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    Ochenta años de freno al crecimiento

    8 de diciembre de 2019 | 14:26
    Ochenta años de freno al crecimiento
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    En 1939 Mathilde Alvarez de Toledo de Díaz Vélez solicitó la división de tierras para extender el frente costero. La Municipalidad se opuso por considerar “inútil” la ampliación

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    Ecos Diarios

    Hace 80 años, en 1939, la señora Mathilde Alvarez de Toledo de Díaz Vélez, solicitó la aprobación de la división de tierras en lo que hoy es la villa balnearia. Pero el gobierno municipal de turno, con escasa visión de futuro, se opuso a esa iniciativa e impidió el desarrollo de la ciudad sobre el frente costero.
    Aun hoy hay quienes se oponen a la urbanización paralela a la costa y con ello nuestro balneario sólo aprovecha uno de los 64 kilómetros de frente al mar que tiene el partido de Necochea.

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    Un potencial desperdiciado
    Desde principios del siglo XX, la ciudad de Necochea se ubicaba como segundo destino turístico de la Provincia de Buenos Aires, detrás de Mar del Plata. Fue la era dorada del turismo necochense, la que acuñó aquel viejo slogan de «la playa del suave declive». Cuando los contingentes turísticos estaban integrados casi exclusivamente por representantes de la clase alta, que llegaban a los hoteles de la naciente Villa balnearia para instalarse durante un mes.
    Epoca de hoteles magníficos, como La Perla, el Necochea Hotel y otras gigantescas construcciones que se levantaban peleándole metros a las dunas.
    Según una crónica de los años 20, «la playa, que constituye uno de los encantos más apreciables de la moderna ciudad, es, al decir de los que la conocen prácticamente y conocen otras del territorio de la provincia, la mejor y más segura».

    Cuarenta años antes
    Aunque al fundarse la ciudad, en 1881, los necochenses ya soñaban con un balneario, recién en las primeras décadas del siglo XX se expropiaron las tierras para urbanizar la zona que hoy se conoce como Villa balnearia.
    Don Julián Azúa, pionero del turismo en nuestra ciudad, habilitó una casa de baños junto al mar en 1883. Al año siguiente comenzó a cavar los cimientos del legendario hotel La Perla del San Sebastián Argentino.
    El nombre del hotel refleja lo que Azúa pensaba de las playas necochenses. Las comparaba con las de la afamada Bahía de San Sebastián, en el país vasco.
    Los primeros pobladores tenían tal confianza en las posibilidades turísticas de estas cosas, que en 1988 la firma Praderes Hermanos presentó un proyecto para construir el primer gran hotel turístico.
    En 1894, Juan B. Patau proyectó delimitar entre «la orilla Sur del pueblo y el mar» un lugar para balneario en terrenos que pertenecían a los herederos del General Eustoquio Díaz Vélez.
    Con la solución, en 1898, del enojoso pleito sobre las tierras donde estaba plantada la ciudad de Necochea, pueden comenzar a concretarse estos proyectos.
    A fines de 1901 Eustaquio Díaz Vélez (heredero del general Eustoquio Díaz Vélez) comenzó las gestiones para la fundación de un pueblo entre el ejido de Necochea y el océano.
    En febrero de 1902, el ingeniero Carlos Paquet realizó el proyecto. El Departamento de Ingenieros de la Provincia de Buenos Aires dictaminó que el proyecto debía ser modificado, pues la extensión de las manzanas era considerada excesiva.
    Allí comenzaron los inconvenientes y no por Díaz Vélez, sino por las autoridades. Los herederos del dueño de la tierra proyectaron un trazado de avanzada turística, superior al de Pinamar.
    Aunque se escucharon voces de protesta contra la familia Díaz Vélez, fue el Concejo Deliberante el que no aprobó el proyecto.
    El 26 de septiembre de 1927, al aprobarse la ley 3.928 de ensanche del ejido de Necochea en 10.000 hectáreas, los herederos de Díaz aceptaron también el ensanche de lo que ya comenzaba a llamarse Villa Díaz Vélez.

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    Escasa visión de futuro
    En 1939, la señora Mathilde Alvarez de Toledo de Díaz Vélez solicitó la aprobación de la división de tierras en lo que hoy es la villa balnearia.
    Intervino el ingeniero Justo Duggan y la dirección de Geodesia aprobó el proyecto, ya que se trataba de una ampliación del ejido y las reservas de uso público sobrepasaban el porcentaje establecido por la ley.
    Sin embargo, este proyecto encontró oposición en la Municipalidad de Necochea por considerarse que la «subdivisión es inconveniente para una ciudad balnearia cuya población estable y de temporada no es de gran densidad».
    Se consideraba que era inútil la ampliación de la zona balnearia en «regiones actualmente despobladas».
    De haber prosperado la idea de los Díaz Vélez, se hubiera solucionado en 1939 el problema surgido a partir de la implantación del Parque Miguel Lillo, que en la actualidad cierra la posible expansión urbana del frente marítimo.
    La Dirección de Geodesia expresó en ese momento «que no puede privarse a un particular la facultad que tiene de dividir o vender su propiedad, siempre que se ajuste a las reglamentaciones vigentes».
    El asesor del Gobierno adhirió a la opinión de Geodesia y aconsejó la aprobación del fraccionamiento. El Consejo de Obras Públicas dela Provincia consideró que podían aprobarse las subdivisiones propuestas.
    El Comisionado Federal, por decreto 6.043, aprobó el proyecto. Pero la Municipalidad de Necochea, basándose en opiniones de la Asociación de Fomento y de la Cámara Comercial local, dictó una resolución que estableció “oponerse en forma terminante a la ampliación del ejido” de la villa balnearia.///

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