“Paquillo”, amigo del gol
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Se cumplen 20 años del retiro del fútbol de Luis Eduardo Sánchez. Una carrera con el corazón compartido de emociones entre Estación Quequén y Villa Mitre de Bahía Blanca
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Luis Eduardo Sánchez, “Paquillo” para todos los que lo conocieron pateando una pelota, acuñó con sus goles, y especialmente dejando el corazón en la cancha, un cariño especial en los clubes por donde pasó. Al punto de haber disfrutado dos veces de un partido despedida, algo que muchos profesionales ni siquiera han podido una vez. Un final de cuento merecido para una carrera con el corazón compartido de emociones entre Estación Quequén y Villa Mitre de Bahía Blanca
Justamente se están cumpliendo 20 años de su último partido, con los colores de Villa Mitre. “Se pasaron volando”, asiente sobre las hojas del almanaque pero rápidamente recuerda aquel homenaje que “me llenó de orgullo porque lo armaron mis compañeros. Estuvo mi hermano que lo hizo aún más especial, fue muy lindo para mí y para mi familia”, recuerda hoy “Paco” sobre esas emociones. Aquella tarde de diciembre de 2000, pisó por última vez como jugador profesional el césped de “El Fortín”. Reunidos estaban sus compañeros del elenco bahiense y también aquellos de Estación Quequén, con los que escribió las páginas más gloriosas del fútbol necochense, quienes viajaron especialmente. Más de 1.500 personas colmaron el estadio para saludar al “mejor 9 de la historia del club” que a los 35 años decía adiós, dejando una huella enorme.
Quizás pasó más tiempo de lo esperado, pero en 2008, se dio el gusto de despedirse con la camiseta de Estación Quequén. Se puso los cortos y saltó como capitán en el estadio “Carlos Cuomo”, por la segunda fecha del torneo oficial de la Liga Necochea, jugando unos minutos frente a Villa del Parque. Volvía al “Verde” 18 años después para decir adiós. Aquí reconoce que la gestación del homenaje fue distinta: “No estaba muy cerca del club entonces, si bien seguía todo lo que pasaba, esa generación de jugadores nos hemos mantenido unidos con los años, pero no hemos tenido tanto apego después con el club, con los dirigentes actuales. Les pedí si podía ir a jugar y retirarme en Estación y la gente lo aceptó. Fue un gusto que me di yo. Me lo debía porque es una parte de mi vida”, sentenció.
Gol a gol
Difícil resumir una carrera en unas palabras o goles. Nacido en Estación Quequén, se dio el gusto de ser campeón en tres oportunidades: 1981, 1986 y en 1990, justamente la última que el “Verde” dio la vuelta olímpica en la Liga Necochea. Pero todos lo recuerdan por haber anotado el gol más importante para el fútbol de Necochea, aquel inolvidable 5 de junio de 1988, cuando le convertía a Olimpo de Bahía Blanca el tanto con el que Estación ascendía al Nacional B de AFA.
Con ese espaldarazo fue contratado por Belgrano de Córdoba, después de que lo amargara en los dos duelos en el B Nacional. Debutó con el “Pirata” nada menos que haciéndole un gol a Talleres en un clásico, metiéndose para siempre en el corazón del hincha con ese resonante estreno, aunque después no tuvo continuidad. Al año siguiente recayó en Bahía Blanca donde vestiría los colores de Villa Mitre y también quedaría para siempre en el recuerdo de sus hinchas. Y otra vez con un gol muy recordado, otra efeméride futbolera. El 28 de julio de 1991 se coronaba campeón de la Liga del Sur, marcando el tanto del empate 1-1 en el estadio “Carminatti” frente a Olimpo. Fue el punto que necesitaba Villa Mitre para ganar el triangular por el campeonato que también jugó Huracán. Hacía 45 años que Villa Mitre no salía campeón y al necochense le tocó convertir el gol más importante. Sería el inicio además de una campaña que llevó al tricolor a ser tetracampeón liguista (1991,1992, 1993, y 1994) y que luego también le permitieron alcanzar instancias finales del Torneo del Interior.
Entre tantas alegrías y goles importantes, “Paco” fue más sencillo para acordarse de un momento especial: “Siempre recuerdo a mi mamá llevándome al mercado que íbamos siempre en Quequén. Cuando era chico quería jugar en la Primera de Estación. Para mí, cuando tenía 9 o 10 años, significaba mucho ver jugar a Carlos Díaz. Por eso cuando hice mi primer gol en Primera, con 14 años, fue una alegría y un sueño cumplido. Y a partir de ahí todo lo demás fue un gran regalo que no esperé”.
Afectos
Con el corazón “partido” por dos amores, recordó que a “Estación me unen todo mis recuerdos de la infancia y la adolescencia, el “Gordo” Ugarte y los compañeros con los que me tocó jugar. Pero me he hecho hincha de Villa Mitre, no se los niego a mis amigos en Necochea. Hay que vivirlo para contarlo, pero me emociono cuando lo voy a ver a la cancha y cuando te pasa eso te das cuenta que sos hincha. Más cuando te encontrás con la gente, hasta un abuelo de 90 años, que permanentemente te demuestran su cariño, el agradecimiento por lo que les dimos, pero a la vez lo que nos dimos a nosotros mismos. No me cuesta decirlo, pero son dos cosas totalmente distintas”.
El fútbol, siempre
Más allá de las despedidas formales, “Paco” nunca dejó el fútbol. Imposible. En Bahía Blanca, todos los sábados juega en la Liga de profesionales, entre abogados, ingenieros y demás. “El fútbol me tiene atado porque no hay nada mejor que hacerlo con amigos. El fútbol me ha ayudado a crecer y conocer muy buena gente. Ugarte me cuidaba como si fuese un hijo. Carlos Díaz nos enseñaba como era todo. Y en Villa Mitre también tuve de compañeros a una catarata de pibes, sólo me tuve que acomodar en la cancha. Siempre digo que el vestuario te enseña mucho, si lo supiste aprovechar. Tuve la suerte de tener vestuarios con compañeros muy buenos y me ha servido en la vida”. Más que compañeros supo ganarse amigos.
Once ideal y DT
Aceptando la propuesta de armar un equipo ideal con compañeros, no se amilanó y eligiendo sólo su etapa en Estación Quequén, soltó sin mucho más preámbulo a Javier Erasun en el arco; a su hermano Jorge, Guillermo Dindart, al “Mela” Claudio Fabián Mainardi y “Lucho” Arano en defensa. Entre tantas variantes en el mediocampo y la ofensiva, enlistó a “Garufa” Trobo, el “Teto” Sergio Mainardi, Miguel López (“¡La cantidad de goles que me hizo hacer!), Gustavo Cárdenas; “Calija” Ricardo Guerrero y a Carlos Díaz.
Más allá de armar el equipo, reconoció que no lo tentó ser director técnico. “Nunca me interesó ser DT. Ya ha cierta edad me di cuenta de que no iba a ser técnico y no lo fui”, admitió quien igualmente se vinculó como ayudante de campo en su momento o como coordinador de las distintas categorías de Villa Mitre apenas decidió su retiro, especialmente con las categorías menores. “Lo táctico no me gustaba. Además, siempre fue un gran dolor para mí ver a un compañero que no jugaba. Y cuando sos técnico tenés que ser muy frío. Ya sabía que no me podía poner en ese lugar”, reconoció.
Y a la hora de vincularse con los grupos, enfatizó sus otras motivaciones: “Me gustó siempre más lo social, que los chicos de las inferiores estudien, saber cómo es la situación familiar. A mí me hicieron ver esas cosas cuando era chico”. Por ello se involucra, en silencio, en acciones solidarias. “Me gustó siempre colaborar. Más ahora que es un momento muy difícil. Uno puede pedir o aunar fuerzas y se encuentra con que el argentino es muy solidario. En Necochea me pasó con el Círculo de Periodistas Deportivos, a quienes les tengo un gran cariño y se han encolumnado en eso. La forma es salir entre todos. Y creo que esta porquería que nos toca vivir (por el coronavirus) nos va a hacer mejores, nos va a hacer querernos un poco más, a cambiar”.///