Parte de la historia de Costa Bonita
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Jacinto Iannarelli llegó a la Argentina a los seis meses. Junto a su familia fue uno los primeros habitantes del balneario. La primera escuela funcionó en su casa y por él
Por Juan José Flores – Redacción
Jacinto Iannarelli nació en Italia y llegó a la Argentina a la edad de seis meses en el vapor Santa Cruz. Su padre había venido al país poco tiempo antes, buscando escapar de la crisis de la posguerra. Aquí comenzó a trabajar en una fábrica de soda en Sarandí.
Un día la familia fue a pasear a la Capital y durante la recorrida pasó frente a una inmobiliaria que anunciaba un loteo en un lugar llamado Costa Bonita.
Iannarelli padre decidió comenzar a pagar un terreno a fin de construir su casa, pero pronto aquella compra derivó en una propuesta laboral. Lo invitaron a él y sus cuñados a conocer el paraje y a trabajar en la construcción del proyecto.
Fue así como los Iannarelli no sólo estuvieron entre los primeros habitantes del balneario, sino que también fueron quienes tuvieron a su cargo muchas de las primeras construcciones.
Jacinto explicó que su padre y sus tíos “construyeron las primeras cuatro casas de Costa Bonita”.
Parte de la historia
Hoy, a los 70 años, Jacinto es el residente más antiguo del balneario Costa Bonita y además de conocer la historia del lugar, es parte de ella.
Su hermano Marcos, ya fallecido, fue el primer niño nacido en la localidad balnearia.
Mientras que Jacinto estuvo directamente vinculado a la creación de la primera escuela del balneario.
Cuando llegaba el momento para que él empezara sus estudios primarios, su padre comenzó a hacer gestiones para que se abriera una escuela en Costa Bonita.
Jacinto inició el primero inferior en la Escuela 16 (hoy 40) de Quequén y luego se pasó a la 5 (la actual 31). Pero su padre estaba decidido a que su hijo no tuviera que trasladarse hasta Quequén para estudiar y logró finalmente que se habilitara un establecimiento escolar.
Cuando finalmente se nombró a los docentes, ante la falta de edificio, los Iannarelli cedieron el living de su propia casa para que las clases comenzaran allí.
Corría el año 56 y el padre y los tíos de Jacinto trabajaban en la obra de construcción de la hostería yen varios chalecitos.
El primer comercio
Un año antes, mientras cientos de turistas llegaban de la Capital Federal y otros lugares del país para disfrutar de la belleza de Costa Bonita, también surgieron las primeras necesidades de infraestructura del pequeño balneario.
Ante la falta de almacén, el padre de Jacinto salía con un carrito a vender mercadería de primera necesidad en la playa.
Sin conocer el oficio de comerciante, Iannarelli padre comenzó a viajaron todos los días a Quequén y Necochea en busca de mercadería para revender y pronto, impulsado por los propios turistas, decidió poner un almacén, que fue el primero del pueblo.
“Mi papá llevaba verduras a Necochea, las vendía y con eso compraba mercadería para vender en Costa Bonita”, recordó Jacinto.
Volver a la costa
Pero la forma de vida durante muchos años llenó de felicidad a Jacinto, comenzó a cambiar en 1989, cuando falleció su madre.
La familia decidió comprar una casa en Necochea, instalar un comercio en la Villa Díaz Vélez e instalarse aquí.
La muerte del padre de Jacinto en 1994 y de su hermano en 2000, lo llevaron a una difícil situación personal y económica y lo pusieron en una encrucijada.
Alejado de su pueblo, Jacinto no dudaba en irse en bicicleta hasta Costa Bonita, para no extrañar tanto.
Finalmente, en 2005 volvió a instalarse en el balneario. Si bien Costa Bonita ya no tenía las playas que alguna vez por el que le pusieron el nombre, Iannarelli estaba decidido a no volver a dejar el que considera su lugar en el mundo y su hogar.
“En el 58 venía gente de todos lados y entre el 60 y 80 fue la época de esplendor de Costa Bonita. Después por la erosión perdió la playa, pero el verano pasado volvimos a tener arena”, dijo Jacinto entusiasmado con las posibilidades turísticas del pequeño balneario para el próximo verano.///