Pasión por la gastronomía y tributo a la cultura danesa
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Nina Andersen. Cocina desde hace más de 40 años y siempre estuvo vinculada a sus raíces
Por María Cecilia Gotta
Redacción
Desde muy joven Nina Andersen se mostró interesada en la gastronomía y hoy es una apasionada en lo que hace, además de rendir tributo a la cultura danesa a la que siempre estuvo vinculada por sus raíces. Siendo jovencita en los veranos trabajaba de moza o de ayudante de cocina, pero se daba cuenta que eso no era suficiente sino que tenía que estudiar, perfeccionarse y capacitarse. Luego se terminar el secundario en el Colegio Nuestra Señora del Rosario, decidió realizar una pasantía en Dinamarca, el país de origen de sus ancestros y de aquella época tiene los mejores recuerdos. “Esa fue una experiencia increíble, estuve dos años y medio y estudié la elaboración de sándwiches daneses, mesa fría, entre otras cosas”, afirmó y recordó la anécdota de su primer día cuando llegó al hotel Mercur donde iba a trabajar y la estaban esperando. “Fui sola, viajé en 1979, me alojé en la casa de una amiga de mi mamá y cuando llegué al hotel para trabajar nadie me daba importancia y si bien yo les explicaba que tenía una pasantía de cocina, todos estaban mirando la puerta de entrada porque venía una argentina, y yo con mi nombre Nina Andersen, nunca pensaron que yo era esa persona a la que esperaban. Asique me daban ganas de irme porque el recibimiento no fue de lo mejor y cuando llegó otra chica también por su pasantía se empezaron a preguntar cuándo llega la argentina, es decir, ellos esperaban a alguien más morocha y cuando se dieron cuenta que era yo, no podían entender”, señaló.
Nina también concurría a un colegio para aprender la teoría de gastronomía y tenía vacaciones con su trabajo y cuando terminó de estudiar tenía dos posibilidades de trabajo pero su deseo de estar cerca de su familia fue más fuerte ya que extraña mucho.
Ella mencionó que siendo muy chica siempre estuvo añorando a la familia porque a los diez años sus padres la dejaron como pupila a una escuela, luego en la secundaria fue similar porque ella se trasladó a Necochea y vivía en pensiones, pero sus padres se quedaron en el campo, o sea que no se veían seguido, y con los años empezaron a llegar sus otros hermanos para estudiar y se hacían compañía y ahí alquilaron una casa para todos. “Todo el tiempo estuve lejos de ellos y por eso vivía eternamente añorando, por eso no dudé en volver a Argentina, más allá de que tenía a unas primas de mi mamá que me trataron muy dulcemente, las diferencias de costumbres estaban marcadas”, aseguró.
Mientras estuvo en Dinamarca conoció este país, Noruega, viajó y recorrió y al regresar a Necochea su papá la ayudó a abrir su primer restaurante que estaba en la Galería Centenario. “Se llamaba El rincón danés “Ingustinus”, que era el nombre de mi bisabuelo y fue furor, cuando se abrió era la novedad de los manteles en las mesas, y estaban los sándwiches daneses y tortas”, detalló.
Amistad
Al día de hoy Nina recuerda a todas las personas que trabajaron con ella y con muchos mantiene un vínculo de amistad. “A lo largo de mi vida han pasado cerca de 120 empleados y tengo buenos recuerdos de todos ellos, porque se trabajaba mucho y nos divertíamos mucho, yo también era chica como ellos”, dijo.
Nina tiene una larga trayectoria, trabajó en el Club Danés de Necochea, en el Club Danés de Buenos Aires, también tenía un local llamado “Vanneskha”, y de esta forma la gastronomía y las raíces danesas siempre fueron de la mano.
De su experiencia en Buenos Aires apuntó “me gustó mucho, lo disfruté porque son muchas las posibilidades que ofrece”.
Al momento de consultarle sobre su lugar en el mundo manifestó “soy de la idea que el lugar en el mundo de uno es donde estas en ese momento sino siempre estas triste, añorando lo que no tenés”.
RETRATO
Familia unida
Nina es nacida en Necochea, la primera hija de un matrimonio de dano-argentinos. Sus abuelos vinieron de Dinamarca y una de sus abuelas era bebé cuando llegó a Argentina.
“Mi abuela por parte de mi mamá era maestra y ella fue contratada por una familia de buen pasar danés que necesitaba mantener el idioma y la escritura y por parte de mi padre vinieron porque estaban en la miseria, habían perdido todo”, indicó.
Antes los matrimonios solían tener muchos hijos y por parte de su padre eran diez hermanos, por eso Nina confirmó “somos una familia grande los Andersen y los Christiansen”.
Su mamá tuvo seis hijos, “uno de mis hermanos vive en Dinamarca y el resto estamos en Necochea”, añadió.
Nina nunca se casó pero cuando estaba por cumplir 40 años, estaba decidida a ser madre y asi fue que adoptó a dos hermanos de 5 y 6 años, Ismael y Soledad.
“Hoy con las vueltas de la vida estoy con Soledad criando a la hija de mi hijo y su hermana y trabajamos juntas en la cocina. Mi hijo fue papá muy joven y mi nieta tiene 9 años”, relató.
Otra de las cosas que le gustan mucho a Nina es viajar y pudo hacerlo cuando eran más joven con una prima suya. “Cada una trabajaba por su lado y luego nos íbamos de viaje, recorrimos el norte y el sur de Argentina”, recordó. ///