Ni la furia del mar borró el recuerdo del Costamar II
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Innumerables historias de naufragio se registraron a lo largo de los últimos 150 años. La varadura de un pesquero marplatense frente a Arenas Verdes despierta interés
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A las 11 de la noche del miércoles 21 de diciembre de 1966, el pesquero marplatense “Costamar II” naufragó frente a las playas de Arenas Verdes. El interés por este naufragio, prácticamente olvidada por los pobladores de la zona, ha resurgido a partir de la aparición de timones y otras partes de buques en las playas ubicadas en el límite entre Necochea y Lobería.
El naufragio del pesquero, ocupó durante varios días las páginas de Ecos Diarios, hasta el hallazgo del cuerpo del único tripulante que había fallecido durante el accidente marítimo.
El artículo publicado el viernes 23 de diciembre de 1966 señala que aún se encontraba “fresco el recuerdo del accidente que costó la vida de la totalidad de los tripulantes del pequero de altura marplatense Foca, una nueva tragedia enluta a esa laboriosa familia que conforman quienes tiene a su cargo la ardua tarea de extraer la enorme riqueza íctica que guarda en su seno nuestro extenso litoral marítimo”.
Añadía que el Costamar II se había incorporado “recientemente” a la actividad.
“Navegando a Playa Verde (Arenas Verdes) varó en el lecho rocoso que carateriza a ese conocido paraje cercano a nuestra ciudad, a unos 600 metros de la costa”, precisaba la nora.
Según el parte del jefe de la Subprefectura de Puerto Quequén, “ante el inminente naufragio, la tripulación del pesquero marplatense, compuesta por siete hombres, hizo abandono de la nave en un bote de salvamento, que fue naturalmente, enfilando hacia la costa”.
“Al llegar a la rompiente, el bote también naufragó, arrojando a los tripulantes al agua, quienes consiguieron, tras no pocos esfuerzos, llegar a la playa. Fue allí donde se notó la desaparición del motorista Juan Palacios, argentino, de 53 años de edad, domiciliado en Batán, Mar del Plata”, indicaba el artículo.
Además de Palacios, integraban la tripulación: Miguel Garrane, patrón de la nave, Cristóbal Ramos, Amadeo Casiutto, Pablo Bisciotti, Juan Buono y Francisco Lezcano.
Los náufragos, por sus propios medios, consiguieron llegar hasta el kilómetro 100 de la ruta 88, donde posteriormente ascendieron a un ómnibus que los condujo a Mar del Plata.
En la vecina ciudad realizaron la denuncia en Prefectura. Durante la declaración dijeron que en ningún momento de la emergencia pidieron ayuda por radio.
El Costamar II había sido botado un mes antes del naufragio en los astilleros “Carrara”, del Tigre, y se incorporó inmediatamente a las operaciones de pesca de media altura de la flotilla del puerto marplatense.
Tras tomar conocimiento de la tragedia, la Subprefectura de Puerto Quequén dispuso la salida de una patrulla terrestre y del pesquero Cassia II. La tripulación de esta embarcación constató en el sitio indicado la presencia del Costamar II, con una escora de 45 grados.
Según se indicó, por su posición, al buque le ingresaba gran cantidad de agua y existía un peligro inminente de destrucción total dado el mal estado del mar, que amenazaba destruir la nave contra el fondo rocoso del lugar.
La patrulla terrestre por su parte, recorrió la playa en una gran extensión, hallando solamente el bote en el que los tripulantes abandonaron la nave y varios cajones de pescado.
Como consecuencia del mal tiempo el Cassia II sólo pudo acercarse a unos 50 metros del pesquero marplatense, desde donde se hicieron reiterados llamados en demanda del posible sobreviviente. Pero el tripulante desaparecido ya estaba muerto.
El domingo 25 de diciembre de 1966, a pesar de ser Navidad, el personal de Subprefectura de Puerto Quequén siguió con la búsqueda y alrededor de las 10 de la mañana halló el cadáver de Juan Raúl Palacios, motorista del pesquero marplatense.
La marea había depositado lo restos de Palacio en las proximidades de Arenas Verdes. Desde allí el cuerpo fue trasladarlo a la morgue del Hospital “José Irúrzun”, donde se determinó que el tripulante del pesquero había perecido por asfixia por inmersión.
El miércoles 28 de diciembre, a las 8, partió de Puerto Quequén el pesquero “Costamar I”, perteneciente a la misma empresa armadora, para dirigirse al lugar donde se produjo la varadura.
En esta nave embarcó asimismo personal de la Suprefectura de Puerto Quequén y una vez ya junto al pesquero accidentado, se procedió allí a la tarea de rescatar boyas, redes y otros elementos, además del compás e instrumental de náutica.
Historias de naufragios
Antes de que la ciudad se fundara, ya el distrito contaba con algunas historias de naufragios.
Se dice que precisamente fue un naufragio lo que reunió por primera vez a algunos pobladores del viejo partido de Necochea y en aquel encuentro surgió la idea de pedir la fundación de una ciudad cabecera que concentrara la administración del distrito.
Fue en los primeros días de mayo de 1873 que naufragó el velero “El Filántropo” en las costas de Necochea. Llevaba 14 pasajeros, entre ellos niños y mujeres de los que no hay mayores datos. Todo indica que no hubo víctimas fatales.
Desde entonces se lleva registro de un sinnúmero de naufragios y varaduras de buques de distinto porte. Aunque los que siempre se han llevado la peor parte son los barcos más pequeños, en especial los pesqueros que operan en la zona desde el siglo pasado.
Dos años antes de la fundación, en el invierno de 1879 naufragó en Quequén el buque “Misterio”. Hoy existen muy pocos datos sobre lo ocurrido aquel barco, excepto que el juez de Paz José Anasagasti solicitó autorización a la compañía aseguradora para rematarlo.
Luego de la fundación los naufragios continuaron. En 1883 estalló el Krakatoa en las costas necochenses y se fue a pique. En 1890 se incendió, estalló y se hundió el velero Amelia Rondamini.
El 27 de abril de ese mismo año se hundió la goleta Ireten, de bandera inglesa y algunos de sus tripulantes fallecieron.
Ya en el Siglo XX, el 1º de abril de 1924, el vapor Wesbury naufragó en Punta Negra. Ese mismo día también encalló en Quequén el vapor Montepasubio, de bandera italiana. Hoy el balneario quequenense donde se produjo el naufragio lleva el nombre del buque.
El 12 de noviembre de 1934 encalló el vapor griego “Marionga J. Goulandris” y el 28 del mismo mes el “Maroula”, que transportaba adoquines. En el rescate de este último barco murieron dos marineros del ARA Belgrano.
Con el paso de los años se sucedieron otras encalladuras y algunas tristes tragedias, como los naufragios de la lancha El Angel, en 1936, la Santa Lucía, en 1944, la embarcación deportiva Camba Cúa o la lancha de media altura Nuevo Gaucho, en 1972.
Sin embargo, dos historias de buques sin tripulantes, tormentas, derivas y encalladuras parecen opacar todas las otras. Son las del buque “fantasma” Caribea y el largo peregrinar del Pesuarsa 2.
El Caribea
La llegada del buque a nuestra estación marítima fue prácticamente una aparición. El 28 de diciembre de 1977 el Caribea ingresó a Puerto Quequén. Recién meses después comenzaron las preguntas.
En junio de 1978, luego de seis meses de permanecer amarrado en el puerto local, aún no se había podido determinar a qué empresa pertenecía ni la nacionalidad. De los cinco tripulantes que habían llegado en la nave, sólo uno permanecía a bordo.
Legalmente, el barco parecía haber surgido de la nada, ya que no existían registros de sus constructores y escasos datos del lugar de donde provenía. Por eso no se demoró en calificarlo como “buque fantasma”.
Se cree que el buque cruzó el Océano Atlántico con sólo cinco tripulantes y al llegar a Brasil contrató a nuevos marinos, pero sólo permanecieron a bordo hasta que amarraron en Montevideo.
Desde Uruguay llegó a Necochea tripulado por sólo cinco hombres. Hizo su entrada a la estación marítima el Día de los Inocentes, como si se tratara de una broma.
Tiempo después, el buque apareció rodeado de sogas y maderas que impedían acercarse. Se supo entonces que la nave se encontraba embargada hasta que Prefectura pudiera determinar quién era su propietario y bajo qué bandera había sido registrado.
Los tripulantes habían protestado reclamando el pago de los sueldos que les adeudaban, pero ante la imposibilidad de cobrarlos decidieron irse y sólo quedaba abordo el primer oficial, el joven sueco León Peter Noren, de 23 años, que no parecía tener a donde ir.
Finalmente, la embajada de Suecia se hizo cargo de todos los gastos y repatrió al joven marino a su país de origen.
A fines de noviembre, el Juzgado en lo Civil y Comercial Nº 3 de la Capital Federal decretó la venta del buque en el marco del embargo judicial por la causa iniciada a partir de los reclamos realizados por la firma Monacci Marítima Necochea.
Monacci reclamaba, sólo en conceptos de derechos adeudados a la Administración de Puertos por derechos de muelle y amarre hasta octubre de 1979, la suma de 77.759.974 pesos.
El “buque fantasma” siguió ganando fama en 1980. Luego de las inundaciones y los temporales que azotaron nuestra ciudad en abril y mayo de 1980, y luego de permanecer al garete en el canal de acceso a Puerto Quequén, el Caribea encalló en las inmediaciones de la Colonia Pinocho. Allí finalmente fue desguazado.
Buque tomado
La odisea del Pesuarsa II y su tripulación comenzó el 9 de noviembre de 1981, cuando la dotación, compuesta de 30 hombres, se embarcó en Puerto Madryn, rumbo a Quequén, para completar el personal (en total llegaron a trabajar en el buque 56 hombres) y realizar tareas de pesca.
El buque llegó a Puerto Quequén el 21 de noviembre de 1981 y el 2 de diciembre salió al mar a pescar. Luego de permanecer en alta mar durante 19 días, regresó a puerto el 21 de diciembre, con 140 toneladas de pescado.
Poco después el pescado fue descargado y el 23 de diciembre cada tripulante recibió un anticipo de 2.500.000 de pesos. Un día más tarde, el capitán y oficiales del barco desaparecieron.
Durante varios días reinó el desconcierto y la desesperación entre los tripulantes, varados en Puerto Quequén. Pero el 22 de enero la agencia de noticias Télam informaba que se habían pagado la totalidad de los haberes a partir del arribo a Necochea de uno de los titulares de la empresa armadora.
Luego de aquel incidente, el buque volvió a ser noticia en junio de 1996. Para esa fecha se encontraba amarrado en el giro 11 del puerto local, sobre la margen Necochea, a disposición de la Justicia. Desde el 27 de junio de 1987 se hallaba inactivo y sin tripulantes. El Pesuarsa II “tenía prohibición de navegar por determinación de la Administración General de Aduanas”.
Personal de Prefectura advirtió que la embarcación registraba una avería, pero no pudo realizar ninguna maniobra para superar el problema y el buque quedó semicubierto por el agua.
Junto al Pesuarsa II se encontraban amarradas otras naves interdictas: Knossos, Pesquera I y IV. Todas debieron ser trasladadas a otros sectores del puerto.
Si bien los costos de reflotar el buque hacían pensar que esa maniobra no podría realizarse y lo más adecuado sería el desguace del buque en el lugar donde se había hundido, en enero de 1998 la empresa de Salvamento y Buceo de Raúl Negro logró poner nuevamente a flote a la nave.
Posteriormente el Pesuarsa II fue remolcado y varado en Punta Carballido, culminando así su accidentado derrotero. Allí se ha convertido en una de las más tradicionales postales de nuestras playas.///