Murió Patricia Walsh, la dirigente que impulsó la nulidad de las leyes de impunidad
La exdiputada nacional e histórica referente del Frente de Izquierda, hija del escritor Rodolfo Walsh, falleció este jueves tras complicaciones de salud.
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La reconocida dirigente del Frente de Izquierda, exdiputada nacional e incansable militante por los derechos humanos, Patricia Walsh, murió este jueves por la mañana. Su fallecimiento se produjo tras sufrir una serie de complicaciones derivadas de una reciente intervención quirúrgica, motivo por el cual se encontraba internada. Walsh fue una figura central en la política argentina de las últimas décadas, destacándose tanto por su labor legislativa como por su compromiso inquebrantable con la memoria, la verdad y la justicia.
Hija del periodista y escritor Rodolfo Walsh —autor de la emblemática obra Operación Masacre y desaparecido durante la última dictadura cívico-militar— y de Elina Tejerina, Patricia forjó una extensa trayectoria política que la llevó a ocupar bancas legislativas y a postularse en múltiples ocasiones a cargos ejecutivos nacionales y porteños. Tenía dos hijos y, hasta el momento de su fallecimiento, se desempeñaba activamente como querellante en el juicio por la Masacre de la Calle Corro, donde una de las víctimas fue su hermana, María Victoria Walsh.
Nacida en la Ciudad de Buenos Aires en 1952, inició su militancia durante su etapa estudiantil en la Universidad Nacional de La Plata, sumándose en la década de 1970 a la izquierda peronista. De forma simultánea, y con apenas 17 años, comenzó a trabajar como periodista en la revista Gente y, posteriormente, en el mítico diario Noticias, dirigido entonces por Miguel Bonasso. Tras el golpe de Estado, fue despedida de la oficina de prensa del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), donde se desempeñaba como delegada gremial. Logró su reincorporación en 1984, el mismo año en que denunció ante la Conadep la desaparición de su padre.
Su compromiso por la memoria, la verdad y la justicia se mantuvo inalterable a lo largo de las décadas. En 1996 se integró a la agrupación HIJOS y fue una de las principales denunciantes en la emblemática causa ESMA. Su salto a la representación institucional ocurrió en el año 2001, cuando fue elegida diputada nacional por la Ciudad de Buenos Aires en representación de la Alianza Izquierda Unida, conformada por el MST y el Partido Comunista. Desde su banca unipersonal en la Cámara Baja, Walsh impulsó lo que sería su mayor legado legislativo.
Tal como había prometido en campaña, presentó e insistió incansablemente con el proyecto para declarar la nulidad absoluta de las Leyes de Punto Final y Obediencia Debida, junto con los indultos presidenciales de Carlos Menem. Su persistencia en los pedidos de sesiones especiales dio sus frutos el 12 de agosto de 2003, cuando logró el consenso necesario para que la Cámara de Diputados le otorgara media sanción al proyecto. Esta iniciativa finalmente se convertiría en la Ley 25.779, sancionada por el Senado días después, marcando un hito fundamental en la historia judicial argentina.
Como referente ineludible de la izquierda argentina, Walsh encabezó en dos oportunidades la fórmula presidencial de Izquierda Unida, en 1999 y en 2003, y fue candidata a la Jefatura de Gobierno porteña. En 2007, regresó a la función pública al ser elegida legisladora de la Ciudad de Buenos Aires por el MST-Nueva Izquierda. Durante su mandato, compartido posteriormente con Marcelo Parrilli, se destacó por la presentación de proyectos vinculados a la salud pública, los derechos humanos, la equidad de género y su férrea postura opositora al oficialismo porteño.
Su labor legislativa fue reconocida ampliamente, valiéndole los Premios Parlamentarios 2008 y 2009. En sus últimos años de actividad electoral directa, tejió alianzas con Proyecto Sur en 2011 y fue propuesta como candidata a vicejefa de Gobierno por el Frente Camino Popular en 2015 junto a Claudio Lozano. A lo largo de toda su carrera, mantuvo siempre como ejes centrales de su discurso y acción la lucha contra la criminalización de la protesta social, la defensa del cupo femenino y la legalización del aborto, consolidándose como una voz crítica y coherente dentro del espectro político nacional.
La trayectoria de Patricia Walsh es recordada hoy como un testimonio de lucha constante. Su capacidad para articular la militancia de base con la representación institucional permitió avances significativos en la agenda de derechos humanos. Su partida deja un vacío en los espacios de izquierda, pero su legado, especialmente en la lucha contra la impunidad de los crímenes de la dictadura, permanece como una referencia ineludible para las futuras generaciones de militantes y defensores de los derechos fundamentales en el país.
La noticia de su fallecimiento ha generado repercusiones en diversos sectores políticos y sociales que reconocen su coherencia y su papel fundamental en la reapertura de los juicios por delitos de lesa humanidad. Su historia personal, marcada por la tragedia de la desaparición de sus familiares, fue el motor que impulsó su incansable búsqueda de justicia, transformando el dolor personal en una causa colectiva que marcó un antes y un después en la legislación argentina y en el proceso de memoria histórica de la sociedad.
A lo largo de su vida, Patricia Walsh demostró que la política puede ser una herramienta efectiva para reparar injusticias históricas. Su paso por el Congreso y la Legislatura porteña dejó una huella marcada por la ética y la perseverancia. Su figura, vinculada indisolublemente a la historia reciente de Argentina, continuará siendo estudiada y valorada por su aporte fundamental a la democracia y por su papel clave en la construcción de un país con mayor justicia social y respeto por los derechos humanos.