Plantar un árbol, escribir un libro y pasar la cuarentena
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Muchos aprovechan este tiempo de encierro para llevar adelante aquel sueño postergado por falta de tiempo, aprender algo nuevo, escribir un libro, desarrollar un oficio o crear algo para compartir con los amigos cuando todo vuelva a la normalidad
A mediados de marzo la vida cambio definitivamente para la mayoría de los argentinos. Desde hace un mes muchas personas no han salido de su casa y otras sólo salen una o dos veces por semana para comprar los elementos esenciales para sobrevivir en el encierro.
Sin poder trabajar, limitados a la extensión de un mínimo departamento o una casa con patio, los primeros días transcurrieron tal vez entre series de televisión y películas vía streaming, redes sociales y videoconferencias.
Pero después la rutina desdibujada de los días iguales y sin horarios, llevaron a muchos a pensar: ¿Y ahora qué?
Mientras en el exterior las medidas se hicieron cada vez más restrictivas, muchos optaron por tomárselo con calma y pensaron que tal vez era hora de probar algo distinto. Tal vez concretar ese sueño que por cuestiones de tiempo nunca pudieron llevar adelante, hacer ese arreglo que se venía postergando, aprender algo nuevo…
Ahora que lo que sobra es tiempo, por qué no disfrutar cada momento en vez de sufrir porque parece haberse detenido y no se sabe cuándo se acabará la cuarentena.
Los músicos
El músico Gustavo Sunino sigue activo en las redes sociales, donde ha creado un “fogón” virtual en el que comparte payadas con sus amigos de Facebook.
Su caso no es el único. Otros músicos locales como Fernando Limbatto, Nelson Lucero y Marcela La Battaglia han aprovechado la coyuntura para lanzarse a realizar conciertos a través Facebook o Instagram, una tendencia que se registra en prácticamente todo el mundo.
Sin embargo, Sunino no se ha quedado solo con los conciertos virtuales, también ha aprovechado el tiempo libre que le deja la cuarentena para disfrutar de su casa en Bahía de los Vientos.
“Aproveché para hacer quinta y tengo un criadero de gallinas, ponedoras y de campo”, dijo orgulloso y envió varias fotos donde se lo ve con sus aves de corral.
Por otra parte, no deja su veta de profesor de rock. “Estoy pasando clases de guitarra vía Whatsapp”, explicó.
Y tampoco ha dejado de componer. Por ello afirma que su “parate” está siendo “muy productivo”.
Otro que no se queda quieto con respecto a su labor docente es Juan Carlos Gesualdi, quien dijo que sigue dando “clases de música online para mis alumnitos, algo impensado para mí”.
Vida de jardín
Muchos se han volcado al jardín de sus casas, espacio en el que habitualmente, por cuestiones laborales y de rutina no pasan mucho tiempo.
Silvana Arru se arremangó y decidió ponerse a trabajar en la construcción en el fondo de su casa. “Me hice un horno de barro, y aprovecho la cuarentena para ir tomándole la mano, así cuando todo termine poder disfrutarlo con familia y amigos”, aseguró y envió fotos no sólo del horno, sino de los panes que ya elaboró dentro del artesanal construcción.
Mientras tanto, el comerciante Néstor Ortiz, que por lo general en situaciones normales suele estar en su negocio de la calle 62 de lunes a sábado por la noche, ha decidido explotar al máximo el amplio terreno de su propiedad.
Dice que por estos días podría decir que se ha recibido de carpintero y agricultor agroecológico.
Trabaja en su huerta familiar, hace pan de masa madre y además lee bastante: divide su tiempo entre el libro “El Fin de la Infancia” y la saga de comics “Batman, Último Caballero de la Tierra”.
Y en los ratos que le quedan libres, hace de “ayudante de profesor de secundaria con los deberes de la escuela”.
Alicia Fermín se lo toma con más calma y aprovecha para despuntar su pasión por la jardinería. “Mi jardín agradecido con la cuarentena”, explicó.
Tiempo al tiempo
Y mientras tanto, otros aprovechan el encierro para llevar adelante alguna tarea largamente postergada o un proyecto soñado.
Oscar Zubia, comerciante e hincha de San Lorenzo, aprovechó estos últimos días para realizar tareas de mantenimiento hogareñas. “Estoy pintando el balcón y las macetas. Tengo orden de pintar todo lo que no se mueve”, bromeó.
Mientras tanto, el fotógrafo Gastón Pérez Carrizo optó por la creatividad. “Yo empecé un diario de cuarentena hace varios días que se puede leer en mi página Tonga Ramone y también empecé a tocar la armónica”, afirmó.
Por su parte, Lucia Arribas, una necochense que vive en Francia hace años y tiene una empresa que se dedica a ofrecer servicios de asistencia técnica para oradores, puede disfrutar más de sus hijos.
Algo que para personas menos ocupadas parecería normal, para ella es algo excepcional, como “darle las clases de la escuela en mi casa a mis hijos”.
Por otra parte, no deja de organizar algunas teleconferencia sobre meditación para despuntar el vicio del trabajo.
Aunque hay algunas personas, como Oscar Horacio Hernández, que siguen con la rutina diaria. Este mecánico de maquinaria agrícola y agromodelista, es el único habitante de Lumb.
“En el campo la vida es normal, siempre se trabaja. De aquí es de donde salen los alimentos para matar el hambre, sin distinción de religión o raza”, dijo Oscar.///