¿Para qué quieren ser intendente?
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Incertidumbre parece ser la palabra que mejor describe a esta altura del año el camino que transitan los distintos espacios políticos de cara al calendario electoral, cuya primera escala será la presentación de las alianzas, el venidero 12 de junio.
Pendientes de las resoluciones, por cierto plagadas de idas y venidas, que se tomarán en las altas esferas de la política nacional, al menos una decena de precandidatos para intendente, número que se estima se reducirá al momento de presentar las listas, aguardan inquietos qué será de sus destinos personales, luego del cóctel de conversaciones y los acuerdos que se puedan gestar hasta último momento.
Están tan ensimismados en esta danza de decisiones y negociaciones, donde la verdad de un día es una mentira al siguiente, que ninguno ha dejado trascender las razones por la cuales aspiran a ser intendente. Aunque es fácil inferir la respuesta: un diagnóstico de cómo está nuestra ciudad, que es lo que necesita y lo que hay que solucionar. Una obviedad. Pero no cómo lo harán.
Podrán argumentar que aún hay tiempo, que la campaña recién empezará el venidero 12 de julio; pero detrás de esta parsimonia, se puede olfatear que no hay propuestas claras en caso de ser, uno de estos pretendientes elegido intendente y que Necochea progrese saliendo de esta ciénaga que la tiene atrapada desde hace tres décadas y que nadie ha logrado hacerla zafar en todos estos años.
No es más que lo que ha acontecido en las últimas elecciones. Resulta fácil criticar que hacer proposiciones sobre las importantes cuestiones que están en el freezer desde hace tanto tiempo y que congelan el ansiado y necesario despegue de la ciudad.
Audacia, inteligencia y sensatez
En la Necochea actual abundan las necesidades. La irresolución, mezquindad e incapacidad de quienes la han gobernado y una cómoda despreocupación de buena parte de nuestra comunidad y sus fuerzas vivas, han amalgamado esta abúlica realidad.
Todo aquél que se postule para ocupar el sillón de Angel I. Murga en los próximos cuatro años debería tener un plan serio para estas importantes cuestiones a resolver que nos tienen sumergidos y avergüenzan: qué hacer con el frente marítimo, plan fundamental para el despegue, definitivo y de una buena vez; el casino, edificio que no soporta más su estado y sólo se escuchan voces como los hacedores de la “Torre de Babel” y el parque Miguel Lillo, lleno de concesiones y amiguimos, sobre unas tierras de incalculable valor frente al mar con un deterioro forestal con alto riego de vida de las especies setentonas; o cómo concretar la planta de tratamiento de residuos cloacales y la reparación del caño roto en el río que hace las veces de un colador, previo de la llegada de los efluentes al mar y así terminar con la inquietante contaminación ambiental sobre la costa quequenense.
Otros problemas no menos cruciales están a la espera de resoluciones, como ser el colapsado servicio de agua corriente, la modernización del sistema lumínico de la vía pública que data de la época de los años 60, el déficit habitacional; la repavimentación de la avenida 59 donde han resucitado los adoquines que se creyó en su momento que habían sido sepultados de por vida. La motivación para que sean creadas fuentes laborales y la reinserción de Necochea en el competitivo mapa turístico, con mejores atractivos, para que por ejemplo no tenga que seguir cerrándose hoteles con la consecuente pérdida laboral. Edificios que nadie quiere ni regalados y que son adefesios en pleno corazón de la Villa Díaz Vélez.
De todos estos cruciales temas en estas columnas se han volcado litros de tinta y hablado mucho desde hace mucho tiempo. Más todo queda en la retórica, las discusiones desvanecen las intenciones y las ideas terminan en nada.
Necochea está paralizada desde hace años, cuando en la costa bonaerense han surgido ciudades que hasta hace pocos años el lugar era sólo un arenal. Se ha transformado en una mera ciudad de servicios, donde sólo la creciente actividad portuaria y del campo, sacuden la modorra. Pero no alcanza para que arranque el motor del progreso. No hay incentivo de una ciudad que enamore para radicarse. Los últimos censos así lo demuestran.
Algunos de los puntos mencionados necesitan de gestiones en las órbitas de la Provincia o la Nación, lo que, aún enrolados en la misma fuerza política gobernante, no han sido fáciles o beneficiosas en las últimas administraciones para el distrito. Desde 1987 hasta el 2015 la provincia de Buenos Aires, salvo durante el período de la gestión radical 2003/2011, los gobiernos han sido del mismo embrión político que los intendentes que ocuparon el edificio de la calle 56.
En muchos casos habrá que convocar al capital privado, que obviamente deberá obtener réditos porque nadie invierte si no ve la rentabilidad del negocio, para que se cristalice en desarrollo importante, que defina el perfil de la ciudad para las futuras generaciones. Precisamente aquí es donde se debe contar con un Ejecutivo con valentía para tomar determinaciones, aún sean cuestionadas; audacia e inteligencia para proponer y lograr respaldos que hagan realidad sus planes.
Mayor responsabilidad
Amparados en el dogma democrático de que todos los ciudadanos tienen derechos iguales, no pocas personas se creen capaces de ocupar el máximo cargo ejecutivo de la ciudad, son conscientes de la responsabilidad que supone.
Sin embargo hay varias de ellas que no tienen en cuenta que ser intendente es más que un sueño o ilusión. Hay que prepararse con responsabilidad; interiorizarse a fondo de la realidad y necesidades de la ciudad; tener capacidad de diálogo con todos los sectores y entender las manías y momentos de la política y saber qué hacer.
Asumir y decir “ahora que hago”. Ser líder y tener una férrea personalidad. También hay que conformar un equipo de gobierno con gente capaz en cada área, dejando de lado el amiguismo y el nepotismo y no un plantel al que se le paga importantes sueldos con el dinero de los contribuyentes sin importar qué saben del área que toman a cargo.
Faltan dos meses y quince días para las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) que perfilarán el escenario para la contienda de octubre, de la cual surgirán quienes conducirán los destinos del país, y en el caso que nos concierne la municipalidad.
Y si bien no se trata de mucho tiempo, salvo alguna excepción, los precandidatos a la intendencia hoy solo están pendientes de lo que se “cocine arriba”, en un panorama enturbiado y confuso.
Luego llegará la confección de las listas para las PASO, que deberán presentarse hasta la medianoche del 22 de junio. Nos espera hasta entonces una danza de nombres, rumores y negociaciones de quienes estén en el mundo de la política o pretenden ingresar al mismo. Necesarias para los aspirantes de los distintos partidos, pero lejos de las reales necesidades de la mayoría de la sociedad.
Por ahora acompaña el silencio en los precandidatos en cuánto a qué harán para sacar a Necochea de este pantano. Y la castigada sociedad espera y debe exigir más de ellos. Está harta de observar cómo se usa la política para conseguir notoriedad y un cargo que nutra económicamente necesidades individuales de los protagonistas y sus adláteres, quedando en el olvido las promesas electoralistas mientras tanto la ciudad quedará detenida en el tiempo con imágenes de una película en blanco y negro.///