No se respeta a nadie
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El por momentos penoso encuentro que mantuviera días atrás el intendente Arturo Rojas con un grupo de transportistas, intentando destrabar un conflicto de los últimos, con la prepotente toma de la vía pública de por medio, fue otra muestra palmaria de la crisis de valores y falta de educación en la que se encuentra gran parte de la sociedad argentina.
En el fragor de las discusiones y pases de factura, el jefe comunal fue víctima de un avasallamiento verbal, incluyendo descalificaciones y algún que otro epíteto de alto calibre, por parte de la mayoría de una veintena de propietarios de camiones que decidió atender en el salón de actos de la Municipalidad.
Visto el tenor del intercambio, en el cual no se llegó a ninguna solución y que por poco no pasó de las palabras a los hechos, es probable que Rojas se haya arrepentido de exponerse a la ciega furia de los demandantes; de no haber propuesto recibir a unos pocos representantes o que un funcionario de primera línea de su gobierno lidiara con ellos. Eso, en definitiva, es algo que atañe al propio Intendente. Pero lo más grave es que el incidente significó una alta falta de respeto a la investidura de quien ejerce la conducción del municipio.
Que cualquier ciudadano, por más que crea que le asiste la razón, le grite en la cara y discuta en forma poco civilizada con el Intendente y ante la presencia del periodismo, que lo trasmite y lo observa el resto de la sociedad, incluyendo a niños y jóvenes, no es un buen ejemplo por cierto. Asimismo, abre las puertas para que de aquí en más cualquiera que tenga un planteo o diferencia con el jefe comunal, lo insulte o ataque sin miramientos.
No se trata de ser pacatos o anticuados, pero cuando se vulneran los límites del respeto y la vida civilizada, todo se empieza encaminar hacia la aplicación de la ley de la selva, la del todo vale. Algo extremadamente reñido con la democracia.
Más allá de los ribetes tragicómicos de la reciente reunión, en este caso con la máxima autoridad de la ciudad como protagonista, la falta de respeto hacia el otro viene en rápida escalada.
La clave para corregir estos comportamientos que a la larga terminan en enfrentamientos de distinto tenor, sin dudas es educar a quienes serán los futuros ciudadanos mayores. Es un trabajo que hay que empezar ahora mismo y el Estado lo debe tomar como algo prioritario. Tratando, por ejemplo, que haya clases presenciales. Ya no alcanza con la idiota ilusión de que de la pandemia vamos a salir mejores personas. Los hechos de la vida diaria en la Argentina reflejan claramente que no será así///.