Necochea la ciudad de las asignaturas pendientes
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«Solemos discutir
una gota de agua,
e ignoramos el
oceáno que tenemos»
La ciudad acaba de cumplir 137 años. No es intención hacer historia, simplemente abordar la actualidad, precisamente con asignaturas pendientes, que no han podido terminar de dar los gobiernos municipales desde la democracia reinstaurada en 1983.
Existen tres clases de distritos, los desarrollados, los subdesarrollados y Necochea, magistral definición no patentada por su autor, reflejando claramente nuestra realidad.
Esto es Necochea. Potencialmente importante, impotente para definir temas, desunida por sus políticos, algo desarmada como sociedad, a veces superada por lo individual y las actitudes personales por sobre lo colectivo.
Y con otro serio defecto, el permanente elogió a veces excesivo de distritos vecinos, minimizando lo nuestro, convirtiéndonos en quejas más que en críticas. La queja es un desahogo la crítica es la posibilidad de construir por sobre los errores.
Cuando hablamos de la potencialidad de nuestra ciudad, no nos podemos explicar por qué no podemos dar el paso al futuro haciendo lo que hay que hacer.
En la vida hay tres cosas de las que no se puede volver atrás. La flecha lanzada. La palabra pronunciada. Las oportunidades perdidas.
Necochea en sus 137 años ha perdido oportunidades, y no podemos buscar culpables sino soluciones.
Gran parte ha sido responsabilidad de los dirigentes, por errores, al no querer o no poder, fundamentalmente por no lograr poner en un paraguas protector a las cuestiones de Estado. No hay proyecto de ciudad, ni planificación, ni nada. Sólo se atiende la coyuntura. En vez de pensar en la proyección y desarrollo sin intereses mezquinos, pergeñando la Necochea de los próximos treinta años, sin olvidar las prioridades del momento, ser estadistas mirando las nuevas generaciones y no las próximas elecciones.
Necochea también tiene populismo
Necochea tiene, minorías pero influyentes en el bullicio de la calle o la utilización de las nuevas formas de comunicación, sectores populistas que no ayudan al crecimiento ciudadano.
En cada acto lo observamos. En el nombre del progresismo son obstructores de lo que ya debíamos haber hecho.
Recientemente los sucesos acaecidos en una puerta del municipio desnudan a cada uno tal cual es.
Aprovechando una movilización por reclamos en el pago de salarios municipales, el martes pasado, pequeñas minorías con apoyo de sectores sindicales y políticos. Tal vez por inexperiencia o no, estos dirigentes sindicales que tienen que saber contener a su gente que movilizan sumada a la falta de profesionalidad de las fuerza de seguridad se generó un cóctel peligroso. Por otra parte en el Departamento Ejecutivo, todos no interpretan que la política es diálogo, entonces, estos sectores hoy pretenden sacar provecho del río revuelto que da ganancia a los pescadores.
Sin embargo, esa situación vivida puede servir de experiencia para todos. Estos conflictos pueden evitarse, dirigentes que deberán dejar de lado ese «populismo» elevando la mira ante una sociedad que, aunque parezca ausente observa con detenimiento y juzga en su momento.
Y en tal sentido está cansada de quema de cubiertas, cortes de calles y patoterismo.
Ese «populismo» impide el razonamiento, todo se sitúa en amigo enemigo, ensanchando la grieta, gritando más que coincidiendo, siendo abanderados del «no» permanente ante las propuestas de avance.
Para un sector el conflicto parece ser el mejor lugar donde se mueve, comprendiendo poco el andar de los tiempos. Repitiendo discursos obsoletos y vacíos de contenido negándose a escuchar al otro. La discusión no debe llevar al empujón, la infiltración en cualquier marcha, ni la reprimenda policial.
La auténtica discusión de todo el arco político debe ser un debate sin maquillajes es el momento de darlo, ya no por una virtud sino porque resulta una necesidad.
Cuando apuntamos a la luna algunos se fijan en el dedo
Confucio dijo que cuando el sabio señala la luna, el necio mira el dedo. Ya pasaron mil años de esa frase y para muchos todo sigue igual.
Nos cuesta ver proyectos a mediano y largo plazo
Asociamos la política a lo electoral, cuando la medición final es la gestión desde cualquier ámbito que se tenga, nos encanta quejarnos sin aportar y nunca ingresar en definiciones.
Estudiar minuciosamente la tercerización de áreas, caso cobro de tasas a deudores históricos o la distribución de alimentos en los hospitales, un caso de analizar es el «Hogar Raimondi» quien terminó con ese inconveniente, dando buen servicio y abaratando costos en la década del noventa contratando una empresa privada, por sólo dar algunos ejemplos.
O iniciar de una vez por todas con el reciclaje de residuos orgánicos e inorgánicos a partir de diferenciar y separar estos en los domicilios. Con una gran campaña de publicidad a ese efecto en las escuelas.
No hay que tenerle miedo a los cambios, especialmente cuando se viene probando siempre de una misma manera que no ha dado efectividad, porque se llega a los mismos resultados. Esto no puede ser una misión imposible, no podemos seguir prefiriendo la nada.
Darle continuidad al plan estratégico para 30 años
El 4 de marzo del corriente año, hace siete meses, se lanzaba el denominado Plan Estratégico para 30 años, un «supra» organismo con la presidencia del Intendente integrado por diversos componentes de la sociedad civil, empresarios, sindicatos, religiosos, actores de la cultura, colegio de profesionales, políticos de diferentes arcos ideológicos, con el objetivo de avanzar en consensos de objetivos de estado, aduciendo que el año era propicio por no haber elecciones por medio. Un nuevo intento, similar a otros que habían aparecido en estos últimos 25 años.
Es de esperar que la historia no se repita, anuncios, comienzos, avances y paralización, quedando luego a mitad de camino.
Es extraña nuestra geografía, hablando individualmente existe coincidencia en muchos temas, casi sin diferenciar a los que caminan por derecha, centro o izquierda, privilegiando el hacer en el mejoramiento de la calidad de vida del habitante. Al requerirse acciones comunes, parece que esas coincidencias se alejan y volvemos al mismo lugar de donde arrancamos.
Esto ha sido parte de nuestra historia, al menos en los últimos años.
¿Podemos romper este esquema de inercia colectiva? debemos hacerlo, sin pérdida de tiempo. Nuestros políticos y especial mensaje al legislativo quienes no deben demorar expedientes. Aquello de «argentino a las cosas» de Ortega y Gasset debería ser «necochenses a las cosas».
No hay daño más grande a una sociedad como el tiempo perdido, que lo único que deja son asignaturas pendientes.