Necochea al rugir de los motores
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Armando Ovadía es reconocido por su labor como comerciante, pero no muchos saben que fue integrante de los primeros grupos de “moteros” de la ciudad
Armando Ovadía es conocido como comerciante. Durante muchos años estuvo al frente de una recordada mercería ubicada en pleno centro de la ciudad. Sin embargo, no muchos recuerdan que también es un apasionado de las motocicletas y que integró el grupo de los primeros “moteros” necochenses.
“Yo aprendí a pilotear motos en una Pierce Americana modelo 1932. Por los años 40 y 50 Necochea era una ciudad en pleno desarrollo y reina del turismo costero”, explicó Ovadía.
Nacido en 1930, vino de muy chico a vivir a la ciudad. Ya en la adolescencia, a la vez que debía hacerse cargo del negocio familiar, comenzó su pasión por las motos. En aquella época el parque de motocicletas de la ciudad era variado, sobre todo en lo referente a marcas Inglesas como la BSA 350, 500 y 600 cc. “Una de estas tenía el vecino Juan Juan, también compañero de pasión”, indicó.
“Eramos un grupo. Mi amigo Orlando Ponte tenía una Triumph, al igual que un muchacho de apellido H’Olly”, explicó. “Recuerdo también las AJS de 500 y 1000 cc (inglesas), que piloteaban otros tres vecinos que eran Marino, Bork y Héctor Lareo, éste último compañero y amigo de aventuras sobre ruedas”.
Por las calles empedradas de Necochea también se podían ver motos inglesas como la Vincent HRD de 1955 y la Norton de 500 cc. Además, llegaban de la Capital algunos motociclistas con “con imponentes y novedosas máquinas que captaban la atención de los aficionados y el público en general, sobre todo cuando quedaban expuestas en las veredas de las confiterías La Ideal o La Armonía, mientras sus dueños tomaban un copetín”, dijo Ovadía.
Señaló que había encuentros de motociclistas como en la actualidad. “Sí se organizaban carreras en un circuito formado por la avenida 2 desde el ya desaparecido Necochea Hotel (avenida 79) hasta el también hoy inexistente Hotel Paris (calle 87). También se corría en el circuito Zugazúa”, precisó Ovadía.
Recordó que en aquellos años el casco no era obligatorio y tampoco se exigía su uso, pero en alguna oportunidad, un motociclista de apellido Corbellini salvó su vida por el uso de este tipo de protección en una de las carreras realizadas en el circuito antes citado.
También recuerda haber visto a la primera mujer que condujo una moto en Necochea, “algo que para la época era muy poco común. Ella era la hermana de mi amigo Orlando Ponte”.
Armando recordó un viaje a Río Hondo en una Triumph, “aguantando a dos personas” y otro a Buenos Aires en una BSA 500 con su amigo Juan Juan. “Lo interesante era que había que aventurarse en carreteras que eran mucho más precarias. Incluso recuerdo que la ruta a Mar del Plata era de una sola mano”.
Para comprar su primera motocicleta, Ovadía debió recurrir a un representante de Gilera de apellido Jurado. “Las traían de la Capital y llegaban en el ferrocarril. Recuerdo perfectamente que arribaron tres Gilera italianas de 250 cc en esqueletos de madera. Una de ellas era la mía, la otra de mi amigo Juan Gundell (que también había comprado) y la restante de la concesionaria”, precisó.
Tampoco olvida Ovadía a las “grandes motos americanas Indian, que también formaban parte de la fauna necochense de motocicletas. “El vecino Justiniani era propietario de una de esas motos”.
“En cuanto a marcas argentinas, las Puma daban sus primeros pasos. Eran épocas doradas de juventud, de amigos que compartían el tiempo entre fierros, pero sobre todo compartían esta gran pasión: las motos”, dijo Ovadía.