Planificar una ciudad con infraestructura “amigable”
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El acceso al transporte, falta de rampas y veredas en mal estado constituyen una barrera para los adultos mayores
En tiempos en que se promueve una mayor actividad entre los adultos mayores, la ciudad ofrece una serie de barreras que dificultan su normal desplazamiento y, en muchos casos ponen en riesgo su integridad física.
El simple hecho de subir un cordón, caminar por las veredas, intentar acceder a edificios públicos o viajar en colectivo, así como cruzar mientras el semáforo habilita el paso peatonal, son titánicas hazañas para quienes presentan alguna dificultad para caminar, usan bastón o se movilizan en silla de ruedas.
En las calles de la zona céntrica se han dispuesto rampas, algunos automovilistas hacen caso omiso a su presencia y utilidad, por lo que para mejorar la calidad de vida de la comunidad es necesario revisar la ciudad que tenemos, porque hay una gran franja de ciudadanos con problemas para desplazarse.
Cuando los adultos mayores comienzan a tener dificultades funcionales, con problemas para caminar, las calles y las veredas son una gran barrera pero también se encuentran con limitaciones estructurales urbanísticas, con edificios públicos, el municipio y el Centro Cívico. Son los más emblemáticos y tendrían que disponer de una silla montaje o un ascensor porque sus escaleras limitan a muchos.
En la República Argentina, en 1994 se sancionó y promulgó, la Ley N° 24.314, que trata sobre la «Accesibilidad de personas con movilidad reducida». En el «Capítulo IV: Accesibilidad al medio físico», en sus artículos 20, 21, 22, se trata la supresión de barreras físicas en los ámbitos urbanos, arquitectónicos, y el transporte público.
Adaptación
A pesar de contar con una norma y ordenanzas, en nuestro medio poco se ha avanzado al respecto, y se puede citar como paradójico ejemplo la oficina de PAMI en la que hace alrededor de un año se instaló la rampa, siendo que se trata de una institución que atiende a los adultos mayores y debían acceder por una escalinata.
En contrapartida, instituciones bancarias, escuelas y otras dependencias se han adecuado a la ley pero hay mucho por hacer en lo que se refiere al transporte público. No hay micros urbanos ni de larga distancia, adaptados para subir con sillas de ruedas, y los ancianos la pasan mal cuando tienen que ascender y el transporte estaciona lejos del cordón.
Otro aspecto para tener en cuenta es el tiempo de los semáforos, una persona con su movilidad disminuida no llega a la otra vereda sin que se habilite el paso de los vehículos.
Y a la ausencia de una infraestructura amigable, se suma la falta de respeto de los automovilistas que no dan la prioridad del peatón, aunque se trate de un adulto mayor, embarazadas o niños.
La ciudad no está adaptada para que las personas de la tercera edad se movilicen y realicen actividad física, porque las barreras arquitectónicas son causa de accidentes que se podrían prevenir y ahorrar gastos en salud.
Obstáculos
A cierta edad la artrosis de cadera o rodilla hacen más lento el andar y las veredas rotas, cordones de calles de gran tamaño, la poca accesibilidad al transporte público representan los principales obstáculos, aumentando el riesgo de caídas y potenciales fracturas de hombros, muñecas, cadera, rodilla y tobillos. Lesiones que demandan largo tiempo de recuperación y, en algunos casos, requieren cirugía.
Algunos ancianos salen acompañados de un cuidador y ellos tienen que lidiar para trasladar la silla de ruedas o prevenir las caídas de los que usan bastones, porque una baldosa que sobresale es una trampa.
El adulto mayor es vulnerable, y hay que tener en cuenta que, por lo general, se cae porque se quiebra porque sus huesos están debilitados pero también encuentra innumerables obstáculos, sumado a que la gente no respeta su andar y, por adelantarse, puede hacerlos perder el equilibrio.
Pensar una ciudad inclusiva es un programa a largo plazo y que contempla muchas aristas, cierto es que en muchos locales y oficinas son accesibles, pero aún falta un largo camino y los adultos mayores luego de una caída, que puede acarrear una quebradura, sienten temor de volver a la calle.///