Para las futuras generaciones
Se cumplieron diez años del fallecimiento del profesor Enrique Balech, quien fuera un científico de relevancia nacional e internacional y que vivió en nuestra ciudad durante gran parte de su vida, llevando adelante importantes investigaciones en la Estación Hidrobiológica de Quequén.
Para recordarlo y homenajearlo, el Colegio Nacional organizó una charla con la presencia de la investigadora Rut Akselman Cardella, quien se refirió a su obra y al aporte que realizó para la ciencia con el estudio de lo que hoy se conoce como marea roja.
En primer lugar, hay que destacar la iniciativa del Colegio, del cual Balech fue profesor, por mantener su recuerdo e historia viva entre los alumnos y la comunidad educativa, permitiendo que los jóvenes accedan al conocimiento científico producido por un destacado argentino que además eligió nuestra ciudad para vivir y desarrollar su investigación.
Durante la charla, se pudo ver la presencia también de ex alumnos de Balech y de personas que lo conocieron y no quisieron perderse la oportunidad de saber un poco más acerca de esta persona que revolucionó el área de la biología marina y especialmente el mundo del plancton.
El primer episodio de mortalidad por marea roja se reveló en 1980 con la muerte de dos pescadores, tras consumir moluscos frescos con una toxina mortal para el ser humano. Inmediatamente Balech se acercó en aquel entonces a Ecos Diarios para explicar las causas, siendo este acontecimiento un aporte fundamental para el avance de la investigación. Este hecho también muestra la personalidad de Balech que, apenas se enteró de lo sucedido, quiso compartir las causas con la población de Necochea, ya que lo hizo a través de Ecos Diarios, y no se guardó este descubrimiento para los ámbitos científicos sino que decidió compartirlo con todos.
Además de su aporte a la ciencia internacional, su aptitud docente, su interés por difundir la ciencia, su vínculo permanente con la comunidad, su trabajo esforzado y continuo hasta el día de su fallecimiento, a los 95 años, son virtudes para destacar de una personalidad y un investigador científico que es de esperar se siga recordando y homenajeando, para garantizar que las generaciones futuras también lo conozcan.///