“No hacemos asistencialismo, la caridad es un acto de amor”
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Rosana Gáspari empezó en Cáritas como voluntaria y ahora es directora del grupo Santa María del
“Empecé en Cáritas con una colecta anual de alimentos cuando acompañé a mi hija que en aquel entonces tenía 10 años y en marzo arranqué con las actividades por una necesidad muy personal que tenia de vincularme con la caridad y quería agradecer cosas que nos habían pasado en la familia”, comenzó su relato Rosana Gáspari, quien de empezar como voluntaria hoy es la directora del grupo de Cáritas Santa María del Carmen y es la representante de las Cáritas en la zona 4.
Sus hijos cursaban en el Colegio Pio XII y tenían 7, 11 y 17 años cuando Rosana tomó esta decisión. “A nivel familiar fue shockeante porque nunca había hecho algo similar y al principio llevaba una carga emocional importante a mi casa, porque no lograba separar lo que pasaba en Cáritas de mi familia y me llevó mucho tiempo aprender y ver los problemas de otra manera”, manifestó.
Inclusive reconoció que lleva mucho tiempo hablar con las personas y explicar que “no hacemos asistencialismo, la caridad es un acto de amor al prójimo”.
Para Rosana no fue nada sencillo al principio porque se encontraba con gente e historias difíciles de procesar. Al respecto recordó que “no es simple el camino pero creo que el amor al prójimo es una filosofía de vida, es un trabajo que se va construyendo y cuando se visitan los hogares das tiempo, contención y después alimentos”.
Asimismo, detalló que muchas veces reciben ojos llenos de lágrimas. “A lo largo del tiempo te consideren parte de su familia y se establece un vínculo de confianza con las personas, quienes nos cuentan cosas que no se las cuentan a nadie y es un momento de comunión con ellos”.
Este año fue muy diferente en cuanto a la metodología de trabajo por la pandemia y tuvieron que reorganizarse y llevar a cabo otra logística. Rosana indicó que “fue complicado organizarlo pero nos dimos cuenta que varias cosas funcionaron mejor”.
Al comienzo de la pandemia recibieron ayuda desde la secretaría de Desarrollo Social del municipio y desde la Dirección de Violencia de Género, con quienes trabajaron en red. “En este sentido nos sentimos más contenidos porque nosotros no podemos dar soluciones más allá de lo que podemos dar como contención religiosa y de esta forma al recorrer los hogares pudimos trasladar las necesidades a los organismos que pueden colaborar con estas familias”, puntualizó.
Este año desde Cáritas Santa María del Carmen han visitado a los adultos mayores en sus hogares ya que se encontraban aislados en sus casas por la pandemia. “Cada diez días les llevamos la bolsa de alimento o lo que teníamos en ese momento y ellos esperan con mucha ansiedad ese encuentro con nosotros porque muchos están solos sin sus familias”, aseguró.
Cáritas Santa María del Carmen lo integran catorce voluntarios internos, pero hay muchos voluntarios más externos, conformando un gran equipo.
La fortaleza de un grupo
Rosana es oriunda de Bahía Blanca, vivió mucho años en La Plata donde estudió fotografía en la Escuela “Vicente Viola” y se describió como una apasionada del baile flamenco, pero Cáritas le permitió conocer otro mundo, donde encontró grandes amigos.
“Siempre les digo “hoy salió todo perfecto, que genial”, trato de reforzar un acto mínimo de nuestra parte porque para las otra otras personas es muy importante. Destaco el rol que cada uno puede desempernar, dándoles espacio a la gente que viene a colaborar”, remarcó Rosana.
Asimismo aseguró que no todo es alegría, hay miedos e incertidumbre, pero en el equipo todos suman. “Hay personas jóvenes de 25 y 30 años y grandes de 40, 50, 60 y 70. Nos vinculamos con gente de todas las edades”, indicó y puntualizó que “lo más lindo es compartir con las otras Cáritas, las vivencias, nos contamos cosas y nos fortalecemos entre nosotros porque nadie viene de afuera a palmearte la espalda, somos nosotros mismos los que nos damos ánimo”.///