Nada más importante que cantar
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Marcela La Battaglia proviene de una familia de músicos. Subió por primera vez a un escenario como corista de una banda platense. Ha desarrollado una larga carrera
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Lleva la música en la sangre, pero asegura que su decisión de cantar no siguió un mandato familiar, más bien todo lo contrario. Marcela es descendiente de la tradicional familia La Battaglia, músicos y carpinteros que a mediados del siglo pasado crearon una orquesta popular que llevaba su nombre.
Pero si bien en la familia la norma parecía que todos fueran músicos, para el abuelo de Marcela la música era un trabajo. “Por eso mi papá no quería yo me dedicara a la música”, explicó la cantante.
Sin embargo, para ella la música lo es todo y ha ocupado gran parte de su vida. Cantó en grupos de pop y rock, hizo música melódica en bares y hoteles, también realizó comedia musical e incluso incursionó en el tango.
Si bien su familia es de nuestra ciudad, Marcela La Battaglia nació en La Plata. Su padre se fue a vivir a la capital bonaerense de joven y allí conoció a su esposa y tuvo cuatro hijos.
Además de Marcela, su hermano Pablo también se dedicó a la música.
En el caso de ella, su vinculación con los escenarios empezó en la adolescencia. Tenía 15 años cuando fue invitada por el líder de una banda platense para hacer los coros.
Así fue como Marcela cantó en el show despedida del grupo Soccer y se animó para luego comenzar a cantar en el Club Universitario de La Plata.
Luego integró varias bandas, entre ellas Cobertura, un grupo que ella bautizó, y comenzó una extensa carrera que la llevó a recorrer escenarios al mismo tiempo que empezó a concurrir a la Escuela Americana.
Allí estudió comedia músical, lo que le permitió tomar clases de teatro, tap, ballet y danza jazz y años más tarde organizar algunos espectáculos en nuestra ciudad.
Pero antes de radicarse en Necochea, Marcela tuvo una oportunidad de viajar a Japón a cantar tango, propuesta que rechazó porque consideraba que la canción ciudadana no era lo suyo.
“Lo mío siempre fue el pop, especial la música de los 80, y el jazz”, explicó Marcela, que aun así durante un tiempo viajó a Colonia, Uruguay, a cantar flamenco y también integró una agrupación que cantaba canzonetas italianas.
También trabajó un tiempo en bares de una cadena de hoteles, en Cataratas del Iguazú.
Con los años Marcela se armó su propio espectáculo y con su auto comenzó a transportar su equipo y tocar donde se presentara la oportunidad.
“Era la cantante, la agente, el plomo y el chofer. Muchos me decían que era la única mujer que hacía todo, pero con el tiempo se convirtió en una gran responsabilidad y comenzó a ser muy estresante”, explicó.
Desde aquí
Hace 17 años que Marcela La Battaglia se radicó en Necochea, el lugar donde sus abuelos y tíos integraron aquella legendaria orquesta popular que llevaba el apellido de la familia.
En Necochea volvió a tomar clases. Si bien no terminó la carrera le gustaba concurrir de oyente a la Escuela de Artes y a partir de conocer al maestro Leonardo Labozzeta tuvo la oportunidad de comenzar a trabajar. “Acá no me conocía nadie, así que estoy muy agradecida a Leo”, explicó.
Tras haber cantado en temporadas de verano en distintos balnearios de la Costa, de Cariló a Miramar, aquí continuó una carrera que le permitió tocar en diferentes escenarios, manteniéndose fiel a su gusto por el pop y el jazz.
Aquí grabó su segundo CD. “El primero lo grabé en Universal Music, pero me lo cajonearon”, explicó Marcela. En aquella época había varias cantantes del mismo estilo y no querían competencia para las que ya estaban establecidas.
Su segundo disco fue grabado en Necochea y le permitió difundir su material en los shows y en aquellos lugares a los que iba.
Hoy Marcela tiene 47 años. A pesar de que ha dedicado la mayor parte de su vida a la música, en la actualidad se encuentra prácticamente retirada, ya que está pasando por un “año sabático”.
“Yo llegué a hacer ocho shows por semana y 90 shows por temporada, lo que me estresaba muchísimo”, dijo Marcela.
Por eso, explicó Marcela, le recomendaron realizar alguna otra actividad recreativa, lo que sin duda ha sido un pequeño problema. “No hay nada en el mundo que me guste más que cantar”, dijo Marcela.///