Notas de color de la jornada cívica
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La urna al auto
Tal cual acontece en todas las elecciones, en varios lugares de votación se llevaron las urnas a los autos, para que pudieran sufragar las personas con dificultades de desplazamiento.
Uno de los casos se produjo al mediodía en la Escuela Nº 12, sita en calle 62 entre 51 y 53, oportunidad en la que dos efectivos policiales le alcanzaron a un hombre las planillas para que pudiera firmar luego de haber votado seguramente en el auto también.
El vecino se encontraba de acompañante en un Fiat Uno y había pedido que le den una mano por no poder bajarse. Los oficiales se mostraron amables, sonrientes y con buena predisposición para colaborar.
¿Por mamá o por papá?
Miqueas Nosek, de 16 años, vivió un domingo distinto. Es que por primera vez fue a emitir su voto y con una situación llamativa: sus progenitores, Andrea Cáceres y Pablo Nosek encabezaron ayer como precandidatos a concejal en primer término a las listas 4 de Unidad Ciudadana y Valores para mi País, respectivamente.
El joven sufragó en el Colegio Capuchinos a primera hora de la tarde. Tras introducir el sobre en la urna recibió el tradicional aplauso y sonriente se retiró junto a su papá. ¿A quién habrá votado?
Pablito, a pura sonrisa
A las 15.15 de ayer, en el largo pasillo de la Escuela de Educación Técnica Nº 2 se lo vio al reconocido ex jugador de voleibol de Luz y Fuerza y campeón de la Liga Nacional, Pablo Meana, quien se acercó a la mesa 109 de ese establecimiento para emitir su voto.
“Contento de poder participar en democracia y elegir a quienes serán los candidatos en octubre venidero para el Concejo Deliberante”, fueron las palabras del ex libero de la Selección Argentina de Voley.
Cuando el presidente de la mesa le entregó el sobre a Meana, éste ingresó al aula número 7 y tras elegir a sus candidatos salió del cuarto oscuro con una sonrisa en su rostro para depositar el sobre en la urna.
Pablo, ahora entrenador, saludó a varias personas que se cruzaban en el camino y continuó viaje a su domicilio para aprovechar junto a los suyos lo que quedaba de la tarde soleada del domingo.
Una belleza en la mesa de Rodríguez Saá
La mesa 86 de Necochea se hizo famosa en las elecciones de 2003, cuando Alberto Rodríguez Saá anunció que su hermano Adolfo había ganado en la misma, graficando una tendencia que por supuesto no se cumplió.
Los medios de todo el país se hicieron eco del exabrupto y quedó en la memoria colectiva.
Dicha mesa ayer estuvo ubicada en la Escuela Nº 7 y esta vez, obviamente sin tanta trascendencia pero igual levantando varios comentarios y miradas masculinas, sobresalió la presidenta de la misma, una más que atractiva joven, que con una sonrisa extendía el sobre firmado a cada votante.
Niños buscavidas
Tal cual ocurriera en las elecciones de 2015, en la jornada de ayer varios niños se ubicaron a la entrada de la escuela Nº 31 de Quequén, donde se votaba, con una misión: ofrecer sus “servicios” a quienes entraban a sufragar, para cuidarles el auto o moto en la que llegaban.
Los chicos, residentes en el barrio recibieron varias propinas y se fueron más que satisfechos.
Urnas en las sillas
En la Escuela Nº 3 hubo en la víspera cuatro mesas, con una particularidad: los presidentes se pusieron de acuerdo y la urna no se ubicó sobre los pupitres sino en sillas colocadas delante de los mismos. De esta manera cada votante debió agacharse para introducir el sobre a la caja.
En cuanto a variantes en las escuelas, a diferencia de todas las elecciones anteriores, en la que había no menos de doce mesas, esta vez en el Colegio Nacional sólo se dispuso cuatro.
Muchos ciudadanos acostumbrados a sufragar allí llegaban y se desayunaban que los habían cambiado de lugar, al mirar los padrones y se presentaban alguna que otra queja al vicedirector del establecimiento, Ariel Gamboa, quien pacientemente les indicaba dónde debían ir.
¡Aplausos, aplausos!
En el Colegio Nuestra Señora del Rosario, los votos se realizaban en el piso superior y, para que no se haga cola en las escaleras, los votantes debían esperar abajo.
Lo curioso es que, alrededor de las 10.30, en las mesas 91, 92, 94, 95 y 96 no había nadie en las filas y los votantes que llegaban podían pasar derecho. Sin embargo, los que tuvieron la mala suerte de estar en la mesa 93 debieron esperar un buen rato. Incluso todos aplaudían tan fuerte cuando hacían pasar a uno de esa fila que se escuchaba el ruido desde el cuarto oscuro en el piso superior.