Pionero y uno de los primeros ganaderos de la región
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Juan N. Fernández compró 13 leguas de campo en el recién creado partido de Lobería en 1839. Fue uno de los fundadores de la Sociedad Rural Argentina.
El domingo pasado el partido de Lobería cumplió 183 años. La fecha quedó opacada por los festejos navideños, sin embargo, la historia reconoce la importancia de la creación de este distrito en la época de las campañas al Desierto.
Fue por orden del gobierno provincial que en 1839 el coronel Narciso del Valle creó el inmenso partido de la Lobería Grande. Gobernaba Juan Manuel de Rosas y si bien el territorio provincial era pequeño en comparación con el actual, se pretendía dominar una enorme superficie superior a la actual Patagonia Argentina.
En aquellos años uno de los primeros pobladores del partido de Lobería fue Juan Nepomuceno Fernández, un pionero de la ganadería cuyo nombre lleva hoy la principal localidad del interior de nuestro distrito.
Trabajo duro
Poco se sabe de la infancia y juventud de este pionero. Nació en Buenos Aires el 17 de mayo de 1798. Era el único hijo del español Manuel Fernández y de la porteña María Josefa Chávez Arroyo.
Juan Nepomuceno fue educado en el Colegio de San Carlos y se supone que en la juventud que estuvo dedicado al comercio.
A los 32 años, el 12 de junio de 1830 se casó en la iglesia de San Ignacio con su pariente Josefa Coronel Fernández, de 19 años. A pesar de la diferencia de edad, la pareja tuvo cinco hijos.
Y antes de cumplir los 40, hacia 1839, Fernández adquirió trece leguas de campo en el recién creado partido de Lobería Grande.
El hombre pobló las tierras de ganado y le fue bien, porque en 1847, adquirió otras 19 leguas.
A estas tierras habría de agregar en 1867 otras 6 leguas más, completando de ese modo 95.000 hectáreas pobladas por hacienda criolla.
La empresa no fue fácil, ya que a las convulsiones políticas de la época se agregaban las invasiones de los indios y los ataques a la hacienda de los pumas y las jaurías de perros cimarrones.
Fernández fue uno de los ganaderos pioneros en el refinamiento de las razas. Fundó la cabaña Manantiales en 1856, en Chascomús, una de las primeras establecidas en nuestro país.
Aquel emprendimiento se inició con un plantel importado de dos toros y cuatro vacas Shorthorn, llevando el mismo un registro de la producción del establecimiento.
Un reconocimiento
A excepción de un breve paso en 1855 por la Comisión de Aduanas de Buenos Aires, Juan N. Fernández no actuó en la función pública.
Pero siempre estuvo interesado en la actividad privada, para “promover por todos los medios posibles” la mejora de los pastoreos y los rodeos.
Y fue uno de los 13 productores que el 10 de julio de 1866 fundaron la Sociedad Rural Argentina.
Dos hijas de Fernández, Teodelina y Juana Adelia, se casaron con dos hijos del general Carlos de Alvear, Diego y Emilio.
En tanto, Josefa lo hizo con José Toribio Martínez de Hoz; por lo que la cabaña “Chapadmalal” se fundó con planteles puros de “Manantiales”, lo mismo que la de su nieto Camilo Emilio de Alvear, según lo consigna Vicente Osvaldo Cutolo.
A la muerte de don Juan Nepomuceno sus hijos continuaron la tradición rural.
Pero fue una de sus hijas la que permitió que Juan N. Fernández sea recordado aún en la actualidad.
Josefa Fernández, viuda de Martínez de Hoz se casó en segundas nupcias con el militar portugués Juan Fonseca de Vaz, conde de Sena.
Conocida como la Condesa de Sena, el 28 de marzo de 1909, Josefa remató 1000 hectáreas de su campo para la construcción de un pueblo en el norte del partido de Necochea.
Así surgió el pueblo de Juan N. Fernández, que en la primera mitad del siglo XX se convirtió en una de las localidades más pobladas del distrito.///