“Nuestro objetivo es cerrar el merendero”
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Según Marcelo Rodríguez, creador de Granito de Arena, lo ideal sería que cada vez menos gente tuviera que recurrir a la ayuda alimentaria
“Nuestro objetivo es cerrar. Si se cierra un merendero es porque la cosa anda mejor”, afirmó Marcelo Rodríguez, que hace dos años y medio comenzó a darles la merienda los sábados a la tarde a los chicos de su barrio.
Después de la pandemia, cuando merendero Granito de Arena llegó a ayudar a unas 40 familias del barrio con bolsas de comida, el próximo sueño es brindar cada vez menos ayuda. “El objetivo fue siempre ese: que la gente no tenga la necesidad de venir a pedir comida”, afirmó Rodríguez.
Por los chicos
El merendero Granito de Arena surgió de manera espontánea a principios de 2019. En abril de ese año Marcelo Rodríguez decidió hacer algo por ayudar a algunos chicos del barrio.
Pero como no quería que todo quedara en un proyecto, decidió hacerlo ese mismo día y invitó a los chicos a su casa a merendar.
Así este enfermero que siempre se había preocupado por ayudar a personas que veía en la calle juntando cartones o pidiendo, creo de un día para otro un merendero el garaje de su casa, en la calle 73 entre 78 y 80.
Unos meses más tarde, además del merendero ya también funcionaba en el lugar un roperito solidario.
“Hace años que queríamos hacer algo más por la comunidad”, dijo Marcelo Rodríguez a Ecos Diarios en una nota realizada en julio de 2019.
En esos días el merendero abría las puertas todos los sábados, días en los que los chicos del barrio no pueden concurrir a los comedores de las escuelas ni a otros merenderos del sector.
Marcelo contaba con la ayuda de su hija, su madre y su pareja. Entre los cuatro formaron el merendero “Granito de Arena”.
Al conocer su iniciativa, la comunidad comenzó a colaborar con ellos y empezó a donar mercadería y ropa. “Nosotros no hacemos esto solos, somos un puente”, dijo Marcelo.
Entonces llegó la pandemia…
Seguir ayudando
“Con la pandemia nos tuvimos que reformar. Empezamos a hacer comida, llevarla en el auto y a entregarla casa por casa”, explicó Rodríguez.
En ese momento la preocupación dejó de ser brindar ayuda a los chicos que durante los fines de semana no podían concurrir al comedor escolar, con la pandemia el problema era más grave.
“No podíamos dejar a la gente sin ayuda. Los padres de los chicos vivían de changuitas y las mamás trabajaban por horas”, explicó.
Mientras que con la cuarentena cada vez más gente necesitó de ayuda alimentaria, también cada vez más personas ayudaron.
Las personas que habitualmente colaboraban con el merendero comenzaron a entregar más alimentos.
Así Marcelo junto a su hija Valentina, su madre Dora Theisen y su pareja Lilia Sanzana, recibieron la colaboración desinteresada de Florencia, que se sumó al equipo para ayudar a preparar las bolsas de alimentos.
“Los chicos del club Mataderos nos ayudaron con bolsas de alimentos”, señaló Rodríguez, quien explicó que la mayor parte de la colaboración llegó desde el principio de particulares: “Gente como nosotros”.
Cuando la pandemia comenzó a aflojar, esta familia solidaria se dio cuenta de que el merendero ya no tenía mucho sentido, pero siguieron colaborando con las familias que ya ayudaban, aunque poco a poco comenzó a descender el número de bolsones.
“Cuando pudimos sacamos la mesa afuera y empezamos a hacer las entregas ahí”, explicó Marcelo.
Si bien el número de bolsos que entregan se ha reducido a la mitad, siguen tratando de reforzar el contenido.
“En estos días gente del Colegio de Hermanas va a venir a traer pollos frescos para Navidad”, señaló Marcelo.
Aunque ayudar es una gran satisfacción para él y su familia, el ideal para ellos sería tener que dejar de hacerlo pronto. “Cada uno debería poder comer lo que quiera”, dijo Marcelo.