Parte de nuestra historia
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Esta semana que pasó se recordó el 93° aniversario del Puente Colgante “Hipólito Yrigoyen” y, unos días antes, se celebraron los 91 años del Teatro París. Ambas estructuras forman parte del patrimonio histórico y cultural de la ciudad y, sin duda, son atractivos para ver, conocer y admirar.
En el caso del Puente Colgante, si bien siempre tiene algunos detalles para corregir como, por ejemplo, luces quemadas, en líneas generales se encuentra en condiciones. Hace unos 10 años se hizo una importante obra de refacción para revalorizar la estructura, que es un símbolo de la unión entre Necochea y Quequén.
Tanto de día como de noche es bellísimo y, cuando tiene toda su iluminación a pleno, se convierte en una postal más que interesante, sobre todo para quienes lo ven por primera vez.
Hace unos días, el grupo de danzas Añoranzas recordó su inauguración, el 21 de julio de 1929, con una fotografía de numerosas personas vestidas de época, que se tomó en la entrada del puente, recreando aquel momento histórico. Esta pequeña iniciativa demostró lo importante que es preservarlo no solo por su belleza arquitectónica sino porque forma parte de nuestra historia e identidad. Lamentablemente, el resto de los puentes no corren la misma suerte: el Ezcurra se cayó durante la inundación de 1980 y nunca se reconstruyó y el Dardo Rocha está a la espera de una obra de refacción que nunca llega y mientras tanto se sigue viniendo abajo.
En el caso del Teatro París, la Sociedad Francesa, fundadora del edificio el 14 de julio de 1931, siempre lo ha mantenido en condiciones, ya sea por su propia acción o a través de un privado. Particularmente, en este 91° aniversario, se vio la sala recién pintada, impecable y, sobre todo, con mucha actividad. El lugar sigue siendo un emblema de la cultura con una nutrida cartelera de espectáculos durante todo el año y con proyectos renovados, como puede ser la apertura de un café prevista para el próximo mes. La fachada siempre intacta, imponente, bien iluminada llama la atención de quienes transitan por la avenida 59 y así tiene que seguir siendo.
En esta misma línea, el año pasado cumplieron 100 años el ex Colegio Nacional, por un lado, y el Faro de Quequén, por otro. En ambos casos, podemos enorgullecernos porque las estructuras son parte del patrimonio histórico del distrito y aún pueden contemplarse y hasta sorprender a quienes nos visitan. A veces el mantenimiento que, en este caso, está a cargo del Estado no se hace con la periodicidad que se debiera, pero por lo menos en el caso de la escuela, sus autoridades siguen de cerca el estado del edificio e insisten ante cada deterioro para que se solucione en lo inmediato.
Es para destacar el rol que cumple el Estado –cunado hace bien las cosas-, las entidades y los privados, en el mantenimiento de este tipo de monumentos o edificios que hacen a la historia de nuestra ciudad. No solamente porque los conservan en el aspecto estructural sino también porque hacen que se siga cumpliendo la función para la cual fueron creados, pero aggiornados a los tiempos que corren, lo que significa que no se quedan en el pasado sino que acompañan el presente y, principalmente, siguen mirando hacia el futuro.///