Pequeños grandes gestos
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En la agitada vida diaria de una comunidad hay algunas acciones de vecinos que suelen pasar desapercibidas, a veces por ignorancia y en otras por no apreciar gestos que en alguna forma ayudan o mantienen valores.
La reflexión viene a cuento para resaltar la labor, que lleva adelante desde hace no menos de dos décadas la vecina Stella Maris Royo, quien con esfuerzo se ha encargado de confeccionar numerosas banderas argentinas, para izarlas y arriarlas, primero en el mástil de la plaza interior del Parque Miguel Lillo, y desde hace unos años en el que está ubicado en la plazoleta de avenidas 10 y 91.
Sin pedir colaboración, gastando de su bolsillo sin siquiera tener una posición económica holgada, esta señora ha acometido su altruista actitud en pos de mantener en alto el amor a la enseña patria, uno de los símbolos que nos da identidad como país.
Haga frio o calor, Royo se toma el trabajo de impulsar a lo alto del mástil la enseña patria y bajarla al fin del día.
El pasado martes, con motivo de una nueva celebración del Día de la Bandera, la vecina presentó su nueva obra: un paño albiceleste de 7 metros de largo por 4,5, que recibió el homenaje de varias personas, entre ellas integrantes de agrupaciones tradicionalistas, en un acto que tuvo emotivos pasajes, con lágrimas de agradecimiento y orgullo de la protagonista.
Estas vivencias que lleva adelante Stella Maris Royo, cobran sentido en estos días de desapego a cuestiones que tienen que ver con la patria. El suelo en el que vivimos y su historia.
Este accionar contrasta con la apatía, lamentablemente cada vez más acentuada, de no lucir en los frentes de reparticiones públicas la enseña nacional y cuando lo están se ven deshilachas y descoloridas, o en casas particulares ornamentadas con banderas en las fechas patrias, fundamentalmente el Día de la Bandera.
Ni que decir con la desidia generada desde la propia Municipalidad al no renovar por semanas la bandera de la plaza San Martín, en la Villa Díaz Vélez o la que flamea “deshonrada”, por su estado, casi siempre en el monumento al general San Martín
Ya hemos citado en esta columna la llamativa costumbre de embanderarse cuando se juega un mundial de fútbol. Un signo de inmadurez, porque no se “sienten” de la misma manera los colores nacionales en otras ocasiones más acordes.
Los gestos de la vecina Royo parecen una “isla” en el espíritu de la sociedad local, aunque felizmente hay algún otro ejemplo como el de Oscar Calatrava, que por años cada noche se abocó a encender las llamas votivas del monumento al general José de San Martín, en 59 y 38.
En diálogo con Ecos Diarios, Stella Maris Royo mostró su pena porque pese a que recorre escuelas para fomentar en los niños y jóvenes la empatía con la bandera y les trasmite sus sentimientos, no encuentra quien la acompañe en su “misión” y mucho menos que se avizore como su reemplazante, en virtud que se siente algo cansada por el paso de los años.
Sería interesante que los educadores ayudaran a difundir estos ejemplos ciudadanos, porque en definitiva se trata de gestos que merecen imitadores. Sería una forma de no seguir perdiendo nuestra identidad. Quizás el valor más valioso como ciudadanos argentinos.