"Nunca buscó lugares de privilegio, su lugar puesto por Dios es el que amó hasta el final"
Emotiva despedida de Justino Fernández en la Medalla Milagrosa
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2023/12/despedida_justino_fernandez.jpeg)
El calor no impidió que la gente vaya a la parroquia de la Medalla Milagrosa a despedir a quien en vida fuera el sacerdote Justino Fernández. La emoción se notaba tanto en los fieles que se acercaron como en los curas que llegaron desde distintas partes de la Diócesis de Mar del Plata.
En 57 años de sacerdocio, Justino conoció a mucha gente. Por eso, las cuadras alrededor de la parroquia se llenaron de vehículos.
Alejandro Martínez, párroco de Nuestra Señora de Lourdes, fue el asignado para dar las palabras de despedida y no pudo evitar emocionarse al recordar anécdotas de quien fuera también su amigo y el encargado de enseñarle muchas cosas que luego le han servido en su camino sacerdotal.
“La vida no se mide por la cantidad de años, sino por la intensidad con que fueron vividos", dijo Martínez para luego asegurar que "la vida de Justino fue vivida con mucha intensidad y que “un testimonio de eso era su corazón débil humanamente pero fortalecido por el poder de Dios”.
“Nos toca despedir a un padre, hermano y amigo del camino, porque en la fraternidad sacerdotal también tenemos amistades más profundas, y a mi me tocó esa realidad, entonces me toca despedirlo como un amigo del camino. Por un lado está la tristeza y el dolor que se produce por la partida física del ser querido y, por el otro, la alegría que es el fruto de la esperanza, porque ya llegó. Después de un caminar al que le destinó toda su vida, ya llegó y está contemplando cara a cara a nuestro amado Señor”, dijo el padre Alejandro, con la voz entrecortada por momentos por la emoción.
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2023/12/justino_fernandez_despedida.jpeg)
La iglesia que soñaba
En un momento de sus extensas palabras de despedida, Martínez habló de los deseos de Justino Fernández respecto a la Iglesia.
“Le salía por todos los poros el amor por esta Iglesia renovada y evangelizadora. Fue un soñador. Se imaginaba una iglesia que, tal vez, le estaba costando. Una iglesia abierta, fraterna, misionera, cercana y pobre. Por eso si algo tuviese que agradecerle sería ese corazón soñador y transmisor de los sueños de Dios. Fue un maestro”, aseguró el párroco.
Hasta el último segundo
“Nunca hay que quedarse con el último capítulo. La vida fue siempre plena y pude ir viendo, entre mate y mate, el paso de sus años que se van deteriorando pero el corazón sigue enamorado”, dijo Martínez, haciendo referencia a su amor por difundir la palabra de Dios.
"El Señor le indicó dónde debía estar. Justino, en 57 años de vida sacerdotal, nunca buscó lugares de privilegio, no buscó nunca escalar. Su lugar puesto por Dios es el que amó hasta el final", aseguró.
“El padre Justino sembró muy bien en la vida de muchos de nosotros, con su personalidad y con su carácter, pero sobre todo con su gran amor a Dios y a la Iglesia. Fue un gran educador de la Fe. Un gran catequista. Daba su vida. Lo hizo incluso en tiempos de pandemia. Quería que la catequesis no se pierda en esos años, quería llegar a las familias", señaló.
Fue allí cuando Martínez pidió disculpas por detenerse en un hecho que “no es triste, pero es una realidad”, que fue el momento en que lo encontró sin vida. “Yo estaba por salir a celebrar la misa y, cuando me avisan, le digo a Fernando, el diácono, que me acompañe. Cuando llego no estaba descompuesto, sino que ya había fallecido. Estaba sentado frente a su computadora, mandando el mensaje de los sábados de la catequesis. Me impresionó muchísimo y digo: 'Justino, partiste en tu ley. El Señor te concedió esta Gracia de seguir siendo el eco de Dios”, indicó emocionado Alejandro Martínez.///
Para comentar, debés estar registradoPor favor, iniciá sesión