Peligrosa irresponsabilidad
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Si bien se trata de una conducta que viene desde hace años, los cambios generacionales han potenciado la inmadurez e irresponsabilidad de buena parte de nuestra sociedad, a la hora de cumplir con las normas de todo tipo.
Burlar las indicaciones, aún las que sirven de propia protección, ha pasado a ser una costumbre que no tiene sustento alguno desde lo racional, y que en el caso del tránsito queda expuesta cuando se produce un accidente y ya es tarde.
La introducción viene a cuenta con una preocupante conducta que viene en aumento en Necochea: la detección en operativos de conductores de vehículos que guían a los mismos tras haber ingerido bebidas alcohólicas en un grado superior al permitido.
Hasta hace un tiempo los casos de alcoholemia se descubrían solo en operativos nocturnos, pero ahora se detectan a cualquier hora del día, y por lo tanto con mayor circulación vehicular, lo que potencia la posibilidad de accidentes, con consecuencias que pueden ser realmente lamentables.
Este comportamiento de tomar más de lo debido y ponerse al frente de un volante es quizás la mayor imprudencia que se percibe en el complicado tránsito de nuestra ciudad.
Sin embargo no le van en zaga otra serie de incumplimientos y faltas a saber: manejar hablando por celular o mandando mensajes de texto; sin las luces reglamentarias; pasar los semáforos en luz roja; viajar en moto sin usar el casco obligatorio o estacionar en doble fila.
Ni que hablar con la “ley de la jungla” en la que se ha transformado el circular por las calles de la ciudad, donde prima la excesiva velocidad y en las esquinas no se respeta el paso del que va por la derecha.
En esta irrespetuosa acción para con el prójimo hacen notar su “poderío” quienes conducen camiones o el más que abundante parque de camionetas 4×4, que avasallan en sus desplazamientos, como si tuvieran algún privilegio o permiso especial por andar en rodados más portentosos.
Es común responsabilizar de esos comportamientos a la falta de control por parte del municipio, que en alguna medida es cierto. Pero cualquier número de inspectores resulta insuficiente para controlar semejante desmadre en el que muchos hacen lo que les viene en gana.
Entre las transgresiones que se observan comúnmente, por estas noches se repite el estacionamiento de decenas vehículos en la plazoleta central de avenida 58, entre 63 y 65, donde existen dos clubes y las reuniones sociales son frecuentes.
Tal instalación de rodados, obviamente en un lugar indebido, no solo deteriora el piso, sino que los automovilistas que tienen que atravesar la avenida por calle 65 en sentido hacia el mar, ven tapada su visual de los autos que puedan venir por la 58 hacia la plaza Rocha. Los mismos deben hacer malabares y no es de extrañar que un día de estos se produzca un accidente del que seguramente quienes permiten que se estacionen vehículos en las plazoletas no se harán cargo.
Como telón de fondo de esta serie de anomalías que alimentan una inconducta general, siempre resalta la falta de educación. Es que la transmisión de valores es la manera de que cumplir con las reglas ciudadanas sea algo normal y no raro o “poco piola”. Solo así se podrá crecer como sociedad y no vivir constantemente en vilo.///