Para algunos, muchos controles y para otros nada
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Con motivo de la temporada de verano, desde el municipio se incrementan los controles en los comercios que elaboran alimentos para garantizar que se cumplan las buenas prácticas de manipulación.
A través de la Dirección de Bromatología se inspeccionan locales gastronómicos, panaderías, rotiserías y mercados para controlar la cadena de frío de los productos, así como las normas de higiene y conservación. De esta forma, se brinda seguridad a los consumidores y se reducen los riesgos que implica el consumo de alguna comida en mal estado.
Por otra parte, desde la Dirección de Control Urbano se dio a conocer que se están inspeccionando locales de esparcimiento nocturno, como bares, cervecerías y boliches para verificar que tengan toda la documentación y habilitación en regla. Controles típicos que se hacen todos los veranos.
Sin embargo, llama la atención el énfasis que se pone para controlar a los locales habilitados, principalmente en lo que respecta a la manipulación de alimentos, y el escaso o nulo control que reciben los puestos de choripanes que hay diseminados por todos lados, aun en lugares céntricos si se quiere, así como otro tipo de puestos de venta callejera.
A los comercios debidamente habilitados, les exigen cada vez más requisitos, pero a los “choripaneros” parece que no les exigieran nada. Los puestos, que son tremendamente precarios, funcionan sin heladera, sin una canilla de agua potable, sin baño, sin luz. ¿Quién controla que se cumplan las medidas de seguridad e higiene de los alimentos? En varios de los puestos, apenas se ve una heladera de camping donde guardan los chorizos y quienes atienden no tienen ningún espacio para lavarse las manos o higienizar los guantes que utilizan.
Ni hablar de lo que significa vender choripanes en un día de calor como el de ayer, al rayo del sol, con mercadería que necesita contar con frio permanente. ¿Quién controla en este caso que no se corte la cadena de frío?
El consumo de alimentos en mal estado es muy peligroso y es importante que la Municipalidad esté atenta sobre lo se está vendiendo en la vía pública porque es su responsabilidad. Además, no es otra cosa, en definitiva, que prevención de la salud, más de que también tiene ver con el ordenamiento urbano.
La venta de choripanes, de panchos, hamburguesas debería permitirse en quioscos habilitados en sectores de paseo como el Parque o descanso como la costa, para brindar este servicio en la temporada. Los locales de venta de comidas rápidas, llamados “al paso” es necesario que cuenten con energía eléctrica y agua potable, para que puedan tener, al menos, un equipo de refrigeración.
Este tipo de emprendimientos no se pueden permitir con una simple autorización precaria dada por algún funcionario del municipio o por el Concejo Deliberante a determinada persona. Debe haber una zonificación y normativa para evitar este descontrolado avance de humo y olor a carne asada. Cuando se trata de comida, hay que hacer las cosas bien porque se debe a la salud de la población. No se puede habilitar cualquier puesto gastronómico en cualquier lugar. Sin embargo, parece que los responsables miraran para otro lado o no les interesara porque no se toma una medida sensata en este aspecto. Los consumidores, por su parte, deberían tomar cuenta del riesgo que supone el consumo del tradicional “chori” bajo esas condiciones.///