No ensuciar antes que limpiar
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Sólo basta observar con detenimiento la vía pública, para darnos cuenta que reina la suciedad en veredas, frentes de casas y calles.
Se podrá esgrimir que estamos en la salida del otoño y por ende miles y miles de hojas alfombran aceras y calzadas. Aunque esto no significa excusa alguna para que la vía pública no luzca limpia.
Si hay una cuestión en la que ha sido visible la tarea de la actual administración municipal, es la disposición de cuadrillas de limpieza en las calles, preferentemente en las avenidas y zona céntrica.
Pero por más que se disponga de agentes para la labor de mantener limpia la vía pública, la extensión de la ciudad y su desperdigado territorio, hacen que ese trabajo parezca insuficiente o no termine notándose.
Sin embargo el cuadro de situación va más allá de lo que haga el Estado municipal y tiene como responsables principales a un nutrido grupo de frentistas, que no trepidan en ensuciar, por supuesto sin molestarse en limpiar.
Decíamos que con mirar con un poco de detenimiento el entorno impacta la suciedad que se observa. Latas de gaseosa o cerveza rodando donde el viento las lleve o aplastadas; restos de papeles, plásticos, envases que alguna vez contuvieron alimentos, cientos de colillas, escombros y la proliferación de heces de canes que sus irresponsables amos sacan a hacer sus necesidades a la calle sin levantar los excrementos, conforman un lamentable escenario.
A su vez, la tierra acumulada, las hojas putrefactas y las decenas de pérdidas de agua acompañan esta desoladora y negativa imagen de veredas y hasta de ingresos a varias casas.
La costumbre de barrer la vereda ha quedado prácticamente en el olvido. Lamentablemente pocos toman en cuenta la responsabilidad que tienen en mantener limpio el sitio que les corresponde y menos evita tirar en la vía pública basura.
Nos estamos acostumbrando, a veces sin darnos cuenta ni importarnos, a vivir entre la mugre, con lo que ello significa desde el punto de vista sanitario.
Pese a los esfuerzos del municipio, que no da abasto en esta cuestión, todos somos responsables de la suciedad reinante y que ha sido criticada por los turistas que llegan en verano y resto del año.
Muchos frentes de inmuebles descuidados o simplemente abandonados, cercos endebles y de mal gusto para proteger veredas de obras en marcha, árboles mutilados y pastizales de lo que se supone debería ser jardines también integran la triste foto y que se repite en Quequén.
Pendientes de otras cuestiones, nadie parece esmerarse por vivir en un mejor entorno. Existe una marcada desprolijidad y si se quiere, una falta de educación acerca de las normas de convivencia en una sociedad.
Mucho se habla que Necochea está estancada y abandonada. No alcanza con decir de la boca para afuera que se ama a la ciudad. En pequeños hechos como éste, de mantenerla limpia y agradable a la vista de quienes la habitan y nos visitan; sigue siendo hoy en día una asignatura pendiente.