Necochea cambió frente a su lente
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Abel Del Castello comenzó a trabajar como fotógrafo de sociales a mediados de los 50. Durante décadas fue reportero gráfico de Ecos Diarios y fotografío inundaciones, presidentes, naufragios y persecuciones policiales cinematográficas

Para Abel parece no pasar el tiempo. Tiene 76 años, pero la misma figura que le ganó el apodo de “Flaco” en la juventud. Hoy está casi retirado de la fotografía, pero siempre que tiene oportunidad vuelve a colgarse la cámara del cuello.
Frente a su lente pasaron miles de quinceañeras, cumpleañeros y parejas en el día de su casamiento. También inundaciones, naufragios, algún hecho policial de características cinematográficas y varios presidentes.
Abel Del Castello fue toda su vida fotógrafo de eventos sociales y durante varias décadas reportero gráfico de Ecos Diarios. Por muchos años todas las fotografías aéreas que se publicaron en el diario fueron suyas.
Todo comenzó cuando él todavía era un adolescente y entró a trabajar de cadete en una casa de fotografía llamada Prinbell, que se encontraba en la calle 64 entre 65 y 67.
“El fotógrafo se llamaba Luis Prina y había sido socio de un tal Bella, por eso PrinBell”, explicó el “Flaco”.
Prina le enseñó los secretos del revelado, el copiado y también el trabajo en campo. Allí también conoció al fotógrafo Roberto Torres. “Yo hacía laboratorio y Prina y Torres salían a sacar. Después empecé a sacar fotos yo también”, dijo Abel.
Cuando volvió de hacer el servicio militar, Del Castello se fue a Trelew, donde se había radicado Torres, quien lo invitó a trabajar allí.
“Estuve un año trabajando allá haciendo sociales. Justo habían lanzado un canal de circuito cerrado de televisión y yo hacía las diapositivas en blanco y negro para el informativo. Esos fueron mis comienzos”, explicó.
Del potrero al laboratorio
Abel Del Castello nació el 2 de noviembre de 1942 en Lobería. Si bien sus padres vivían en esa época en Necochea, su madre decidió que el parto se realizara en la vecina localidad, porque allí tenía su familia.
Pero el “Flaco” permaneció sólo unos días en Lobería. De niño realizó sus estudios primarios en la Escuela Nº 2, excepto un año en que ese colegio dejó de ser mixto y debió concurrir a la Nº 1.
De chico jugó al fútbol en Del Valle, pero en la adolescencia abandonó ese deporte porque trabajaba con su padre, que era albañil, y no tenía tiempo para entrenar.
Sin embargo, nunca dejó de jugar al casín y siempre fue un amante de la pesca. A los 14 años ya era socio del Club de Pesca Necochea, institución de la que llegó a ser presidente y a la que aún está ligado.
Cuando volvió de la “colimba”, luego de pasar un tiempo sin trabajar, Abel decidió dedicarse a la fotografía de sociales y de esta forma definió su futuro. Transcurrían los años 50 y comenzó a sacar fotos en las tertulias del Club Huracán y el Rivadavia.
A mediados de los 60 ingresó a trabajar en el diario. “El otro día leí que viene la reina Margarita de Dinamarca y recordé que cuando vino en el 66 como princesa, yo la fotografié. Fui con Cacho Leys a la Municipalidad. Cacho le dio a la Princesa un diario donde aparecía una nota de su visita y yo saqué la foto”, señaló.
Desde entonces hasta 1981 Abel fue fotógrafo del diario y fijó con su cámara gran parte de la historia local. Pero su lazo con Ecos Diarios no terminó allí, por ello muchas de sus fotografías retrataron momentos inolvidables de los 80, 90 y gran parte de estos 20 años del siglo XXI.
“En la época de la inundación sobrevolamos toda la zona. Fuimos hasta Puente Blanco, cuando se cayó. Estuve en Olavarría cuando se desbordó el Tapalqué”, recordó. También “fui a Azul cuando quisieron tomar al regimiento y mataron al comandante y a la mujer, los montoneros”. En otra ocasión, también, en una asonada militar en Azul y Olavarría, contra el gobierno de Lanusse.
Su carrera se puede ver reseñada en los presidentes democráticos y de facto que fotografió como reportero gráfico. “Le saqué a Onganía cuando inauguró las antenas satelitales en Balcarce. También a Lanusse y a Perón en el entierro de Rucci
Respecto a este último hecho, recordó que “con la gente del diario estábamos en la vereda de enfrente, se bajó del auto y miró para el lado nuestro y saludó. Ahí le saqué. “Después cuando Perón murió fuimos al congreso y le saqué de arriba, cuando Balbín decía aquella frase: ‘este viejo adversario hoy despide a un amigo’”, precisó. Aunque la anécdota de esa fotografía esconde otra, vinculada a las vicisitudes propias del periodismo.
Antes de salir de Necochea para Buenos Aires, Abel le había prestado el auto a su cuñado, sin darse cuenta de que dentro del vehículo estaban sus documentos, por lo que debió traspasar la custodia presidencial indocumentado.
Ya a mediados de los 70, en nuestra ciudad, volvió a retratar un presidente, esta vez de facto. “Le saqué al tristemente célebre Jorge Videla”, dijo. Las fotos del dictador bañándose en las playas de Necochea, con un diminuto short a rayas, fueron tomadas por Del Castello.
“No sé dónde había ido antes que andaba de traje. Así que me metí al agua, con el pantalón arremangado arriba de la rodilla”, dijo.
Con el regreso de la democracia, Abel también fotografió a Alfonsín y a Carlos Menem, cuando vino a inaugurar el monumento a la Gesta de Malvinas.
El expresidente Arturo Illia, en una de sus giras políticas, también fue fotografiado por Abel.
Entre tiros y olas
Abel tiene en la actualidad 76 años. Casado con María Cristina Di Croce, tiene una hija: María Paola. Hoy no tiene horarios, aunque va todos los días a jugar al casín con sus amigos al Club de Pesca.
Explica que durante sus años de reportero gráfico no tenía horario de trabajo. “Y el trabajo era más difícil, porque había que hacer todo en blanco y negro. Había que sacar, revelar el negativo, lavar, secar y hacer la copia. Lo que ahora te lleva 7 minutos en la computadora, antes te llevaba dos horas”.
Reflejo de esa entrega al oficio es la cobertura de un hecho policial que incluyó persecuciones y tiros. “Cuando robaron el Banco Comercial de Tandil, en Lobería, los delincuentes escaparon hacia Necochea. Dejaron el auto abandonado y en su interior los policías encontraron el diario con el sello de un hotel, entonces los fueron a buscar”, señaló.
“Pero los ladrones volvieron a escapar, tomaron un taxi, fueron por camino de tierra para el lado de Tres Arroyos y cerca de Energía se quedaron. Nosotros salimos del diario y estábamos en Energía de posta con la Policía cuando viene un paisano y avisa que los ladrones estaban en una estancia que se llama La Luisa”, explicó. “Salió un auto policial y salimos nosotros por detrás”.
“Cuando llegamos y los policías los fueron a detener, dos salieron corriendo y a los tiros. Nosotros nos metimos con Alfredo Ignacio en un galponcito o lavadero y la policía empezó a retroceder porque no tenía balas. Les quedaba un solo tiro cuando los ladrones escaparon a campo traviesa”, dijo. “Nosotros no ligamos ningún tiro, pero no esquivamos el susto”.
En otra oportunidad Abel salió en una embarcación que iba a buscar la lancha Nuevo Gaucho, que había naufragado y que tenía entre sus tripulantes al arquero de Estación Quequén Carlos Cuomo. Cuando llegaron al lugar donde los buzos debían bajar para que luego la nave naufragada fuera remolcada a puerto, las condiciones climáticas hicieron imposible las tareas. “Había ondas marinas de 9 metros de altura”, explicó Del Castello.