Nochebuena: ¿menú frío o caliente? Platos, bebidas y claves para evitar excesos
El calor del verano, la abundancia y las largas sobremesas convierten a la cena de Nochebuena en un desafío gastronómico. Qué conviene servir, cuáles son los platos más elegidos y qué recomendaciones tener en cuenta para disfrutar sin terminar agotados.
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La cena de Nochebuena es uno de los rituales más arraigados de las fiestas de fin de año. La mesa se convierte en punto de encuentro, celebración y memoria familiar. Sin embargo, en un contexto marcado por las altas temperaturas y la multiplicación de platos, surge una pregunta recurrente: ¿es mejor optar por un menú frío o caliente?
Desde el punto de vista gastronómico y nutricional, la recomendación es clara: el menú frío o mixto resulta el más adecuado para el clima de diciembre en gran parte del país. Las entradas frías permiten comer con mayor liviandad, facilitan la digestión y evitan la sensación de pesadez que suele acompañar a los platos demasiado contundentes. El menú caliente, en cambio, puede mantenerse presente, pero limitado a uno o dos platos principales.
Entre los platos que lideran el ranking de las mesas navideñas aparece, una vez más, el vitel toné, clásico indiscutido de la Nochebuena argentina. Le siguen la ensalada rusa, el matambre arrollado y las carnes frías, como peceto o roast beef, siempre acompañadas por salsas suaves y vegetales. En un segundo escalón se ubican la pavita o el pollo relleno, opciones más livianas que otras carnes. El lechón o el cordero, tradicionales en muchas familias, quedan reservados para porciones pequeñas, dada su alta carga calórica.
Las ensaladas frescas, con hojas verdes, tomates, frutas o frutos secos, cumplen un rol clave en el equilibrio del menú, aportando frescura y alivio frente a platos más pesados.
En cuanto a las bebidas, el ranking es encabezado por el agua, tanto natural como con gas, fundamental para la hidratación y la digestión. Le siguen los vinos blancos y rosados, más frescos y acordes al clima, y los espumantes brut o extra brut, que pueden disfrutarse no solo en el brindis, sino también durante la comida. Las cervezas suaves y las bebidas sin alcohol completan la oferta, mientras que el consumo excesivo de alcohol aparece como uno de los principales factores que favorecen los excesos en la mesa.
Para disfrutar de la noche sin malestares, los especialistas recomiendan servirse porciones pequeñas, comer despacio, alternar las bebidas alcohólicas con agua y priorizar un solo postre, preferentemente fresco. También resulta clave evitar llegar con demasiada hambre a la cena y mantener cierto movimiento durante la velada.
En definitiva, la Nochebuena no se mide por la cantidad de platos, sino por la calidad del encuentro. Un menú bien pensado, equilibrado y adaptado al clima permite llegar al brindis con energía y disfrutar plenamente de una de las noches más especiales del año.
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