Ocho especies de golondrinas se dejan ver en Necochea
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Estas aves migratorias arriban en las distintas estaciones. Un experto explica las diferencias, colores y comportamientos de las volátiles
Necochea, con su gran entorno natural es visitada anualmente por un extenso número de especies migratorias, dentro de las que han suscitado mayor interés desde siempre han sido las golondrinas.
Ricardo Doumecq Milieu, miembro de Aves Argentinas y divulgador observador y fotógrafo de fauna, explicó que “de las 15 especies de Argentina, en nuestra ciudad se dejan ver normalmente 8 y que podemos caracterizar por su costumbres”.
Luego apuntó que “la primera que llega y la última que se va: es la Golondrina Barranquera (Pygochelidon cyanoleuca) , un pequeño ejemplar que nidifica en nuestra zona en barrancos y lugares naturales más o menos elevados, en un hueco excavado ad oc. Es color negro azulada por el dorso y de un blanco inmaculado en la parte ventral. De vuelo intrincado se la suele ver también en la ciudad”.
La más bella
El experto añadió que La más abundante en todos los ambientes (y la más bonita) es la Golondrina Tijerita (Hirundo rustica) hay dos poblaciones: una que reproduce en el hemisferio Norte y pasa el verano aquí y otra que en el mismo período nidifica en puentes, alcantarillas, casas rurales y urbanas. Hace su nido de bolitas de barro con forma de semi-cono adherido por un lado a las construcciones humanas elegidas. Vuela en grupitos, vocalizando un característico chistido, mostrando las forma de su cola que le dan el nombre. En otoño migran al Norte“.
En tanto “las más grandes son dos especies casi idénticas: la Golondrina Negra (Progne elegans) y la Golondrina Doméstica (Progne chalybea). Las primeras hacen sus nidos en barrancos y puentes de altura importante mientras que las segundas son proclives a nidificar dentro de las ciudades. Aparecen en primavera y vuelan al norte en otoño. Los machos de Golondrinas Negra son totalmente negros mientras que las hembras son blanco- grisáceas en lo ventral. Las domésticas tienen la parte ventral blanca y a veces se confunden las hembras de ambas especies.”
Entre las variedades que visitan nuestra ciudad, aparecen las “más cantoras. Sin duda la Golondrina Parda (Progne tapera) tiene éste mote, su trino consta de un arpegio muy agradable que ejecuta mientras está posada en algún cable o poste alto. Llega en primavera y desaparece en otoño, suele hacer su nido en nidos abandonados de hornero al que le modifica la entrada con barro”.
Doumecq Milieu calificó como “inconfundible a la Golondrina Ceja Blanca (Tachycineta leucorrhoa), que presenta, la rabadilla, es decir la base de la cola de un color blanco inmaculado que se contrasta con el resto negro-azulado y se aprecia claramente en vuelo. Llega en primavera y migra con los fríos. Hace su nido de material vegetal en caños de desagüe y otros orificios de buen tamaño. Suele verse en zonas urbanas”.
“Con la particularidad de que la vemos en invierno, en esa época aparece la Golondrina Patagónica (Tachycineta leucopyga) es casi idéntica a la Ceja Blanca pero solo la encontraremos desde otoño a fines de invierno. Luego de su reproducción en la Patagonia migra al norte y se la suele ver en zonas periurbanas aunque posiblemente sea de las más escasas”, puntualizó el observador.
En Costa Bonita
Finalmente se refirió “a las bandadas más grandes, que integra la Golondrina Rabadilla Canella (Petrochelidon pyrrhonota), que migra a nuestra zona desde el hemisferio Norte y suele verse en los campos en bandadas de más de 100 individuos. Se parece mucho a la Golondrina Tijerita pero la cola y la rabadilla color canela, que se observa en vuelo, las diferencia muy bien. Todos los otoños se reúnen en la zona de Costa Bonita para emprender el regreso formando, allí, bandadas de miles de individuos que pronto desaparecen.
Buenos augurios
Las golondrinas han tenido contacto con la humanidad desde la antigüedad y dependiendo las culturas, su presencia siempre es augurio de buenos tiempos como de felicidad en el matrimonio, buenas noticias de parientes lejanos, símbolo de clarividencia ( ya que en la Grecia antigua, se veía que nacían ciegas y al ser alimentadas por sus padres le daban el don de la vista) o en el caso de los marinos su visualización representaba tierra cerca y pronta vuelta a casa.
Tienen el cuello, pico y patas de corta longitud pero sus alas son largas y puntiagudas lo que les facilita un intrépido vuelo, que alternan con un rápido planeo. Beben y se alimentan en vuelo.
Comen insectos que cazan con avidez y al ser insectívoras están obligadas a migrar a zonas de abundancia de estos. Es común verlas posadas en cables de luz o alambrados.///