Paliando necesidades
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“Anhelamos que algún día que lo que hacemos sea para ayudar y no una necesidad”, sintetizó días atrás a Ecos Diarios Silvia Orofino, una de las mujeres que hace ya casi doce años pusieron en marcha la campaña “Necochea puede. Un litro de leche por mes”, como una forma de colaborar con el preciado alimento con una buena porción de niños de la ciudad que carecían del mismo.
Obviamente que ha sido más que loable esta actitud de un grupo de integrantes de la comunidad, que no se quedaron con los brazos cruzados ante la necesidad del prójimo; pero el hecho de que ya hayan pasado más de dos lustros y estas campañas tengan que continuar, no hace más que reflejar en hechos el rotundo fracaso que han tenido los gobiernos de las últimas décadas, generando a través de las políticas implementadas una “fábrica de pobres”. A tal punto que hoy en día la mitad de la población argentina se encuentra en situación marginal y dependiendo de las dádivas del Estado para sobrevivir.
Volviendo al plano local, a través de “Necochea puede. Un litro de leche por mes”, en la actualidad se colabora con niños que acuden a 37 comedores de la ciudad. Una cifra que ha ido creciendo y para la que obviamente no alcanzan los litros que se logran juntar, más allá que en los últimos tiempo se han sumado un par de empresas que donan más de 15 packs cada una.
Al no lograrse un caudal suficiente para los 37 comedores, las entregas se van rotando, de manera que la asistencia aunque sea llegue periódicamente a cada sitio. En algunos de esos lugares, además de la merienda, se ayuda a familias y a personas mayores que no tienen dinero para comprar la leche.
El hambre ha pasado a ser un mal endémico en nuestro país. Una cuestión que viene de años y que lamentablemente se agudiza, por ejemplo en la cada vez más voluminosa asistencia a los comedores escolares.
En el caso del distrito de Necochea, son 6.567 niños que actualmente
son alimentados en un ámbito en el que solo deberían recibir educación escolar. Es decir que la función esencial de los establecimientos educativos se ha desdibujado totalmente y lo más increíble es que a muchos les parece normal que tengan que dar de comer. Algo que no ocurriría si cada gobierno de turno se ocupara de captar al inversor privado para generar fuentes laborales y, precisamente a través de la educación, se fomentara la cultura del trabajo.
La actitud del grupo de mujeres de la campaña de leche es un eslabón más de las que surgen en forma continua desde la comunidad, y a él se suman colaboraciones que aparecen espontáneamente ante hechos desgraciados, como los recientes incendios en Corrientes, en el cual la sociedad local también colaboró. Obviamente para suplir la falta de prevención, planificación y atención que, por caso, exhibiera el Gobierno ante el voraz fuego que destruyera gran parte de la masa arbórea de la provincia mesopotámica.///