la modalidad de distinguir con el título de “hijo dilecto” a infinidad de personas que han sobresalido en distintas actividades, sin saber en ciertos casos bajo qué criterios los eligen. Tampoco estamos haciendo un juicio de valor sobre el mérito o no, de los últimos seleccionados.
Obviamente que recibir un reconocimiento público y es un orgullo máxime viniendo del cuerpo deliberativo. Sin embargo, son tan masivas estas premiaciones en conjunto, que terminan opacándolas y en cierta forma han desvalorizado la importancia de las mismas. Estamos rodeados de “hijos dilectos” y “embajadores deportivos”, aunque parezca exagerado.
Si bien es una anécdota, se recuerda la actitud del destacado profesor, biólogo marino e investigador científico, reconocido en el mundo por sus trabajos, Enrique Balech, que educadamente rechazó en su momento una distinción como la que nos ocupa, que en su momento pretendía darle el cuerpo deliberativo, argumentando que él quería seguir caminando las calles como un ciudadano común, sin ningún tipo de título honorífico, aunque fuese figurativo.
Tal vez sería mejor que el Concejo hiciera con menos frecuencia estas entregas, es decir no cada año, y con una vara más exigente a la hora de elegir las razones para que alguien sea acreedor a una distinción que realmente enaltezca a quien la recibe en reconocimiento a su personalidad.
Si bien se ha transformado en una norma, abusiva si se quiere, la entrega de estas menciones por parte del Concejo Deliberante la que tiene estrecha relación con el fin de año, la comunidad preferiría que la actual composición del poder legislativo se ocupara, desde las facultades que le correspondan, de los problemas más acuciantes de la actualidad.
Como el de la seguridad, que se manifiesta de múltiples maneras por estos días, con una población harta e indefensa. Sin embargo no tiene caja de resonancia en los concejales, que parecen estar en “otro canal”. La comisión interna de esta crucial problemática nada ha expresado al respecto y mucho menos ha pedido explicaciones a quienes deben darlas: llámese Policía, Justicia y Ejecutivo.
Salvo unas pocas excepciones, se nota la falta de trabajo de la mayoría de los ediles, que no acuden en la semana al recinto, que no elaboran proyectos de ordenanza y que sólo asisten a las sesiones en las que ni siquiera hablan y su función se remite a levantar la mano a la hora de la aprobación de las normas. Cerca del balance de fin de año hay mucho más en “el debe” que en “el haber” en el desenvolvimiento del Concejo. Sólo muchas minutas de comunicación y premios. Bajo tal situación y emparentándolo al motivo de este editorial, los concejales no merecerían reconocimiento alguno.