Obras inconclusas que están abandonadas desde hace años
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Se trata de estructuras frente al río y al mar, que están en desuso. No se demuelen, pero tampoco hay proyectos para reflotarlas
En distintos sectores de la ciudad, hay edificios en desuso, en la Villa Díaz Vélez, en el centro, en Quequén. Grandes inmuebles que tuvieron su momento de esplendor, donde funcionaron fábricas, hoteles, balnearios, cines, y hoy están vacíos y arruinados. Sin embargo, no son las únicas estructuras en desuso. También están las otras, las que nunca se terminaron de construir, las que nunca fueron más que un pedazo de hormigón.
Solamente a la orilla del mar y del río, hay dos obras inconclusas: una en la ribera del río que quiso ser un Polideportivo y otra frente al mar en Quequen, donde se proyectaba la sede de la Estación Hidrobiológica.
En ambos casos, las estructuras quedaron abandonadas y sin proyectos por delante. Y lo peor, es que tampoco se las termina de demoler, sino que quedan como parte del paisaje, contaminando la visual y juntando basura. A veces también, se constituyen en un riesgo para los habitantes porque más de uno se trepa, sin medir las consecuencias.
Pensando en aquellas obras inconclusas que quedaron tocando el agua, no podemos dejar de mencionar el muelle de los pescadores que, si bien llegó a utilizarse en algún momento, en realidad nunca estuvo terminado. Hoy, sólo queda menos de la mitad de lo que era y unos cuantos escombros que aún asoman en el mar.
Cada una de las estructuras, si bien no son más que restos inservibles, tienen su historia que algunos todavía recuerdan y otros, los más jóvenes, desconocen totalmente.
Polideportivo
En 1981 empezó a cobrar vida la idea de construir un polideportivo en un predio de 6 hectáreas a la vera del río Quequén, en el terreno contiguo al entonces Liceo Naval Militar. La intención era contar con un amplio complejo, con canchas para varios deportes, pileta climatizada, pista de atletismo, salón de usos múltiples y un gimnasio para 4.500 personas.
Impulsado por la dictadura militar, en este caso a través de la Armada, se tramitó un subsidio en el Ministerio de Bienestar Social de la Nación, por unos 10 mil millones de pesos de entonces.
La comuna que, por entonces encabezaba el contador Ernesto Díaz, autorizó la construcción, pero no cedió las tierras. En cuanto al edificio, se había determinado que pasaría al patrimonio provincial.
Tras una licitación a la que se presentaron diez empresas, la obra quedó a cargo de Villanueva y Zorzi y se puso en marcha a mediados de 1982. Sin embargo, la inflación y por ende la falta de fondos, detuvieron a fines de 1983 la obra.
En los años siguientes, hubo algunos intentos de reflotar el proyecto, pero todo quedó en la nada. Las intenciones más firmes vinieron de la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (Uatre), pero finalmente tampoco prosperaron. En aquel momento, el gremio inició una disputa con la Municipalidad conducida por Daniel Molina, que incluso terminó en la Justicia.
Estación hidrobiológica
Desde principio de la década del sesenta, un grupo de vecinos empezó a gestar la idea de construir una moderna sede para la Estación Hidrobiológica de Quequén.
El proyecto se empezó a concretar cuando el municipio de Lobería, al cual por entonces pertenecía Quequén, donó en 1971 un terreno frente al mar, en inmediaciones al hogar Stella Maris.
Ese mismo año, se llamó a concurso de proyectos, el que fue ganado por el estudio de arquitectura “Otaola, Grin y Asociados”, de Buenos Aires. Nueve años después se presentó la maqueta del majestuoso edificio, que contemplaba dos pisos, en los cuales funcionarían laboratorios, acuario, sala de exposición, auditorio, biblioteca y comodidades para alojar a científicos y alumnos de otras comunidades.
El dinero sería girado por la Dirección Nacional de la Arquitectura Educacional, dependiente del Ministerio de la Nación.
Lamentablemente en 1982, cuando ya se había levantado el 90% del hormigón armado, la falta de fondos hizo que la construcción se paralizara y tiempo después, se rescindió el contrato.
Actualmente, la estructura, que es propiedad del Museo de Ciencias Naturales de Buenos Aires “Bernardino Rivadavia”, está totalmente abandonada y no hay un proyecto para desarrollar en el corto plazo.
Muelle
El muelle de los pescadores desde que se hizo siempre fue una obra problemática y nunca cumplió su objetivo porque ni siquiera, en su momento, se terminó de construir. Y actualmente, a 50 años desde que se proyectó la obra, sigue dando problemas.
Eran los últimos días de febrero de 1970, cuando el intendente Alberto Percario anunciaba –tras una serie de gestiones con la Asesoría Gobierno de la Provincia- la firma de un convenio para la construcción de un muelle de pesca con una inversión de $ 40.000.000. La obra se internaría 120 metros en el mar, contaría con una escalera de acceso, confitería y sanitarios.
Resultó adjudicataria la empresa constructora Córdoba Iramain Construcciones Civiles de Mar del Plata. Pero dos años más tarde, el muelle estaba sin terminar y la obra quedaba inconclusa después de una larga historia de indefiniciones.
El muelle, así como estaba, se utilizó igual. En su momento tuvo una escalera, pero décadas después se la sacó porque el paso del tiempo, había deteriorado cada vez más la estructura y se había vuelto un peligro para quienes subían.
Finalmente, a fines de 2019, sucedió lo que todos esperaban. Se derrumbaron dos tramos de losa y, a los pocos días, el Ejecutivo decidió demoler buena parte de la construcción. En su momento, los escombros quedaron ahí, sobre la arena por varios meses. Hasta que, en agosto de 2020, se retiraron de la playa, aunque todavía sobresalen algunos fierros.
El resto del muelle se iba a demoler cuando se registrara una bajante del mar importante, pero hasta ahora sigue ahí con el peligro que representa porque más de uno, se sigue trepando.