“Nunca es tarde para empezar a cuidar nuestra salud”
Sabrina Sánchez fue entrevistada en el programa “Desde Temprano”
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Rocío Magalí Sánchez
Para Ecos Diarios
En la ciudad hay historias que laten fuerte y que contagian energía y motivan a animarse a más. Una de ellas es la de Sabrina Sánchez, dueña de Strong Center, instructora de Strong e impulsora de un estilo de vida que va mucho más allá del ejercicio físico: una forma de estar en el mundo con fuerza, constancia y alegría.
Sabrina es madre, abuela, amiga y, como la describen quienes la conocen, una mujer con “mucha energía”. Esa intensidad se refleja en cada una de sus clases, donde el entrenamiento no se limita a transpirar y quemar calorías, sino que se convierte en un espacio de motivación compartida. “Strong significa fuerte, y justamente la clase es de alta intensidad. Pero más allá de eso, cada alumno puede graduar el esfuerzo y encontrar su propio límite”, explicó.
La historia de Sabrina tiene un recorrido particular: fue madre a los 17 y a los 20 ya tenía dos hijos. Hoy, con 44 años, disfruta de una nieta de seis. “Arranqué muy joven, me adelanté a las etapas”, dijo con una sonrisa. Esa experiencia, lejos de ser un obstáculo, la convirtió en una fuente de motivación para otros.
“Yo pisé un gimnasio por primera vez a los 35 años”, recordó. No había tenido problemas de peso ni una historia vinculada al deporte de alto rendimiento. Su vida hasta entonces se había repartido entre el trabajo, la familia y las responsabilidades que la maternidad temprana le impuso.
El primer acercamiento al movimiento fue casi de casualidad: una invitación a jugar al vóley, deporte en el que había destacado en la secundaria. Luego vinieron nuevas experiencias, como el Kangoo Jump –esas botas con resorte que permiten saltar–, la salsa, la bachata, las competencias, y más tarde, el gimnasio y la musculación. “La base de todo es la fuerza. Como en la danza clásica, donde la base es la técnica, acá es la musculación”, contó.
El nacimiento de una pasión
La llegada al Strong también fue inesperada. Tras obtener la certificación de Zumba casi por acompañar a una amiga, Sabrina descubrió el programa que combinaba técnicas de combate con entrenamiento funcional. Ahí sintió el verdadero flechazo. “Eso era lo mío: tirar golpes y darlo todo”, expresó.
El camino no fue sencillo. Empezar a dar clases a los 37 años, sin provenir del mundo del fitness y parándose frente a grupos numerosos, implicó vencer miedos e inseguridades. Pero la energía, la sonrisa y la autenticidad hicieron que sus clases se llenaran rápidamente. “Podés ser el mejor técnicamente, pero si no generás nada, no sirve. Tenés que inspirar”, afirmó.
Uno de los mensajes más fuertes que transmite Sabrina es que entrenar no se trata solo de estética. “La actividad física es salud integral. No es solamente querer llegar a una meta o lograr hipertrofia. Es ir y sentirse bien, pensar en la calidad de vida que vamos a tener cuando seamos adultos mayores”, explicó.
Ese compromiso también lo transmite a sus profesores en el gimnasio: la importancia de motivar, de hacer que cada persona tenga ganas de volver. “Podemos marcar la técnica al 100, pero si no lográs que quieran venir, no sirve. Ahí está la diferencia entre un buen profesor y uno más o menos.”
Inspirar con el ejemplo
Cuando se le preguntó qué le diría hoy a aquella joven madre de 20 años, Sabrina no dudó: “Le diría que estaba haciendo todo bien. Siempre me rompí para salir adelante. Si tenía que trabajar en tres lugares y dormir tres horas, lo hacía. El objetivo eran mis hijos.”
Por eso, para Sabrina, nada tiene que ver con la suerte. Todo es resultado del esfuerzo, la disciplina y la decisión de rodearse de las personas correctas. “La gente llama suerte a lo que en realidad es trabajo y constancia”, indicó
Hoy, en cada clase de Strong, Zumba o musculación, Sabrina Sánchez transmite mucho más que técnicas de entrenamiento. Transmite energía, inspiración y la certeza de que siempre se puede empezar.
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