Obligados a abandonar su lugar en busca de futuro
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La problemática de los jóvenes residentes en zonas rurales no es nueva. La falta de trabajo los empuja a vivir en zonas urbanas. Los que logran estudiar, muy pocas veces regresan
“Siempre tenemos el mismo número de habitantes, unos 400”. La frase pertenece al delegado municipal de Ramón Santamarina, Angel Molvert.
Como todas las pequeñas localidades del distrito de Necochea y la región, la migración de los jóvenes hacia los grandes centros urbanos es un fenómeno naturalizado, que difícilmente se pueda revertir.
Semanas atrás la Mesa de Juventudes de Coninagro, el Ateneo CRA, Juventud FAA y el Ateneo de la SRA dio a conocer un documento que refleja la preocupación por «el desarraigo y la migración casi obligatoria del campo a la ciudad que viven los jóvenes por falta de oportunidades».
En el marco de un ambiente político convulsionado por las PASO y las próximas elecciones generales, el documento plantea propuestas «a quienes buscan conducir el país nuestras preocupaciones en forma de propuestas».
Una problemática
“Lo bueno es que tenemos la Escuela Agraria, que hace provoca un movimiento de jóvenes importante. Por lo menos hasta 7º año los tenemos acá”, dijo Angel Molvert, delegado municipal de Ramón Santamarina.
“Después eligen una carrera y se tienen que ir por razones de trabajo”, afirmó. “Es una problemática común a todos los pueblos, hay pocas changas. Hasta hace unos años los campos más chicos eran los que generaban más trabajo, pero lamentablemente eso ha cambiado”, explicó
Molvert señaló que los jóvenes comienzan a buscar trabajo en los campos de los alrededores y luego van ampliando el radio de búsqueda. Finalmente muchos tienen que emigrar a otras localidades o directamente a grandes ciudades.
En el caso de los jóvenes de Ramón Santamarina los destinos más comunes son San Cayetano o Necochea.
Los que pueden irse a estudiar a la universidad difícilmente regresen a la localidad, aunque siempre sientan nostalgia del pueblo y con los años muchos de ellos decidan regresar.
Mirar al futuro
Entre las propuestas realizadas por la Mesa de Juventudes, se encuentra la de recopilar los datos actuales del sistema educativo rural, que permitan identificar los números reales de jóvenes que hoy tienen acceso al nivel secundario y universitario, con el objeto de poder desarrollar un esquema de políticas públicas de mediano y largo plazo eficientes para paliar una problemática que se parece agravarse con el paso de los años.
Por ello se propone promover y publicitar una educación que no requiera la presencia física en el establecimiento educativo salvo en instancias excepcionales, como las evaluativas.
Y también profundizar y acelerar la modernización de la currícula académica en los colegios agrotécnicos a través de la incorporación de materias que recurran a la lógica para potenciar la eficiencia que logran las nuevas tecnologías.
Además, certificar, centralizar y visibilizar la educación no formal que otorga un valor agregado a la carrera del trabajador rural.
Pero conscientes de que para lograr que la educación pueda llegar a las zonas rurales se requiere de las nuevas tecnologías, la Mesa de las Juventudes plantea la necesidad de acceso continuo a la red digital a bajo precio como una necesidad primaria trasversal. Vinculado a la educación, al suministro de herramientas de trabajo, a la comunicación, al contacto con las tendencias y pautas de consumo y al emprendimiento.
En este sentido, estar conectado a la red puede ser un gran factor para aumentar la calidad de vida de los jóvenes rurales.
Pero por otra parte se proponen la creación de foros de jóvenes del sector del campo que integre las juventudes organizadas; facilitar espacios sostenibles en el tiempo de diálogo público-privado con capacidad de acción concreta y de debate de ideas relacionadas a la constitución de un proyecto de país a largo plazo.
Jóvenes rurales
La Fundación La Dulce desarrolló durante varios años el programa Juventud Rural que reconocía a los jóvenes rurales como Capital Social y Humano Estratégico para el desarrollo de la región.
Entre los fundamentos del proyecto se contemplaba el abordaje de la problemática a través de la creación espacios de participación para los jóvenes y potenciar otras instituciones que persiguen los mismos fines.
El programa funcionó durante varios años con un valioso aporte de contención a los jóvenes de la zona rural, pero en la actualidad no se realiza.
Lamentablemente no existen muchas experiencias como esa. A fines del año pasado el INTA difundió un estudio titulado “La continuidad del joven rural en su medio y su relación con la mano de obra”, firmado por María Zulema Barilari, Roberto J. Siolotto, María Isabel Tort y Carolina Estelrrich.
“Este trabajo surge de la preocupación de pequeños y medianos productores por el persistente éxodo de jóvenes, lo cual deriva en la escasez de mano de obra para las tareas rurales”, señalaba el documento.
Si bien la investigación en Bolívar y apuntaba a la problemática específica de ese distrito, lo cierto es que es un fenómeno que se puede ver en todo el interior de la provincia Buenos Aires.
Tanto allí como aquí, la opción para los adolescentes que terminan sus estudios secundarios parece ser estudiar una tecnicatura o carrera universitaria, trabajar con su padre en la empresa familiar o buscar empleo en otra empresa rural o urbana.
“Algunos padres sienten que se quedan solos, que se corta la transferencia de conocimientos y el trabajo productivo”, señala elestudio.
Indica también que “cuando los jóvenes llegan a ser profesionales agropecuarios, si se dedican solamente a la empresa familiar por un lado limitan su campo laboral y por el otro pueden resguardar e incluso acrecentar el capital familiar. O bien asesorar su empresa y otras a la vez, pero el trabajo físico continúa recayendo en los mayores”.
“Otra alternativa es insertarse en el mundo laboral en empresas de insumos, agronomías o
semilleros pero algunos sienten que así, en lugar de desarrollar su profesión, se transforman en vendedores”, señala.
“La opción de no estudiar y continuar en el establecimiento familiar no exige al joven salir a buscar un empleo pero pueden surgir otros aspectos problemáticos, como la relación con el padre, el desconocimiento de códigos laborales, de sus recursos y capacidades personales a desplegar”, indica el documento.
“Incluso los jóvenes que dejaron el medio rural continúan sintiéndose identificados con el
‘ser rural’ aunque estén en una actividad urbana”, señala el trabajo.
Y concluye que “los jóvenes observan que los productores se sienten vulnerables pues no pueden predecir ciertos aspectos de su actividad, como factores climáticos, falta de infraestructura, precio de la producción, aspectos legales, resultados de su producción e ingresos por lo cual tampoco pueden controlar la situación. Por estos motivos muchos
jóvenes valoran la tranquilidad de recibir un sueldo a fin de mes, aunque dentro de los que continúan en la actividad prima el gusto por lo rural”.
Caso Santamarina
El delegado Molvert señala que en Ramón Santamarina muchas cosas podrían cambiar si se crearan fuentes de trabajo. En la actualidad la población no cuenta con una panadería ni ferretería, por ejemplo.
La distancia que separa al pueblo de la ruta 228 también es un problema, a pesar de que en los últimos años se ha realizado una obra de alteo del camino de acceso que solucionó gran parte de los problemas de aislamiento que causaban las malas condiciones climáticas.
Señaló que “se han hecho muchas cosas”, pero se “podrían hacer muchas más”.
Esta localidad que se identifica con la Fiesta Provincial del Girasol alguna vez soñó con agregarle valor al girasol que se producen en los campos de sus alrededores.
El conocimiento generado por la Escuela Agropecuaria sería una gran herramienta para poder llevar adelante esa idea.
Esto coincide con lo planteado por la Mesa de Juventudes de Coninagro: “fomentar y acompañar a los jóvenes que quieran emprender con políticas de financiamiento, capacitaciones y especialmente acompañando a la evaluación de factibilidad de proyectos”.
“Una vez ya establecido el emprendimiento brindar apoyo y seguimiento para que los jóvenes puedan expandirse y adquirir tecnologías que eficienticen los resultados de sus emprendimientos”, agrega la propuesta.
Sin embargo, al falta de iniciativas públicas que permitan llevar adelante ideas como estas hacen que los jóvenes deban seguir migrando para estudiar y trabajar.
Aunque muchos de los que ya se fueron desearían volver a su pueblo.
Molvert señala que un grupo de exvecinos de Ramón Santamarina que se encuentran en contacto a través de las redes sociales siempre se reúne para comer e incluso para colaborar con las instituciones del pueblo.
“La gente lo dice: Cómo se extraña el pueblo, me encantaría volver”, relató Molvert. Y contó el caso de un exresidente que hace poco volvió a radicarse con su familia a Ramón Santamarina.///