Necochea y la necesidad de un verdadero progresismo
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» El debate de derecha o izquierda
no es de mi generación ni
del mundo moderno.
El debate es entre
progreso y atraso.
Nosotros somos progresistas».
Henrique Capriles
¿Progresista, será el venezolano Capriles? no lo sabemos. Porque a ciencia cierta cada uno le da la interpretación que le conviene. Es un término usado a diestra y siniestra y puede estar en boca de un individuo de cualquier ideología política.
¿El denominado «progre» es realmente alguien que quiere el desarrollo, los cambios, adaptándose al presente? Eso sería si vamos a la etimología del vocablo en sí.
Es una pregunta para dejarla a los politólogos, no obstante nos atrevemos suponer un debate necesario sobre esta cuestión que debe existir en cualquier sociedad, en este caso la nuestra, el lugar donde vivimos.
El motivo es tratar de desenmascarar a quienes bajo el disfraz son simples repetidores de temas gastados, en repetidas ocasiones anclados en el pasado, quienes pretenden imponer una idea sin escuchar al otro, colocando en la vereda de enfrente a quien disiente con ese estilo, pretendiendo ser los dueños de una verdad única, declamando defensa de valores que a veces no practican.
El «progre» pretende ejercer una tiranía con quien discute sus ideas, quieren infectar un virus ideológico de sometimiento al resto, necesitamos salir de cualquier esclavitud, y esto suele pasar cuando mayorías a veces callan y minorías parecen ejercer las únicas voces.
La sociedad en su conjunto debe dejar de lado aquello de que el progresismo es propiedad de un sector radicalizado y comenzar a marcar huellas de lo que queremos para el distrito.
Nadie puede tener diferencias cuando hablamos de una sociedad más justa, mayor redistribución, igualdad de oportunidades, mejor salud, educación, seguridad, son temas que nos unen y no es necesario situar esto en una fuerza política determinada. Es atender las necesidades efectivas más que decisiones abstractas que se agitan con banderas de convivencia, necesitamos salir de grietas, espejos retrovisores que nos impiden mirar el futuro, escapar a las anclas del pasado que suelen bajar el telón a la escena de nuestro diario escenario, el distrito debe dejar de lado el manual de zonceras emprendiendo la vía de los cambios.
En Necochea el denominado «progresismo» como se lo entiende falsamente, sigue cometiendo errores en su visión no moderna por sobre lo que necesitamos para mejorar y desarrollarnos, es de esperar que la gran parte de la sociedad local no impida que esos errores sean corregidos.
En el nombre del progresismo aparece la Necochea del «no»
El «progresismo» tal como es entendido convierte a Necochea en un «no» constante, esa que se opone a todo, un obstáculo para los cambios imprescindibles que esta ciudad necesita, el progreso es imposible sin el cambio y aquellos que no pueden cambiar sus mentes, manteniéndolas robotizadas no podrán cambiar nada.
Estamos en el punto justo para avanzar en lo que hay que avanzar, suele ser pesada la cuesta en el arranque pero al comenzar a subirla la sociedad se dará cuenta que vamos por el camino positivo, debemos atravesar el desierto del no hacer nada, la sociedad está dispuesta a acompañar, no sólo el 64 % que votó al Intendente sino quienes optaron por otras opciones, pero quieren transitar la misma huella, especialmente los que ven repetidas experiencias y finales iguales. No es hacer políticamente incorrecto, algo que viene bien, sino lo correcto, darle otra dinámica al pensamiento. ¿Saben cuántos «no» son parte de la militancia de los sectores «progre» de la comunidad? Esos que suelen arreglar el mundo desde la mesa de café o teorizando sobre revoluciones utópicas.
Emplean la descalificación, desde el anonimato, la condena moral con el arma traicionera de las redes sociales. A su vez las que dan derecho a opinar a plumas y análisis inteligentes y moderados, como a legiones de idiotas, todo ingresa por el mismo precio, y en muchas ocasiones la ciudadanía no discierne claramente entre la verdad o mentira, o el relato de la militancia de cualquier ángulo político.
La existencia de esa Necochea del «no» a veces minoritaria, debe traer la otra que ansiamos y necesitamos, la del «si», unirnos contra los campeones de la negatividad, y como escribía genialmente Ortega y Gasset » a las cosas», si a las cosas, sin dejar de perder oportunidades en un distrito bendecido por la mano de Dios.
La máquina de impedir no puede seguir funcionando, deteniendo el reloj del progreso, debemos dar la batalla contra aquellos que prefieren seguir así en la modorra siestera inoperante, apatía de sueños, paralizadores del adelanto.
No queremos seguir abriendo el diccionario de las frustraciones por no intentarlo, con culpas que se merecen como reproche varias administraciones que comienzan con ímpetus y acaban como una suave brisa que ni despeina. Nada ni nadie debe detenernos en el nuevo tiempo.
El camino a transitar no tiene secretos
Mañana Arturo Rojas en la apertura de las sesiones ordinarias del Concejo Deliberante tiene la magnífica oportunidad de anunciar cómo va hacer “la nueva Necochea” es de esperar no desperdicie la ocasión ni los cuatro años de mandato, porque las oportunidades también tienen fecha de expiración.
Más de un dirigente político tendría que hacer su autocrítica por la falta de voluntad para encarar los cambios cuando tuvieron representaciones de poder, como así también muchos abanderados de la crítica en la quietud que suele ser una complicidad con el no hacer.
Hablamos de preservar el parque «Miguel Lillo», 640 hectáreas, lugares que se están muriendo, hay que abrir calles para protegerlos de posibles incendios, mientras la historia nos dio en la década del cincuenta (peronismo) momento único para haber cristalizado lo que hoy seguimos discutiendo dando vueltas como en calesita, sin saber qué hacer con el tapón verde, aquellos si eran progresistas, visionarios que veían más allá de sus narices.
Sin caer en la sarta de disparates de aquellos pequeños grupos con dirigentes ignorantes que rápidamente acusan de privatizadores, intentos de loteos, vendedores del parque, ante la sola posibilidad, que alguna vez se pueda concretar la seducción de inversores, muchos de ellos están esperando la posibilidad de mostrar cómo podemos desarrollar una parte. Ser progresista es demoler el edificio del Casino, ex ACA y balneario Zeus haciendo desaparecer de la vista esa masa amorfa, peligrosa de derrumbe y accidentes de lo que fue la postal de Necochea y con la venta de las tierras, de enorme valor en ese lugar, ingreso para las flacas arcas del estado municipal, atrayendo iniciativa privada, para que en poco tiempo cambie la cara del sector.
El frente costero hacia el oeste no puede esperar, esto también es progresismo, motivar al capital en ese lugar estratégico ya convertido en el presente en lugares balnearios multi poblados, al que hay que adosarle estructura, edificación, servicios gastronómicos en todo su recorrido, viviendas, hoteles ya no sólo pensando en tres meses de verano sino en la actividad de todo el año.
Generar trabajo privado y no siempre estatal. También es progresismo, abrir la puerta con facilidades para que la gente se radique, empresarios grandes, medios o chicos, todos son bienvenidos. Pero, evitar que deambulen en los pasillos municipales perdiendo el tiempo, todo tiene que estar dispuesto, y olvidarse de la “vía de excepción”. Quien llegue debe hacerlo seducido por ventajas. La dicotomía actual es verdaderamente entre el progreso y el atraso.
¿Cuál postura tendrá más fuerza en la Necochea de los próximos cuatro años?
Realmente hace falta una inyección de verdadero progresismo, ese que mira el futuro promisorio y quiere despedir las últimas voces del atraso, pocas pero que gritan mucho, que siguen perdurando con sus prácticas anticuadas con el eco de la burocracia, la dueña del sistema municipal.