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    No hay regulación que pueda evitar la tragedia

    25 de diciembre de 2018 | 21:55
    No hay regulación que pueda evitar la tragedia
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    El impresionante número de vehículos que pueblan cada vez más kilómetros de playa y los diferentes comportamientos  individuales hacen que siempre estén latentes accidentes como el de ayer

    Ante una desgracia como la ocurrida en la víspera, en una jornada navideña donde el sol acompañó  refulgente hasta su ocaso, todo se enlutó en la playa con la lamentable pérdida de la vida de un niño de dos años. La triste realidad supera cualquier tipo de análisis, versiones y opiniones.
    Esta vez, a diferencia de otros accidentes, no fatales,  generados en zonas prohibidas para la circulación de vehículos- llámese camionetas 4×4, Jepps, cuatriciclos o motos- la tragedia ocurrió en un sector habilitado para
    tal fin, más precisamente en el sector de playa ubicado a la altura de
    avenida 2 y calle Pino del Japón.
    Se trata del espacio en el que desde hace años y cada vez con mayor
    extensión hacia el oeste, se puebla de cientos de vehículos y familias
    cada día apto para disfrutar de la playa, rodados que si bien se apostan
    en sitios permitidos, deben circular hasta allí o hacer constantes
    movimientos cuando quedan estacionados cerca del mar y la marea empieza a crecer o sus propietarios desean retirarse.
    Las reglas están establecidas en cuanto a los sectores para que bajen y
    suban los rodados, la velocidad en la que deben circular y la forma de  bajar y luego estacionar.
    Generalizando y sin entrar en un juicio de valor sobre lo ocurrido ayer, sin embargo, no todo es así y el poco acatamiento a las normas está
    enraizados en una buena porción de la sociedad. Vale detenerse un  momento a observar; y se verá pasar a motos a más velocidad de la prudencial, generalmente con  sus conductores sin cascos y haciendo  malabares para no caerse ante las enormes huellas que generan en la arena el recorrido de infinidad de vehículos.
    También, sobre todo cuando cae el sol y llega el horario de abandonar la
    playa, se ve a camionetas tomando carrera para intentar llegar a lo alto
    para subir a la avenida costanera, a veces sin lograr el objetivo y empezar a
    retroceder peligrosamente, ante el intento fallido.

    No privativo de Necochea

    Muchos apuntan al municipio por la falta de control, pero ¿es posible
    vigilar y cuidar a los rodados que pueblan la playa en un tramo de
    varios kilómetros? Se necesitaría un ejército de inspectores. Algo imposible.
    Nuestra playa ya ha sido escenario de otros accidentes con duras
    consecuencias físicas para sus víctimas. A modo de ejemplo se puede recordar cuando en la zona de médanos cercana a la Termoeléctrica un arenero pasó por sobre el cuerpo de una mujer que tomaba sol; o un par de motociclistas que fallecieron en horarios nocturnos, uno hace años al golpear con su rodado los restos del barco “Esito” sepultados en la arena cerca de la escollera; y otro hace poco tiempo, al embestir a alta velocidad una piedra en cercanías del muelle de Pescadores. Vale decir que los peligros acechan a cualquier hora.
    Los accidentes no son privativos de Necochea. Año a año se repiten, por
    caso, en playas ejemplo la de Pinamar, con cuatriciclos como protagonistas
    y también con pérdida de vida.
    Es que ante la enorme proliferación de camionetas y personas que se
    vuelcan desde el parador Kabryl hacia el oeste y desde calle 71 hacia la
    escollera, están latentes en forma continua los accidentes. Basta una
    distracción, un descuido para que ocurran.

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    Un suceso como el de ayer, en alguna medida, puede llegar a considerarse como previsible, más allá que éstos se produzcan por el infortunio que por un descuido. La razón es la cantidad de automotores de todo tipo que, en los últimos años bajan a la playa. En verano como en invierno, contaminando además la arena de aceite y mugre que trasladan en las cubiertas.

    La moda de llegar hasta la orilla con vehículos es una costumbre  que conlleva un alto riesgo aquí y en cualquier otro balneario,  siendo un verdadero problema de muy difícil solución, el que supone ir contra los gustos personales de gran parte de la población.

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