Opositores seriales
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De unos años a esta parte, embanderados en la “causa” del ambientalismo, un minúsculo grupo de residentes viene oponiéndose con discursos en redes sociales, actos y manifestaciones a todo lo que huela a cambio en una ciudad estancada desde hace décadas.
Algunos de estos protagonistas han tomado actitudes poco menos que fundamentalistas a la hora de expresarse en contra de variantes que se han pretendido hacer en el parque Miguel Lillo, aún se encuentren avaladas por las normas vigentes.
Sin miramientos se enfrentan a los gobiernos de turno y en el listado de “batallas” emprendidas, se contabilizan la férrea oposición que este grupo hiciera a la construcción de la cancha de hockey en un lote semi despoblado de árboles, sobre avenida 10. Con escenas cuasi cómicas de personas abrazadas a arbustos cada vez que las máquinas municipales iban a despejar el lugar para empezar la obra. Esa vez los que se enrolan en la llamada “Necochea del no” ganaron la porfía y la estructura se terminó montando frente al polideportivo municipal.
Recientemente estos opositores seriales salieron presurosos a combatir el alambrado que el Club Villa del Parque decidió colocar para cerrar su predio concesionado en el Parque, de manera de evitar intrusiones en sus instalaciones; y es probable que lo hagan en breve si finalmente se le concede a Villa Díaz Vélez un lote contiguo a su predio, con el fin de construir canchas de tenis.
Más allá que algunas concesiones de las valiosas tierras ubicadas a metros de mar puedan cuestionarse, una vez que están bajo tutela de entidades o gremios, no se les puede objetar lo que hagan en esos predios, siempre que respeten lo normado.
Dejando de lado el ámbito del parque Lillo, semanas atrás una avanzada de ambientalistas intentó detener una obra que el municipio empezó en la avenida costera de Quequén. Alegando en este caso que para construir una vereda, en un tramo pequeño se iba a hacer desaparecer un médano. Algo exagerado y sin justificativos, que atinadamente fue desoído por el Ejecutivo, que siguió adelante con los trabajos.
Para dejar en claro que los ambientalistas tienen amplitud en sus ofensivas, desde hace tiempo empezaron a hostigar a productores rurales del sector de Villa Díaz Vélez, endilgándoles que usan productos tóxicos en la fumigación de sus lotes, algo que del sector señalado califican de totalmente descabellado, vistas las exigentes normas vigentes en torno a estos elementos.
Más de un centenar de esos productores se quejaron de este ataque en un encuentro abierto a la comunidad, donde pidieron que los ambientalistas los dejaran trabajar en paz. “Hoy venimos a decir basta a esta gente que no nos quiere dejar trabajar…”, repudiaron.
Insólitamente, el silencio de una abrumadora mayoría de la sociedad que no sale a marcarles la cancha como debería ser, hace que se impongan estos pensamientos minoritarios.
Al compás de sus “conquistas” estos opositores de emprendimientos o al progreso en sí, se sienten empoderados: una palabra de moda que les gusta usar y que los hace sentir fuertes. Y de alguna forma lo han logrado, tanto generando el malestar de muchos, como malogrando o poniendo palos en la rueda a los buenos objetivos de otros.///