Otra vez la promesa de las cámaras
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Desde hace años, venimos hablando de la problemática de la inseguridad, que lejos de solucionarse, se agrava. Pasan los gobiernos, tanto municipales como provinciales, y las propuestas son siempre las mismas y los resultados nulos. Sin embargo, lo que sí cambian son los hechos delictivos, que cada vez son más, tienen nuevas modalidades, se perfeccionan y, en varios casos, también son más violentos.
Entre las ideas “innovadoras” que se repiten en todas las gestiones, figura la instalación de las cámaras de seguridad, una promesa que venimos escuchando de hace años y que ahora se vuelve a repetir una vez más como una de las medidas “salvadoras”.
El objetivo de la Municipalidad es instalar 200 cámaras, algunas de ellas con lectoras de patente. Además, según expuso el mismo intendente Arturo Rojas, durante la apertura de sesiones del Concejo Deliberante, la idea es sumar tres “anillos digitales de seguridad”, que es un sistema de control para identificar cada uno de los vehículos que transitan las entradas y salidas de la ciudad.
Nueva promesa
Estas medidas, impulsadas por esta gestión municipal, ya fueron prometidas por el gobierno anterior. Es más, se llegó a prometer la instalación de 514 cámaras, pero, en la realidad, nunca superamos las 80. También se habló de las lectoras de patentes y de cámaras con mejor definición, pero aparentemente siempre seguimos con las mismas y con los mismos inconvenientes. En este sentido, que tengamos 80 cámaras, no significa que todas estén funcionando porque siempre alguna está fuera de servicio por algún desperfecto. En más de una oportunidad, se han solicitado las imágenes de algún hecho en particular y la respuesta ha sido – todo una casualidad- que justo esa cámara no andaba.
Tampoco las cámaras instaladas han demostrado una gran diferencia en el manejo de la seguridad del distrito ni en lo que respecta a prevención ni mucho menos investigación. Justamente los inconvenientes de los aparatos tecnológicos, que a veces no andan o la poca definición y la imposibilidad de leer patentes, hace que sirvan poco y nada para esclarecer los hechos, tal vez en algún caso habrán servido.
Para prevención, en general, no sirven. Primero porque son pocas las cámaras instaladas y, para que realmente haya resultados, tendría que estar la ciudad repleta de estos aparatos. Y segundo porque desde que detectan en el posible ilícito y hasta que llega la Policía al lugar, la mayoría de las veces, el delincuente ya escapó, sobre todo en los arrebatos y robos en la vía pública. A lo sumo, el policía llega para ayudar a la víctima.
Deficiencias en el sistema
Además, para que las cámaras funcionen, debe imprescindiblemente funcionar el sistema en su conjunto. Debe haber instalada una buena sala de monitoreo, con personal trabajando las 24 horas sin excepción los siete días de la semana y con conectividad en forma permanente con la Policía. Los efectivos deben estar alertas, descansados, bien pagos y con combustible en los vehículos, algo que parece una obviedad, pero no siempre sucede.
Y sobre todas las cosas, la Policía debe tener personal y recursos suficientes para atender durante todo el día todas las cuadrículas, algo que también es una cuestión lógica pero tampoco se cumple. Se fueron los efectivos del Operativo Sol, se desafectaron unos 38 policías a principio de año y a eso se suma la pandemia, que hace que cada tanto haya casos positivos y aislados por contactos estrechos. Imposible brindar una buena seguridad con tanto pocos recursos.
Ante este panorama, el discurso de las cámaras puede sonar atractivo y hasta vendedor, pero por sí solas no van a solucionar nada, sobre todo si se tiene en cuenta las graves deficiencias que tiene el sistema de seguridad por donde se lo mire.///