No comen carne para no dañar a los animales
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Un fenómeno global que también comienza a notarse en nuestra ciudad, especialmente entre los adolescentes
Cada vez más personas no comen carne para no dañar a los animales. Esta tendencia basada en la teoría antiespecista, que proclama la igualdad de los seres humanos frente a otras especies, no es nueva y desde hace unos años comienza a verse en nuestra ciudad, especialmente entre los adolescentes.
Quienes adhieren a esta “ideología” antiespecista se vuelcan entonces por una alimentación que omite el consumo de carnes.
A ellos se suman otros tampoco consumen lácteos y los que deciden por voluntad propia dejar las harinas y seguir una alimentación propia de celíacos.
Estas tendencias se ven cada vez más entre los adolescentes e incluso niños de 12 o 13 años.
Es habitual incluso escuchar a niños más pequeños decir que no quieren comer carne porque son vegetarianos.
Ante esta situación muchos padres que no adhieren a estas ideas recurren a nutricionistas y profesionales. ¿Deberían preocuparse? ¿Es una moda pasajera?
Cambios de hábitos
“Es un fenómeno que se está dando”, señaló la nutricionista Cecilia Bercovich, que integra los equipos de nutrición que funcionan tanto en el Hospital “Dr. Emilio Ferreyra” como en el “José Irurzun”.
Explicó que son cada vez más chicos los adolescentes que empiezan a hacer dietas vegetarianas o a omitir el consumo de carnes rojas. Dijo que esto se da por distintos motivos: “Muchos lo atribuyen a la ecología, al ambiente…”
Aunque en la mayoría de los casos la elección de no comer carne parece obedecer a la idea de no dañar a los animales.
“Esa es la excusa principal. Por supuesto que está bien desde el punto de vista de la ecología y el ambiente, pero para su salud no tiene ningún argumento”, indicó la nutricionista.
Sin embargo, precisó que en el servicio de nutrición los profesionales no se concentran en el tipo de dieta sino a determinar “por qué un adolescente omite un determinado alimento y si tiene que ver con un trastorno de la conducta alimentaria”.
Explicó que además de omitir el consumo de carne, “también está pasando esto con los lácteos”.
Afirmó que hay quienes evitan también el consumo de harinas y carbohidratos. “Se está dando la omisión de derivados del trigo, la avena y el centeno y hacen una dieta para celíacos”, indicó Bervovich.
“Nosotros tenemos que poner el foco en eso: en de qué se trata la dieta, cualquiera sea su nombre”, afirmó.
Dijo que por lo general comienzan con esas dietas a los 12 o 13 años, por lo que los profesionales siguen las sugerencias de la Sociedad Argentina de Pediatría, que avala el consumo de carne y leche.
“Cuando son muy chicos, entre los 12 y 13 años, vienen a la consulta acompañados de los padres”, explicó Bercovich. “Algunos padres vienen preocupados porque sus hijos no quieren comer lácteos”.
“Cuando los adolescentes son más grandes hacen la consulta cuando ya comenzaron la dieta por su cuenta”, precisó la nutricionista. “Y algunos ya vienen con algún signo de anemia, en el caso de que la restricción sea de carne”.
“Nosotros les explicamos que no contamos con trabajos científicos que avalen o por lo menos sugieran que dejar de comer carne o lácteos tiene algún beneficio para la salud”, remarcó la profesional.
Por ello, ante la consulta sugieren que no se dejen de “consumir los alimentos que están dentro de lo que era la pirámide nutricional y ahora es el óvalo”.
Y precisó que esto es avalado por la Sociedad Pediátrica Argentina, la Asociación Argentina de Cardiología y la Sociedad Argentina de Nutrición.
No confundir
Bercovich hizo especial énfasis en que “no hay que confundir dieta vegetariana con trastornos de la conducta alimentaria”.
Precisó que la labor del nutricionista es observar los hábitos para determinar si existe o puede existir un trastorno.
Pero explicó que muy difícil realizar un seguimiento de los adolescentes que deciden iniciar este tipo de dietas por su cuenta.
“Ellos suelen hacer lo que quieren y encuentran sus propios argumentos en Internet”, precisó. “No vuelven al consultorio, por lo cual creo que siguen haciendo la dieta que ellos quieren”.
Dijo que si bien no ocurre en todos los casos, a veces muchos de estos jóvenes vuelven al hospital con anemia. “O con problemas de calcio, particularmente las mujeres adultas”, precisó.
“Nosotros trabajamos con un equipo de psicólogos a los que se deriva al paciente para ver si detrás de estas conductas hay un trastorno”, dijo Bercovich.
Aunque precisó que no se termina en un trastorno alimentario por iniciar una dieta vegetariana o vegana, sino que “el trastorno ya estaba”.
También aclaró que no hay trabajos científicos que demuestren que las influencias de Internet o la televisión lleven a este tipo de patologías. “Lo que sí podemos decir es que una persona susceptible a tener ese tipo de patología está más predispuesta a seguir a ese tipo de influencias y no al revés”, afirmó.
“Generalmente la conducta que se impone finalmente es la conducta alimentaria que se aprende en la familia”, sentenció.
Y dijo que ante cualquier duda sobre estas cuestiones “en los dos hospitales locales hay equipos de psicólogos y nutricionistas que están capacitados para tratar este tipo de trastornos”.///
Consultar al nutricionista
La nutricionista Sofía Buquerín, quien también se desempeña en nuestra ciudad, señaló que en su consultorio no ha tenido consultas de vegetarianos o veganos.
No obstante, señaló que “bien planificadas las dietas vegetarianas son saludables a nivel cardiovascular”.
“El problema es cuando se restringen alimentos y no se conocen las combinaciones correctas para evitar deficiencias de determinados nutrientes. Por eso siempre es necesario acudir a nutricionistas si se desea cambiar o mejorar la alimentación”.
Una dieta a conciencia
Aunque ser vegetariano o vegano no es un estilo de vida nuevo, sí ha crecido de manera notable en los últimos tres años. Médicos y nutricionistas advierten que las consultas son cada vez más y estarían vinculadas a una mayor conciencia ambiental y al acceso masivo a la información a través de las redes sociales.
Los vegetarianos consumen cereales y vegetales, lácteos y huevos. Los veganos no comen productos provenientes de animales o insectos. La miel de abejas se reemplaza por la miel de arroz o por miel de caña. También utilizan azúcares orgánicos o aceites de coco.
Según las estadísticas, la mayoría de las mujeres que cambian su dieta alimentaria tienen entre 12 y 30 años.
Los nutricionistas explican que para completar la cadena de aminoácidos que proporciona la carne es necesarios ingerir cereales como quinoa, mijo, amaranto y arroz yamaní, y acompañarlos con vegetales verdes, que proveen hierro y de verduras de dos colores.
Los vegetarianos no consumen carnes de ningún tipo. Los veganos van un paso más allá: no se alimentan con productos producidos por animales, incluyendo pescados, huevos, lácteos, miel o gelatina. Comen, en cambio, granos y legumbres, verduras, frutas, semillas, nueces y afines.
Por su parte, los nutricionistas sugieren la ingesta de cereales, frutas y verduras, de diferentes tipos y colores, para balancear la dieta.
En un trabajo sobre dietas vegetarianas y veganas en adolescentes publicado en la página de la Sociedad Argentina de Pediatría, la licenciada Patricia Jauregui concluye que “un plan de alimentación vegetariana, bien diseñado y suplementado adecuadamente, puede proveer nutrientes adecuados y suficientes para el crecimiento y desarrollo de niños y adolescentes”.
En tanto, un trabajo publicado por la Sociedad Argentina de Nutrición señala que mientras que las dietas vegetarianas no han mostrado ningún efecto adverso sobre la salud, dietas vegetarianas restrictivas y monótonas pueden dar lugar a deficiencias nutricionales con deletéreos efectos sobre la salud.
Por esta razón, el asesoramiento profesional apropiado es importante para asegurar una dieta vegetariana nutritiva y adecuada especialmente para los grupos vulnerables.