La justicia por mano propia
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2019/03/FOTO-JUICIO.jpg)
¿Influyen los antecedentes de las víctimas a la hora del fallo de un jurado popular? Cuando se juzga una muerte se trata de una difícil misión para un ciudadano común
La declaración de “no culpable” que acaba de dictar por mayoría el jurado popular que juzgara a Juan Omar Bellavía, avalando de esta manera a un segundo caso de justicia por mano propia desde que se instrumentara esta modalidad en el Departamento Judicial de Necochea, crea un abanico de polémicas y sensaciones.
En primer lugar, tal cual ocurriera el 10 de febrero de 2016 con Horacio Pizzi, al igual que Bellavía autor de la muerte de una persona, queda flotando la idea de que se está dando vía libre a la justicia por mano propia siempre que, quien fuese muerto tuviera un prontuario delictivo.
Es que en ambos casos se trata de hombres que fueron en busca de otro que le robara, y a las que quitaron la vida irracionalmente, supuestamente, bajo la consecuencia de la indignación, hartazgo y aborrecimiento.
Una fuerte exigencia
Yendo a un análisis más mundano que técnico, incluso lejos de los argumentos que el propio Poder Judicial prevé para la aplicación de este sistema de juzgamiento por jurado popular, surge claramente la pregunta de ¿hasta qué punto un ciudadano común está capacitado para establecer con claridad un veredicto en controvertidos caso como los que nos ocupa?
Es cierto que los doce ciudadanos, que como una carga pública son nominados para integrar el jurado, reciben en la audiencia todos los elementos del caso, a través de las pruebas reunidas.
También un juez, en el caso del fallo del pasado miércoles Luciana Irigoyen Testa, brinda las instrucciones para que los integrantes del jurado puedan analizar esas pruebas.
En el medio deben escuchar las exposiciones de testigos presentados por las partes, y que, comunes ciudadanos al fin, bajo los nervios que les genera la situación no suelen expresarse con total claridad.
Luego los componentes del jurado escuchan los alegatos del fiscal y defensor del o los imputados. Razonamientos convincentes de una manera u otra, según la capacidad y sagacidad del representante de la Justicia que los esboza y que maneja los artilugios técnicos como para intentar la balanza hacia su posición.
Por las características de los hechos y la carátula del juicio: “Homicidio agravado por el uso de arma”, -en el caso de Bonavía con el agregado de tenencia ilegal de dicha arma, de la que si fue hallado “culpable”- tanto en este caso como en el juzgamiento a Pizzi hace poco más de cuatro años, se trató de audiencias “maratónicas”, de unas 12 horas cada una, lo que obviamente termina haciendo mella en la mente y físico de cualquier persona.
Bajo ese estado y sin dudas con la carga emocional que significa “hacer justicia” y definir el futuro de terceros, los integrantes del jurado deben deliberar para determinar si el imputado será declarado “culpable” o “No culpable”, fallo que obviamente debe surgir por mayoría.
No se necesita haber integrado un jurado popular para suponer que como en todo grupo, hay miembros que pueden influenciar en mayor forma para inclinar la decisión del resto, y que quizás algunos terminen “fallando” sin convicción total. Son doce personas en pugna, como la vieja película (1957) interpretada por Henry Fonda.
El efecto de los antecedentes
Entre las coincidencias de los casos de Pizzi y Bonavía, se dio el caso de que las víctimas eran personas que, más allá del despojo que les hicieran a sus victimarios, -herramientas en el primer caso y el celular de su hijo, en el segundo-, ya contaban con antecedentes penales. Es decir eran individuos que por su accionar rechaza gran parte de la sociedad.
Y ante esto puede plantearse otro interrogante: ¿Cuánto incide en la decisión de un jurado popular que el muerto sea un delincuente? Y dentro de una sociedad crispada como en la que vivimos aparecen las livianas y desaprensivas frases: “No se perdió nada” o “uno menos”.
Hay que tener una amplia conciencia, determinación y convicciones para establecer un fallo en un caso donde una persona le quita la vida a otra. Una tarea que incluso también comprende a los integrantes del Poder Judicial, que se han preparado profesionalmente para ello.
Precisamente miembros de este estamento, evaluando los resultados de los seis juicios por jurado que se han llevado a cabo hasta ahora en Necochea, han dejado en claro que la gente es “más audaz” a la hora de juzgar, no anda con tantos rodeos. Claro que es ahí donde aparece otra pregunta clave: ¿Se hace justicia?