Olimpismo como filosofía de vida
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Siendo parte de la Academia Olímpica, que le permitió concretar una inolvidable visita a Grecia, Lucía Giamberardino descubrió que los Juegos son mucho más que competir o ganar medallas

Lucia Giamberardino es una de las tantas personas a las que el deporte les cambió la vida y no únicamente por una cuestión de salud física. Se destacó jugando al hándbol desde muy chica y la llevó tan lejos como soñaba llegar. La pelota la movilizó a jugar en Buenos Aires, en la exigente Liga Metropolitana, y también luego a probar suerte en Europa, viajando sola, con la ilusión de estudiar y vivir del deporte. Pasó por la Selección Argentina, jugando mundiales desde juveniles a mayores y fue medallista sudamericana y panamericana con “La Garra”.
Hoy, con 28 años, recibida de psicóloga social, sigue jugando en Buenos Aires, para la Asociación Atlética Argentinos Juniors y desde el año pasado también trabaja en la Comisión Nacional Antidopaje, en el área de educación. “Es otra cara del deporte, cuando sos deportista ni te imaginás que existe todo eso. Lo que se busca es educar y prevenir el dopaje a través de la información, tanto para atletas, entrenadores, federaciones o clubes”, explicó Lucía quien se encarga de dar charlas constantes al respecto y que también formó parte de los Juegos Olímpicos de la Juventud “capacitando y entrenando a los oficiales de control que toman las muestras y a los voluntarios de esa área. Fue un programa que se extendió por ocho meses para que todos pudieran llegar preparados” para la gran cita que conmovió al país y al mundo el mes pasado.
Antidopaje desde la conciencia
Con su mirada profesional, Lucía valoró la experiencia pero lo hizo lejos de las muestras y controles de rutina que se podrían asociar con el trabajo de la comisión: “Fue un descubrimiento. Un deportista va a elegir no doparse cuando tenga toda la información necesaria y cuando se haya trabajado en los valores. Que un deportista tenga conciencia propia al respecto. Es un aspecto que tiene que ver más con lo humano”.
Desde la Comisión Nacional Antidopaje, Giamberardino se relacionó con los demás programas y comisiones que nuclea y promueve el Comité Olímpico Argentino y le posibilitó conocer la propuesta de la Academia Olímpica Argentina. La organización realiza sesiones que duran cinco días con jóvenes de todos los ámbitos deportivos, dando a conocer y debatiendo los valores olímpicos de excelencia, amistad y respeto. “El dopaje es lo contrario a los valores que se promueven. No sólo en la práctica deportiva, sino la búsqueda de la excelencia como persona. Desde ese lugar me atrajo. El olimpismo debería ser practicado como filosofía de vida”.
Academia Olímpica
La Academia Olímpica le permitió a su vez redescubrirse como deportista y también como persona. “Me voló la cabeza. Me encontré con una filosofía que no sabía que tenía nombre pero que lo practicaba desde hacía tiempo sin saber que existía. Me generó sorpresa, me movilizó…la búsqueda de la excelencia, el respeto por el otro, buscar la mejora continua, no por la medalla sino por ser siempre una mejor versión de vos mismo. Eso lo conocía de haberlo practicado, de haberlo sentido. Y me encontré con el fundamento teórico”.
Fueron cinco días en la Academia, entre conferencias, actividades deportivas, debates y temáticas siempre atravesadas por el deporte olímpico. “Fue conocer gente de todo el país, de diferentes ámbitos periodísticos, educativos, federaciones y en los grupos se generaron cosas muy buenas. Su compromiso e interés la hicieron destacarse entre las cerca de 40 personas que cursaron el año pasado y la Academia le dio una posibilidad que tampoco desaprovechó: “Seleccionan a un hombre y una mujer para que viajen como representantes argentinos a la Academia Olímpica Internacional, en Grecia”.
La cuna del olimpismo
Así fue que en junio de este año, junto al rugbier Nicolás Bruzzone, atleta olímpico en Río 2016, Giamberardino recorrió sitos históricos en Atenas, Olimpia y Delfos, y compartió su experiencia con academistas de todo el mundo. “El tópico de este año era ‘el atleta como modelo a seguir’, por lo que me puse a preparar qué significaba. Empecé a indagar y a salir un poco del ideal olímpico a la realidad, dentro de la complejidad que tiene. Llegué a Grecia con un montón de preguntas. Allí éramos dos representantes de 90 países, casi una mini muestra de todo el mundo. Fue interesante ver cómo pensaban, todos hablando en inglés, pero un inglés con acentos de países que igualmente cuesta hacerte entender”.
Fueron tres semanas de aprendizaje. “Hubo actividades todo el tiempo, conferencias, grupos de discusión, visitas, museos, actividades deportivas y culturales, noches sociales donde cada país podía mostrar lo que quisiera” apuntó, confesando que fueron preparados con música, 200 alfajores y tarros de dulce de leche para obsequiar.
“El movimiento olímpico es enorme. Llegar a un juego olímpico es el sueño de cualquier deportista de alto rendimiento y de los que no, también. Para mí fue vivir un juego olímpico de otra manera. La idea de Pierre de Coubertin -el padre de los Juegos Modernos- era unir a los jóvenes de todo el mundo para cuando fueran líderes de sus países o cuando tengan incidencia en las decisiones hayan elaborado el concepto de amistad, que esté eso antes que las diferencias políticas. Para mí fue estar como en una Villa Olímpica, con gente de todos los países, hablábamos y debatíamos de deporte, de historia. Un clima irrepetible”, valoró Giamberardino, quien tuvo el orgullo de que le dieran la responsabilidad de dar el discurso de clausura en representación de los academistas. “Me vine con más preguntas que respuestas. Los deportistas olímpicos son el 1 por ciento de la humanidad, cómo hacemos para que algo que nació para la elite en la Antigua Grecia, sea para la gran mayoría. Ya no podes volver con la misma mirada”.
En Olimpia visitaron las ruinas de los Juegos de la Antigüedad, lo que queda de la primera pista de atletismo, saunas y templos. En Delfos conoció el Templo de Apolo y lugar del famoso Oráculo de tantas historias míticas y el “Conócete a ti mismo”. “En esos lugares me tomaba tiempo para estar en silencio. Sentir que eras parte de una historia: ser deportista, buscar los anillos y conocer que esos anillos tiene una historia anterior mucho más grande, antes de la creación del comité olímpico. Por eso es tan especial y tan difícil de definir. Me dejé atravesar por esas sensaciones, por esos lugares que son icónicos para la gente que amamos el deportes y que intentamos hacer que crezca”.
Ser olímpica
En su camino personal por Grecia, Giamberardino también logró empoderarse como deportista, algo que ya tenía incorporado pero desconocía. Incluso lo tenía en la piel, literalmente, en un tatuaje con el mensaje ‘Enkrateia’ -en griego- que se realizó hace seis años. Algo que sin ser literal podemos definir como autodominio. “Yo no llegué a jugar un Juego Olímpico, pero ahí me di cuenta que una olimpíada la había vivido. Olimpíada es el período de cuatro años que pasa entre la celebración de un Juego y otro. Fue sano encontrarme con eso. En una charla, me dijeron ‘estuviste con La Garra’, le aclaré que no llegué pero me remarcó que fui ‘parte de todo el proceso’ y quizás en el día a día, no le das a eso el valor que tiene”, entendió la necochense que además del Mundial de 2011, disputó los Juegos Odesur de 2014 y el Panamericano de hándbol de 2015, y compartió plantel con aquellas chicas que al año siguiente harían historia en Río dándole al hándbol femenino su primera participación olímpica. “Fue darle valor al proceso, a todo lo que el deporte había transformado mi vida, me había hecho una mejor persona y que por eso estoy ahí. El deporte que me pasó por el cuerpo lo sigo llevando toda la vida, es la base del olimpismo. (En Grecia) me encontré con eso, algo más fuerte que haber estado o no en los Juegos. Fue una vida dedicada al deporte”.