Ofende a la historia regional el abandono en la zona del museo
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El entorno a la casona donde funciona el Museo Histórico denota la falta de respetuosos cuidados en atención al significado del espacio
En la mayor parte de los paseos públicos y monumentos es fácil advertir la falta de cuidado por parte de los ciudadanos y el abandono del Estado municipal.
El parque Miguel Lillo, en particular, la casona del Museo Histórico Regional con sus paredes cubiertas de grafitis y su acceso por avenida 10, dan cuenta de la falta de respeto hacia estos lugares diseñados para el esparcimiento.
A esto se suma, el espacio de la feria, que funciona en el lugar, con una serie de puestos de mal gusto, que se han unificado pero que, de todas maneras, siguen estando desprolijos y encima obstaculizan la visión del pórtico de entrada al área de museos.
La casona, que alberga al Museo Histórico Regional, el anfiteatro y la fuente, son sitios históricos que no reciben un tratamiento acorde a su importancia, y es ahí donde se pone en duda el cuidado que los integrantes de la Municipalidad y también los del Concejo Deliberante le brindan a nuestra verdadera pertenencia histórica, como es la casa que fuera de la familia Díaz Vélez.
Esta semana que pasó con motivo de la discusión del proyecto del ex complejo casino varios concejales salieron a decir que “hay que preservar el patrimonio público” y que “no hay que rifarlo”. Sin embargo, no se los ve muy preocupados ni ocupados en la cantidad de espacios públicos que lucen deteriorados o peor aún, en otros casos, abandonados. Los ejemplos bastan y sobran.
Lamentablemente, se deja todo en manos del azar y con el paso del tiempo y, ante la falta de mantenimiento, las cosas terminan por deteriorarse o directamente destruirse. Sin embargo, nadie dice ni hace nada, pero después cuando se quiere hacer algo, todos salen con el argumento de la defensa del patrimonio público.
Vandalismo
Por otra parte, los actos de vandalismo son algo reiterado. Cada vez que se han pintado las paredes del museo vuelven a aparecer cubiertas de grafitis, que embadurnar los emblemáticos muros, sumado a la falta de mantenimiento general del antiguo edificio, no hace más que empeorar las cosas.
Una leyenda instalada en uno de sus costados indica que el edificio fue construido en la década de 1920 por Tomás Anastasio para la familia Díaz Vélez como casa de veraneo y desde 1981 funciona el Museo Histórico Regional. En 2010 por medio de la ordenanza municipal 7106/10, aprobada por el Concejo Deliberante, la casa es declarada inmueble patrimonial de valor excepcional, categoría A, considerándolo un edifico paradigmático de interés especial, hito de relevancia singular e insustituible por sus atributos tipológicos, estilísticos, artísticos y su valor histórico y simbólico.
Se le otorgó el grado de protección I, que comprende el resguardo de la totalidad del edificio y sus exteriores. La protección de la integridad de sus valores arquitectónicos, todos aquellos objetos que constituyen parte de su equipamiento original mobiliario y ornamental.
No obstante, pese a la protección que se supone –según el cartel- debiera tener el lugar, el mantenimiento es deficitario y esto se ve a simple vista.
Otro dato de relevancia, acaso olvidado por nuestros concejales, es que también el museo incluye su entorno, sus parques, jardines, forestación u todo otro elemento que lo conforma.
En ese sentido, se aprecia que el sendero de acceso luce descuidado, las antiguas farolas están destruidas, los pastos crecidos y mucha hojarasca en el camino.
El monumento al Escritor, ubicado en cercanías de la entrada de 10 y 91, sector de la fuente y reloj de sol, que tiempo atrás fuera acondicionado por alumnos de una escuela, y el anfiteatro “PedroArozarena” corren con la misma suerte y no cuentan con ningún tipo de cartelería para informar al visitante.
Es absoluta responsabilidad del Estado el mantenimiento de estos lugares, y siendo necesario la permanente protección del vandalismo. En más de una ocasión, da la sensación que se parte del concepto de que “lo público” no es de nadie, y todos hacen los que quieren.
Es imperioso que desde el Ejecutivo y también desde el Concejo Deliberante pongan la mirada en estos espacios, que recorremos a diario y que, dan vergüenza a verlos en ese estado de descuido y abandono.
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