Pensar ya en la próxima temporada
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Cuando Angel I. Murga y sus seguidores fundaron, hace 138 años está ciudad de Necochea, lo hicieron con la mirada puesta en la tierra negra el maravilloso y fértil humus con lo que se ha privilegiado nuestro suelo e impusieron como nombre epónimo Necochea, en recordación al general Mariano Necochea, héroe de la independencia nacional. En aquellos años, sólo se pensaba en cultivar la tierra y estaba muy lejos el movimiento turístico y de recreación que hoy convoca a la sociedad en general.
Poco después, en 1885, el vasco Julián Azúa, tal vez, añorado aquel mar Cantábrico que lo había visto nacer, instala el primer balneario en 87 y 2 que llamó “La Perla del San Sebastián Argentino”.
Hace diez años atrás, en una reunión llevada a cabo en la Capital Federal en la Casa de la Provincia de Buenos Aires se presentó el proyecto de remodelación del frente costero, que con el apoyo del bloque oficialista del Concejo Deliberante. El mencionado proyecto, previamente había tomado estado público aquí con una puesta en escena similar.
Amén de los reparos que pudo merecer la idea, referidos a la remodelación del frente costero hay que destacar de igual forma, que primó el consenso que algo había que hacer. Ya se advertía que, el mini frente que presenta hasta hoy la avenida 2, de 75 a Pinolandia necesita un reacomodamiento y modernización.
El abuso generado en el transcurso de los años con relación a construcciones sobre la arena, no admite discusión. Hay una variedad de obstáculos, muchos de ellos aberraciones, que dificultan la vista al mar el principal actor de una ciudad que, como la nuestra pretende tener cada vez más réditos turísticos.
El espectáculo gratuito que ofrece la majestuosidad del Mar Argentino no merece seguir oculto detrás de ladrillos, muros, abandonadas canchas de paddle o de un insólito terraplén y aún más, de los mismos médanos forestados a lo largo de la avenida 2 en dirección al oeste. El desarrollo natural, y así lo marca la preferencia del público es hacia Las Grutas.
Hacia el lado opuesto, está el puerto proyectándose en la actualidad con su natural crecimiento y la Central Termoeléctrica, con la constante emisión de vapores y frecuente venteo, el que suele generar un ruido por demás insoportable.
Si pretendemos ser una ciudad de atracción turística de todo el año, como se señaló en aquella y olvidada reunión capitalina, que sólo quedó en una expresión de deseos y que hoy, no es del caso analizar, se debe comenzar por ponderar el atractivo principal con que nos bendijo la mano de Dios: el mar que baña una playa de dimensiones envidiables en toda la costa atlántica.
Publicidad y marketing
Por otro lado, desde el Entur en toda ocasión que sea posible se quiere imponer la “marca Necochea”, así también fue dicho en aquel oxidado encuentro realizado en la Casa de la Provincia.
Para esto sólo hay una fórmula, una intensa campaña de publicidad en distintos y tradicionales medios de las principales ciudades del país, diarios, radios, TV y vía pública, dónde no se puede dejar de lado a Buenos Aires, porque es el principal centro emisor de turistas para la costa en verano.
Más allá de la originalidad o creatividad de las piezas que se puedan pautar y de la inversión que debería ser muy importante, con aporte estatal y privado, profesionales del marketing y publicidad han señalado lo difícil que es imponer la marca “Necochea”, tal como suena. Criterio que se puede compartir o no, pero digno de tener en cuenta. Fonéticamente no genera ninguna visión a convocatoria turística ni conlleva a soñar “en una playa junto al mar”.
La costa argentina se ve poblada de ciudades o centros de veraneo con nombres inspirados sobre el mítico reino de Poseidón, el sol o la arena. Desde la Perla del Atlántico, Mar de Plata; siguiendo por otros muchos más: Pinamar, Mar de las Pampas, Las Toninas, Costa Bonita, Monte Hermoso, Las Grutas, Mar Azul, por sólo nombrar algunos.
Concebir e imponer, publicitariamente, un sugestivo nombre propio “como marca registrada” bautizando con éste a nuestras playas para que, de allí en más, con sólo mencionarlo conlleve al placer de imaginar las vacaciones, sería suscribir como fresca y juvenil la centenaria visión histórica del mismo vasco Azúa.