Otra vida tronchada
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Una serie de negligencias, tamizadas con el infortunio que suelen tener las personas, derivaron hace pocas horas en la pérdida de otra vida, en este caso un joven motociclista que chocó en las primeras horas de la madrugada con una camioneta, en la intersección de calles 32 y 73.
Más allá de las circunstancias que produjeron el fatal encontronazo, y que son materia de investigación, el accidente dejó dos cuestiones que llaman al asombro y que preocupan: la víctima, de 20 años, no llevaba casco protector y el conductor de la camioneta se dio a la fuga, haciendo abandono de persona.
En el primer caso volvió a repetirse una conducta que lamentablemente sigue sin corregirse, que es la de omitir el uso obligatorio del casco, contradiciendo la ley de Tránsito y poniendo en riesgo la vida.
En el segundo, más allá de la excusa que pueda esgrimir la persona que conducía la camioneta, es sumamente condenable el que haya dejado tirado en la calle a la persona con la cual colisionó. Una actitud de desprecio por el prójimo que no tiene explicaciones convincentes.
Ambos comportamientos reflejan la liviandad con la que a veces se toma el hecho de conducir un vehículo, y también desnuda el desapego a las normas. Asimismo en el fondo muestran una carencia de educación vial, que se sigue pagando con vidas.
A propósito de esta última cuestión, la nueva muerte de un motociclista se suma a las acontecidas en el último mes, donde también perdieron su vida dos jóvenes de nuestro medio, uno en calles de Tandil y el otro en las de Necochea.
La circulación por las calles de Necochea se ha transformado en una especie de ruleta rusa, donde peatones, motociclistas o conductores no saben en qué esquina se encontrarán con un par descontrolado y se producirá un accidente de imprevisibles consecuencias.
Lejos de morigerarse por una cuestión de menor visibilidad, las negligencias suelen potenciarse en horarios nocturnos, sobre todo pasada la medianoche, cuando no existen controles de tránsito y se presume que circularán menos vehículos. Un exceso de confianza e irresponsabilidad que se paga caro.
La costumbre de no abrocharse el cinturón de seguridad; el temerario uso del celular mientras se maneja o cruza la calle, en el caso de los peatones; el no respeto del paso a quien circula por derecha en las esquinas o por el interior de una rotonda, integran las acciones más repetidas que coadyuvan para que haya numerosas colisiones en las calles de nuestra ciudad.
Asimismo se maneja a velocidades más altas que las permitidas, algo que no debería ocurrir en una ciudad donde las distancias son cortas; y ni siquiera la colocación de más semáforos o la realización de operativos de tránsito, lograr amedrentar un descontrol que aunque no sea de todos, si termina poniendo en peligro a la masa.
En la medida que no se tome conciencia y se sea responsable a la hora de manejar cualquier tipo de vehículo, continuará creciendo la estadística de tragedias, y seguiremos lamentando las vidas tronchadas, varias de ella de personas jóvenes.