No me digas que no puedo hacerlo
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El joven nadador Axel Daraio concretó su sueño de competir en los Juegos Parapanamericanos y ahora va por más
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Adrian Stolarczuk
Redacción
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Con esa inconciencia propia de los jóvenes, Axel Daraio se metió en la historia de nuestro deporte participando en los recientes Juegos Parapanamericanos de Lima. Con apenas 20 años, fue el paso esperado, tras varios reconocimientos a nivel internacional con la selección argentina de paranatación. Y claro, no se conforma y se pone más objetivos importantes, como cualquier joven con todo por delante, sin importar las dificultades.
Sobre la reciente semana en Perú, donde compitió en tres pruebas representando al país, reconoció que ese ímpetu juvenil le jugó una mala pasada en sus aspiraciones: “Yo esperaba algo mejor. Pero después hicimos una evaluación con “Yuri” (Quaglia, su entrenador desde hace seis años), analizando el nivel que había y que era mi primera vez. (Lo bueno fue que) lo tomé tranquilo, no me puse nervioso. La cabeza estuvo muy concentrada”, afirmó.
Un condicionante para todo análisis fue la lesión muscular que sufrió nadando los 200 metros combinados, que casi le impiden presentarse en su última prueba. Fueron los coletazos de haber competido por primera vez en este nivel de exigencia y continuidad. “Fue una semana intensa. Sentí un pinchazo y me asusté porque nunca me había pasado. Pero seguí igual, no me gusta abandonar. Al otro día me levanté con una molestia importante. Yo no lo quería reconocer, les decía que estaba bien, porque me dijeron que si sentía alguna molestia me daban de baja. Pero me hicieron caminar y se daban cuenta que estaba rengueando”, comentó entre sonrisas. Pero hubo una solución “mágica”: “No podía pisar bien, hasta que un kinesiólogo de vóley me hizo sufrir, pero salí caminando bien. Casi me largo a llorar, pero me dijo que si quería salir caminando tenía que sufrir y así fue…”. Hoy en plena rehabilitación, espera volver la próxima semana a su ritmo de entrenamientos.
A modo de balance grupal, con Argentina superando la cosecha de hace 4 años de Toronto, explicó que “no esperábamos ese nivel. Brasil siempre está, pero la cantidad de nadadores canadienses, de Estados Unidos y de colombianos que crecieron mucho, vemos que se armaron bastante bien. Se rompieron muchos récords”.
“Entrenar el doble”
Daraio no sólo compite en la natación adaptada sino que se prueba varias veces en el año entre los convencionales a nivel regional o provincial, representando a la Asociación Deportiva Arenas. Con discapacidad en su brazo derecho, estar en esos tiempos, hablan de su calidad como atleta: “Tengo que entrenar el doble para poder estar en el mismo nivel que ellos (los convencionales), rara vez me tomo vacaciones. Entreno mañana y tarde cuando los demás lo hacen un solo turno muchas veces”.
Verlo competir entre nadadores convencionales puede sorprender a muchos. No aquí en Necochea, pero si cuando le ha tocado viajar. “Hay quizás un prejuicio cuando no me conocen. Me pasó el año pasado en Bahía Blanca, en un torneo de tres días con los chicos de Arenas. En los 200 combinados quedé primero en la categoría y me premiaron. Y un profesor de 60 años, se me acercó, era amigo de “Yuri” y me dijo que había tenido ese prejuicio de lo que podía hacer en la pileta. Me dijo “pensé que ibas a nadar mal, pero nadás muy bien, me cambiaste la mentalidad”.
De familia
Para Axel, su discapacidad no lo condiciona ante los demás: “Nunca lo pensé así, tuve la suerte de tener a mis viejos que me educaron como si fuera uno más. Si no me podía atar los cordones, me los tenía que atar yo sí o sí, aunque me llevara más tiempo. Hice fútbol, aunque era bastante pata dura, pero le ponía empeño. (Cuando era chico) era bastante gordito y el médico recomendó que empezara natación. Lo hice con Mauro Rattigan en pileta escuela. Y después los sábados con “Patos al Agua” que eran los chicos que venían de La Dulce. Empecé a progresar rápido y pasé de categoría en menos de 6 meses. Cuando iba promocionales, en 2013, quedé subcampeón (en los Juegos Parapanamericanos de la Juventud) y a partir de ahí pase al equipo con “Yuri”, que no me soltó más”. Y desde ese momento, la natación fue gran parte de su vida, aunque muchos de sus compañeros vayan creciendo y cambiando de hábitos. “Todos se van pero sigo firme. La mayoría se va a estudiar, o se cansan de entrenar. Yo no entiendo cómo se pueden cansar. Tengo la mentalidad de entrenar para estar a la par de ellos. Pero entiendo el sacrificio que es para el nadador como para la familia, porque son muy caras las cosas, los elementos de competición”.
Apoyo
En ese sentido, previo a la experiencia de Lima, Daraio agradeció el fundamental apoyo que recibió, en primer término desde el Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo: “Nos dieron un apoyo importante, para ir más aliviados. Tenemos cada uno una beca, según el ránking, y si sos finalista o medallista mejor”. En cambio, a veces se cierran las puertas. “La mayoría de los chicos de la Selección somos del interior, y la verdad que hay ciudades o provincias, como Santa Fe o Neuquén que les dan un apoyo importante (a sus nadadores). Se necesitaría tener apoyo de la Municipalidad, pero por el momento nada. En cambio, en el Consorcio del Puerto Quequén me dieron el ok en seguida y se portaron muy bien. Todos los elementos de competición que utilice en Perú me los compraron ellos, Pampa y Serrano, también me ayudaron. Es difícil conseguir sponsor. En el tema de las mallas me ayudó Duck, que es una marca de Buenos Aires, que también me dio una gran mano”, valoró.
Objetivo Tokio
Aunque la exigencia es muy alta, Daraio no duda en plantearse el máximo objetivo para el 2020. “Estamos entrenando aspirando para los Juegos Olímpicos, que quedan justo a 300 días, hay que tener la marca 60 días antes. Es algo duro y difícil dar las marcas (para poder clasificar). En los 100 metros pecho no tenemos muchas chances, las mayores están en los 200 combinados y los 100 espalda, que es una prueba que no preparo mucho pero siempre nos sorprende sin ser mi estilo”. Además de la puesta a punto en lo físico también se busca desde lo técnico: “estamos planificando quedarnos un poco más bajo el agua (en la largada) al límite de lo reglamentario, siento que puedo salir y dar el 100, pero lleva mucho trabajo en la parte aeróbica”. Y tiene claro además que el esfuerzo tiene premio igual: “Voy a intentar llegar a Tokio y si no lo logro, sé que soy joven y lo voy a seguir intentado. Mi entrenador me dice que aún no llegué a mi máximo potencial, llegué al 60 por ciento de mi explosión. No maduré bien aún. Soy un chiquito grande”, apunto sonriendo sobre sus casi dos metros de altura.
Cambio de categoría
Otro paso en su camino de ilusiones olímpicas será poder concretar un cambio de categoría, de la actual S9 a SB8. No son sólo números, sino las posibilidades de competir en igualdad física en el agua. “Me clasificaron mal. Uno de los (rivales) brasileños tenía los dos brazos y los demás teníamos un nivel de dificultad mayor. Presentamos una queja”. La expectativa es poder evaluarse el año próximo, con jueces de Canadá o Estados Unidos. Te sacas placas, te miden la fuerza en los brazos, si te perjudica o te beneficia para nadar, es un sistema de puntos. Es importante porque por mis marcas pasaría de estar 4° a 2° en el ránking americano, estaría adentro de los Juegos y el Mundial. Por eso estamos haciendo todo lo posible para entregar los papeles en tiempo y forma”.
Ser un “Yuri”
Para Daraio, la natación no es sólo competir en la pileta detrás de una marca, sino una manera de plantearse su vida. “Esta semana no hice nada (por la lesión) y siento que me falta algo. Con el entrenamiento me desenchufo de todo, soy yo y el agua”. Hoy está estudiando la carrera de Guardavidas: “Siempre me gustó la playa, nado aguas abiertas, me gusta cuidar a las personas, es toda una adrenalina estar ahí mirando y salvando gente”, apuntó quien también participa en torneos de salvataje en el verano. Y también piensa más allá en el tiempo: “Me gustaría ser entrenador como “Yuri”, ser un “Yuri”, afirmó con admiración sobre su entrenador Marcelo Quaglia, quien lo acompaña a cada paso. “Es una meta para más adelante, pero me gustaría formar a los chicos como él me formó a mí, no sólo como nadador sino como persona”. Otra meta que no se mide con un cronómetro, pero vale más que una medalla.